Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 71, Opinión, Xavier Latorre
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Los hijos de Orwell

Por Xavier Latorre / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 3 de marzo de 2017

Xavier Latorre

Los millenials, conocida como la generación Peter Pan, lo tienen más crudo de lo que imaginaban sus ingenuos padres, nosotros, cuando nos pusimos a engendrar niños en serie en la época del baby boom. Los hijos del milenio, los que se hicieron mayores con la llegada del siglo XXI, que en España son unos ocho millones de individuos,  tenían derecho a todo en su infancia: les dábamos medallas por llegar los últimos; les acarreábamos, como ahora, las mochilas del colegio; y les renovábamos a diario el contenido de sus meriendas. Ahora, instalados en un mercado laboral que les desagrada, hostil e irracional, los pobrecitos desamparados están sumidos en una depresión colectiva. Lo tenían todo sin siquiera pedirlo y ahora se están quedando, poco a poco, sin nada. En un video viral de YouTube escuché a un tal Simón Sinek decir que algunos jóvenes se saltan temporadas enteras de sus series favoritas para poder engullir cuanto antes el final, para hacerse una especie de “autoespoiler”. Son adultos impacientes, de menos de 35 años, malcriados y con suma facilidad para la frustración.

Esa generación, nacida después del mítico año 1984 de George Orwell, cuyo premonitorio libro ahora devoran, han sufrido un aprendizaje deficiente. No les enseñamos cosas fundamentales y ahora se han vuelto temerosos ante la adversidad. El miedo permite que les recorten derechos. El temor a un despido les hace vulnerables, chivatos y súper dóciles: las horas extras sin remunerar se suceden sin rechistar y la huelga pasó a la historia. Todos hemos cambiado, pero a los jóvenes no se les advirtió jamás que esto de sobrevivir en un sistema económico cruel era tan penoso y tan agotador; se sienten, con razón, estafados. Nosotros no hicimos bien nuestros deberes. Han heredado toneladas de desconfianza y de falta de solidaridad. A esos adultos que nacieron con un viaje de Disney Paris bajo el brazo se les reconoce porque tienen una preparación exquisita, pero también porque desempeñan trabajos (si los encuentran) por debajo de sus posibilidades.

Todo el infortunio contenido en esos jóvenes lo disimulan en las redes sociales. Allí se consuelan unos a otros con mensajes ficticios y vivencias inexistentes. Es la misma ración de dopamina, según este escritor inglés, el tal Sinek, que genera el tabaco, el alcohol o el lúgubre mundo de las apuestas. El miedo, el mismo que incita a votar a tipos como Trump, hace que, por si acaso, una madre no se pida más meses de la cuenta para cuidar de su bebé o que algunos rechacen de plano cogerse la baja en caso de enfermedad. Los criamos para graduarse, triunfar y ganar una pasta al mes con la que pagarse de sobras los caprichos. Hoy no disponen ni de tiempo para aburrirse gratis.

Nuestros jóvenes se quejan y con razón: les maquillamos la realidad y les convertimos en unos seres ansiosos. Ahora, con el extraordinario currículo  a cuestas, no saben por dónde tirar. Les faltan tantas cosas, añoran tanto, que están sumidos en un lío gordo, aunque, hay que reconocerlo, son los creadores del maravilloso 15M. Sin embargo, hoy todavía no saben de qué va todo. Nosotros, los padres de los del milenio dichoso, tampoco, claro. Han heredado demasiada confusión y una demagogia que ha encumbrado a líderes políticos reaccionarios. Les hemos vendido muy caro su presente. Lo peor de todo es que como dicen que vamos a vivir una eternidad, más de cien años, les tocará sufrirnos más. Estaremos más años dándoles la vara. ¿Qué se han creído?

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

 

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