Número 71, Opinión, Rosa Palo
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Vidas de santos

Por Rosa Palo / Foto: Efe. Viernes, 3 de marzo de 2017

@Ebaezan

A los Obama les van a dar 61 millones de dólares por escribir sus memorias. 61. Tal cual. Uno encima de otro. En billetes grandes. A mí no me dan ni diez euros por las mías. Qué lástima, porque ya tengo el título: “Atacá”. Y qué pena, porque escribiría una biografía honesta y sincera, aunque tuviera que esperar a que se muriera medio mundo para publicarla, que la sinceridad siempre está expuesta a la demanda. Y hasta al asesinato: a Alfredo Landa lo quiso matar toda la profesión tras publicar sus memorias. Lógico, si tenemos en cuenta que de Josele Román dijo que “comenzó a cambiar y a meterse de todo, hasta que se salió de órbita”, a Gracita Morales la describió como “una mujer caprichosa, despótica, intratable”, a José Luis Dibildos lo tachó de “timador profesional” y a José Luis López Vázquez lo puso de robapapeles para arriba. Eso sin hablar de cintura para abajo: dijo que a Alfredo Matas le gustaba organizar camas redondas, con él de mirinda, y que una noche montó una con Amparo Soler Leal, su mujer, y con Maurice Ronet, y que le dejó caer a Landa si quería participar. Landa se negó, que para eso es de Navarra, pero aquella orgía cinematográfica tuvo que convertir la de José Manuel Parada, Chelo García- Cortés y Bárbara Rey en una reunión de damas del Cristo del Socorro.

En su defensa, decía Alfredo que no hablaba mal de la gente, sino que sólo constataba la realidad. Y nosotros salivando con la constatación, que da gusto (y morbo, mucho) leer a alguien tan valiente, tan prepotente o tan descerebrado, no sé, como para contar la verdad. La suya, al menos, porque hay otros que no escriben ni la propia, y convierten sus memorias en una fábula, en una hagiografía o en cuento para niños. Como Norma Duval, que perpetró Una vida de espectáculo contando lo que hubiera querido que fuera su historia, la de una chica de barrio incólume e impoluta que llega a triunfar en el Folies Bergère gracias a su esfuerzo y dedicación. Menos mal que la otra vida de Norma, la de Purificación Martín Aguilera, más parecida a Showgirls que otra cosa, la sabemos por las revistas. Pero Norma, resuelta y multidisciplinar, se atrevió a poner por escrito la vida que ella había soñado para sí misma, sin tener en cuenta que una no puede tener ese tipazo de vértigo y adjetivar como Josep Pla: durante la presentación de la biografía de la vedette, Luis María Anson señaló que “hay errores sintácticos evidentes, la adjetivación es discreta, apenas existe una metáfora, pero en cambio está presente Norma Duval”. Y se quedó tan ancho: Anson es capaz de tragar con un error sintáctico si lo comete una miss, o una vedette, o una actriz de la compañía de Arturo Fernández, que tiran más dos tetas que el María Moliner.

Ahora, Pedro Farré, exdirectivo de la SGAE y condenado a dos años y medio de cárcel por gastar con tarjetas de la sociedad 40.000 euros en prostíbulos, sale del trullo dispuesto a contar su verdad, que diría Rosa Benito. Y hace la promo con frases del calibre “no vi que era normal ir a prostíbulos hasta que llegué a la SGAE”. Tampoco Urdangarin vio que era normal quedarse con los cuartos ajenos hasta que llegó a la familia real. Y yo no vi que era normal ponerme hecha un tordo comiendo panceta hasta que llegué a reventar los pantalones. Al final, somos todos unos santos. Hasta los más pecadores.

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