Antonio Jorge Meroño, Número 75
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Agota Kristof: Sobre ‘Claus y Lucas’, la lucha por la libertad

 Por Antonio J. Meroño. Viernes, 28 de abril de 2017

Antonio Meroño

La peripecia humana e intelectual de Agota Kristof es significativa del horror de los enloquecidos totalitarismos del siglo veinte. Nacida en Hungría en 1936, conoció tanto la ocupación nazi, de niña, como el dominio soviético, de adolescente. Huyó a Suiza en el mismo 1956, cuando los tanques de Kruschev (claro, ese reformista, el hombre que quiso humanizar el comunismo, ¿verdad?), entraron a sangre y fuego en su país natal ahogando un levantamiento popular que buscaba la libertad y la dignidad.

Su novela Claus y Lucas está dividida en tres partes: El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira. La primera parte, El gran cuaderno, narra cómo una madre, a finales de la Segunda Guerra Mundial, lleva a sus hijos a vivir con su abuela a una granja para alejarlos del peligro de la ocupación nazi. La abuela les enseñará a sobrevivir en tan duras condiciones: la escritura es seca y dura, con frases cortas, con escenas que se hacen insoportables para el lector. Esos dos inseparables hermanos se hacen hombres en poco tiempo, aprenden a defenderse, a sobrellevar la vida en condiciones tan extremas.

En la segunda parte, La prueba, los hermanos se separan. Uno de ellos cruza la frontera, mientras el otro se queda solo con una mujer y su hijo adoptivo. El padre, que había sobrevivido a la guerra y aparecido por casa de la abuela, muere al intentar cruzar la frontera. Claus vuelve, y nos enfrentamos en el final de esta segunda parte y toda la tercera a un cruce entre realidad y ficción donde nada es claro y el lector vaga desorientado pero envuelto en una experiencia rica, indispensable, un reto, estamos ya en un país cambiado donde nada es lo que parece y no es nada fácil reconocerse ni encontrarse uno a sí mismo.

Interesante propuesta la de esta trilogía en favor de la libertad y en contra del totalitarismo, escrita en Suiza, donde la autora trabajó como relojera, y en francés, idioma de su país de acogida al que llegó con apenas veinte años y en el que murió hace poco, dedicada como estaba en su jubilación a ver cine clásico y leer novela negra.

En el film de 2013 El gran cuaderno, de János Szász, se adapta muy literalmente el primer tomo de la novela, aunque con un tono mucho menos sombrío. Los dos hermanos viven con esa abuela rígida pero de buen corazón y aprenden a sobrevivir, se hacen adultos en poco tiempo en una cinta muy estimable, bien fotografiada y ambientada.

Agota Kristof representa lo mejor de esos países que sufrieron dos tiranías seguidas, la nazi primero, la comunista después. Es ésta una indispensable apuesta por la tolerancia y la libertad, indispensables (la novela y el film) en un mundo como el de hoy, donde los extremismos de todo signo vuelven a campar a sus anchas.

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