Javier Montón, Número 72, Opinión
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Lágrimas de cocodrilo

Por Javier Montón. Viernes, 17 de marzo de 2017

@jjmonton

Paren las rotativas, interrumpan la programación, hay que entrar en directo… ¡Noticia de última hora!: los periodistas reciben presiones. Casi nada al aparato. ¿A que usted nunca lo hubiese imaginado? Pues lo ha dicho negro sobre blanco la Asociación de la Prensa, que ha amparado a varios periodistas de diferentes medios que, por lo que parece, han recibido diversas amenazas de algunos dirigentes de Podemos. No sabemos ni cuántos son los informadores, ni a qué medios pertenecen, ni quiénes son los políticos implicados ni qué tipo de amenazas han lanzado. Conocemos, eso sí, que, después de una ardua investigación, los guardianes de las esencias del oficio han concluido que las quejas de los periodistas sobre el acoso sufrido, en público y en privado, son dignas de todo crédito.

A la espera de que la entidad saque unos minutillos para investigar las presiones que desde que se inventó la imprenta hasta hoy mismo ejercen, día tras día, semana tras semana, directores censores, redactores jefes alérgicos al trabajo, capataces con mando en plaza, ministros rumbosos y comisarios políticos con despacho propio, la denuncia del negociado que preside Victoria Prego recuerda a esas columnas llegadas de ultratumba que te encuentras firmadas por profesionales de la cosa que suponías ya dando de comer a las palomas. Nadie se acuerda de ellos, muchos ni siquiera los llegaron a conocer, pero siguen convencidos de que sus queridos lectores están necesitando sus columnas, sobre el tema que sea, qué más da. Imaginan a miles de familias con el síndrome de abstinencia porque su dosis de opinión no se puede demorar. Hay mucho ego en esta profesión y, lamentablemente, la jubilación no es suficiente para calmarlo.

En un país en el que las televisiones públicas han sido manoseadas hasta la náusea por el poder político, suena a tontuna de parvulario el grito en el cielo de la Asociación de la Prensa. Las mayúsculas que le pongas a tu nombre no te dan la credibilidad, que es más cara y se gana con el desempeño diario. Si este ‘dream team’ de profesionales presidido por la experta en transiciones hubiera abierto la boca para denunciar con datos y rigor la violación de la más básica independencia informativa, pongamos por caso en Canal 9, que fue además fue literalmente saqueada antes de bajar la persiana –recordemos que varios de sus más altos ex directivos, empezando por el ex director general Pedro García, esperan su turno en la Audiencia Nacional por un quítame allá esos cientos de miles de euros en la visita del Papa–, la gente igual se tomaba en serio sus lágrimas de cocodrilo. Ahora, querida Prego, suenan a una iluminación de cuatro tertulianos en edad de retiro a la hora del vermú.

Si callaron en lo grueso, no les pidamos oído para lo fino. Porque manipulación informativa la hay de brocha gorda, sin complejos (indas, marhuendas, puntospelotas, chiringuitos y demás excrecencias empaquetadas) y la hay sibilina. Los informativos de TVE suelen practicar esta última, sin duda más sofisticada. Un día cualquiera del mes de marzo: el Telediario de las tres de la tarde informa brevemente de la toma de posesión del fiscal jefe de Murcia. Sobre las imágenes del acto protocolario, la voz en off del busto parlante y maquillado ventila el asunto en quince segundos, ni siquiera un plis plas: “El nuevo fiscal ha subrayado su imparcialidad y ha expresado su voluntad de luchar contra la corrupción” (las palabras no son literales). Ni una palabra de por qué hay un fiscal jefe nuevo ni qué le ocurrió al anterior. Entonces, ¿a santo de qué se subraya algo tan obvio como que luchará contra la corrupción? ¿Acaso es que hay motivos para pensar que no será especialmente beligerante en ese campo? Y, en caso afirmativo, ¿cuáles y por qué? Es el clásico sí pero no: sacamos el tema en el telediario para que no nos puedan acusar de apagón informativo pero nos callamos lo realmente significativo que, oh casualidad, es precisamente lo que puede molestar al patrón. Manipulación envuelta en papel de seda decidida por los ingenieros de la casa, community manager del fango y la confusión. Presiones y acoso en constante goteo que se pierden en el torrente informativo hasta quedar diluidos por el ruido de fondo.

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