Número 74, Opinión, Óscar González
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Aconfesionales a media asta

Por Óscar González / Viñeta: El Koko Parrilla. Viernes, 14 de abril de 2017

Óscar González

La noticia de que las banderas ondearán a media asta durante las próximas setenta y dos horas en España no pasaría de ser una anécdota para que nos echáramos unas risas en Twitter si no fuera porque es síntoma de algo más grave. Si muchos consideramos que la Transición española hizo demasiadas concesiones al régimen anterior, aun entendiendo que quizá no era posible otra salida, dentro de los cuarteles la cosa fue todavía más escandalosa y todavía hoy conservan galones muchos franquistas orgullosos de serlo. Tal vez por eso no es difícil tener una conversación con un joven soldado profesional y encontrar en él (y omito el “ella” deliberadamente) una alarmante falta de valores democráticos, cuando no una simpatía abierta por partidos de ultraderecha, por ese nacional catolicismo de gasógeno y Brummel, que no lleva más que a unos pocos a cuestionarse si no habrá nada extraño en esto de que las banderas ondeen a media asta por la muerte de Jesucristo en un estado aconfesional.

La anacrónica norma parece deberse al ex ministro Pedro Morenés (del que no he podido verificar si pertenecía al Opus Dei, pero apunta maneras), que habría tirado de esa cuadratura testicular que te ataca a veces cuando tienes una mayoría absoluta, para contravenir un Real Decreto promulgado por la difunta Carme Chacón que reservaba la señal de duelo para el fallecimiento de militares muertos en acto de servicio, del presidente del Gobierno, el Rey o para días de luto nacional.

Sobre Chacón, por cierto, es trágico que una persona muera tan joven y hay que destacar que su paso por el Ministerio de Defensa hizo más para normalizar la figura de la mujer en puestos de poder que veinte años de charlas y conferencias, pero ello no debería llevarnos a sesgar el análisis del personaje de Carme Chacón como figura política y olvidar que fue también la ministra de vivienda que promulgó la ley de desahucio exprés o su lucha contra el nacionalismo en Cataluña, por no hablar de su papel en los bombardeos a Libia. Que sea la historia quien la juzgue.

Volviendo a la inquietante relación de las Fuerzas Armadas con la Iglesia y el franquismo, en pocas ocasiones se manifiesta con más claridad que en las celebraciones de Semana Santa. La imagen de la Legión honrando al Cristo de la Buena Muerte, que solo el nombre ya es pa´ cagarse, parece señalar una relación directa e innata entre el cuerpo creado por el facha Millán Astray y la religiosidad. Imaginamos que no se hacen exámenes psicológicos para entrar en la Legión, y eso explica también por qué a nadie le pareció que lo de ir a cantar “El Novio de la Muerte” a niños con cáncer terminal podía no ser buena idea.

Pero la enfermedad va más allá de las propias Fuerzas Armadas y afecta también a la propia sociedad. Lo sabe Cassandra Vera, lo sabe César Strawberry, lo saben los titiriteros. Ahora, también lo han probado Wyoming y Dani Mateo, que tendrán que pasar por el juzgado después de ser denunciados por la Asociación en Defensa del Valle de los Caídos (se ve que estaba en peligro o algo así) por ofenderles el sentimiento religioso, seguramente porque la misma semana que ETA entregaba las armas no iba a quedar creíble lo de la apología del terrorismo.

No tengo mucho que añadir a lo dicho en artículos anteriores: se busca criminalizar a los que sacan los colores al sistema, porque si dejamos de tomárnoslo en serio, este pierde su valor simbólico. Y cuando eso ocurre, cuando se ve la tramoya de las cosas y se pierde el respeto al opresor, ya ha comenzado su derrota.

Y la tramoya de la realidad sociológica española, apestan todavía a corral. Al que se usa para que las Águilas de San Juan aniden y se reproduzcan.

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