Álex, Humor Gráfico, Número 71, Opinión, Tonino Guitián
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España, un autobús transfóbico

Por Tonino Guitián / Viñeta: Álex, la mosca cojonera. Viernes, 3 de marzo de 2017

@toninote

Rafa Nadal: un millón de euros cobraba el chico por atender a TVE en exclusiva después de sus partidos, una cifra con la que se puede ser patriota, marciano, cortador de césped, bandido por horas, o hacer un capítulo y pico de Cuéntame o Águila roja. Todos contra los franceses. Qué gran ridículo. Este patrioterismo de cuchufleta me pone muy nervioso. Que lo escenifiquen las cadenas de derecha más extrema es lógico, está en su ideario, rellenan con esa farfolla ideológica horas y horas de televisión, y convierten a un programa de humor guiñolesco, repito, guiñolesco, en asunto de Estado, pero que lo hagan los representantes del Estado me parece no una protesta contra, sino una estrategia de despiste interno. Y ahí está el rey, con la corona a punto de óxido tras escuchar los pasos de Urdangarin retumbando al entrar a los juzgados de Palma, según decía Pilar Urbano al hilo de su último libro sobre don Juan Carlos en una excelente entrevista con Jordi González en La noria –he dicho bien, Jordi González–. Y de ahí para abajo, todos con una buena excusa. Al final del túnel dicen que se ve la luz. En Sevilla, mientras Mariano Rajoy anunciaba sin paliativos el apocalipsis, a través de las pantallas que el PP colocó a sus espaldas corrían nubes blancas en un cielo azulado. Es un símbolo de este tiempo. Nos van cortando la cabeza con la fría anestesia de una verdad interesada y, aturdidos, asumiendo que somos culpables, sólo nos quedan libres las manos para llevar y llevar flores a Mariano. Que tanto nos quiere.

Más que un autobús transfóbico hubiera sido más realista fletar un arca de Noé para el castigo del Diluvio Universal.

¿Los penes son entonces manzanas y las vulvas peras o es otra cosa?

España: gente que estornuda sin taparse la boca en autobuses transfóbicos.

Prefiero a los kikos que a los de Hazte Oír, al menos no van de aconfesionales demócratas.

Curiosidad: cuanto más imbécil es un político, más inteligente es. No es necesario comprenderlo, evidentemente.

¿Dónde está ese señor al que le preguntabas a qué se dedicaba y te decía “soy emprendedor, porque la palabra empresario no es actual, y me dedico a la execelencia” como la cosa más normal del mundo y si te veía estirar la comisura del labio levantaba una ceja?

Una de las largas tradiciones franquistas vigentes en Valencia es la ausencia de Carnaval.

Urdangarin no irá a la cárcel y Josep Ramòn Lluch casi sale elegido director del nuevo Canal 9.

Al final, no recordamos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos. Vamos, que ya sabéis donde tenéis que acudir.

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Alex, La mosca cojonera

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