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Albert Boadella: “El responsable del desastre de Cataluña no es Pujol y su tropa de mafiosos, es el PSC”

Por José Antequera. Foto: David Ruano. Viernes, 30 de marzo de 2017

  Entrevista

Odiado por el nacionalista español, por el independentismo catalán de derechas y de izquierdas, por la izquierda radical, por los católicos y por algún que otro enemigo del negocio del teatro, que también habrá ido dejándose por el camino, Albert Boadella (Barcelona, 1943) sigue siendo un espíritu librepensador tan inclasificable como irredento y original. Desde aquellos tiempos del tardofranquismo, cuando fue condenado por un consejo de guerra y protagonizó una fuga de película, Boadella ha sido un azote del pensamiento único y de lo políticamente correcto. “Bueno, ser odiado es el precio de decir lo que uno piensa. El precio de la libertad. Y esa posición me gusta, me siento cómodo”, asegura el dramaturgo y actor. Tras su aventura formidable con Els Joglars, una compañía ya mítica de nuestro teatro contemporáneo, fue fundador de la plataforma política Ciudadanos, aunque últimamente ya no se habla con Albert Rivera. “Es un hombre que no escucha, no creo que le interese lo que pueda decirle”. Finalmente, ha decidido abandonar Cataluña e instalarse en Madrid, desde donde sigue lanzando sus dardos envenenados contra el independentismo catalán. “En Cataluña hay una epidemia colectiva provocada por el odio al vecino”, asegura.

El sermón del bufón es una experiencia novedosa en el teatro español. Realmente no es una obra de ficción, es el repaso de tu propia vida. ¿Cómo surgió la idea?

Pensé que tenía una posibilidad bastante singular, puesto que mi trayectoria profesional y también mi trayectoria personal estaba ligada a esta obra, en el sentido de que si yo hubiera sido simplemente un actor, probablemente no habría podido exhibir las partes de creación, no podría haber hablado de Shakespeare, de Chéjov, o de quien fuera, no lo hubiera hecho yo. Aquí la diferencia importante es que yo hablo de mi obra, de los motivos que generan ciertas obras, y hablo de ello con los ejemplos materiales que aparecen proyectados. Es algo bastante singular, es un autor que es capaz de actuar en un escenario y al mismo tiempo demostrar también su propia obra. Paralelamente a esto hay otro elemento que hay que tener en cuenta, que es mi vida personal, que por lo que sea no ha sido una vida muy característica dentro de la farándula. He tenido rifirrafes por todos lados, e incluso he tenido que escaparme de una cárcel…

Te lo iba a preguntar ahora. Por aquella puesta en escena sobre el condenado a muerte Heinz Chez te montaron un consejo de guerra, pero lograste fugarte. Fue una huida de novela…

Pues por esas cosas de aspecto novelesco, y no digamos después por mi radical posición con lo de Cataluña, y todo lo que eso ha comportado, ese conjunto, esa memoria, pensé que era interesante expresarlo directamente, más que en un libro, donde no puedo mostrar mi obra de una forma tan directa, sobre el escenario. Esa era la mejor forma de contarlo.

Aquello del consejo de guerra no se olvida…

No le deseo a nadie pasar por eso, pero además con la paradoja de estar en la cárcel en un momento en que en la cárcel ya no había prácticamente ni un solo preso político, porque te estoy hablando del año 77. Yo estaba en aquella prisión con los criminales, con los quinquis, y eso que allí hice grandes amistades, pero naturalmente aquello lo recuerdo como una situación muy kafkiana, aunque al mismo tiempo tenía que ver también con mi propio oficio. Mi oficio fue en ciertos momentos perseguido por la Inquisición, perseguido por determinados poderes, y por lo tanto me lo tomé como una especie de gran monumento histórico.

Y luego, con solo 19 años, fundas Els Joglars, una compañía mítica. ¿Ha sido ese tu gran amor profesional, tu gran proyecto vital?

Sí, volví de aquello con la aventura de lo que yo llamo la gran banda de Els Joglars. No digo que anteriormente no hubiéramos hecho cosas de cierto interés, pero los grandes espectáculos de Els Joglars aparecen cuando llega este equipo que dura muchos años, Ramon Fontseré, Pilar Sáenz, Pep Vila, digamos los grandes actores de Els Joglars y además grandes personas, gente activa, valiente, librepensadora. Tuve la suerte de encontrarme con ese equipo y construir durante dos décadas y media, casi veinticinco años, una auténtica utopía, una forma de vida formidable, una vida con una repercusión extraordinaria sobre la sociedad. Poder montar nuestras obras en aquel retiro del Pirineo, que reunía unas condiciones magníficas, de vivienda, de todo, poder ensayar durante cinco meses una obra y salir adelante con ella, sin excesos de subvenciones. Estos veinticinco años que van desde el ochenta hasta el dos mil cinco o dos mil seis fueron realmente extraordinarios. Si la gente lo supiera con exactitud correríamos peligro porque se pondrían envidiosos y me querrían matar.

Hasta que llega un momento en que decides dejarlo, ¿por qué traspasas la dirección de Els Joglars a Ramon Fontserè?

Fue una decisión personal porque yo creía que con ellos ya había dicho todo lo que tenía que decir en aquel proceso del que te hablo. Sentía una necesidad, me picaba una frustración que era la música, que yo siempre la utilizaba en mis espectáculos pero de una forma mucho más directa. Pensé que eso no lo podría hacer con Els Joglars porque eso me obligaba a tener cantantes, una orquesta, y entonces aproveché mi dirección en los Teatros del Canal de Madrid para empezar a montar una serie de espectáculos musicales que me han dado un placer inmenso. Alguno de ellos, como es el caso de Amadeu, un musical sobre la vida de Amadeo  Vives, un fragmento de su vida, de su música, yo lo tengo como uno de los mejores espectáculos que he montado. Un espectáculo que estaba montado con una orquesta con cincuenta músicos, con un coro de sesenta personas y con quince cantantes. ¡Eso con Els Joglars no lo podía hacer! Es decir, que en la cuenta atrás de mi vida artística decidí darme ciertos lujos.

Els Joglars siempre han tenido una fuerte carga satírica, sobre todo contra políticos y la Iglesia. Ese autobús transfóbico de Hazte Oír que circula por ahí te daría para un buen montaje…

Bueno, yo soy muy partidario de que no existan leyes que prohíban nada en relación a las cuestiones de expresión o propaganda. Por ejemplo, yo no soy de los fans de la ley antiterrorista. Es una ley que en algún momento podría entender su significado, es decir, si yo me subo al escenario y les cuento a los espectadores cómo tienen que fabricar una bomba casera exactamente, pues hombre, esto sí que entraría directamente en el Código Penal. Pero fuera de algunas cosas concretas, una ley antiterrorista a mí me parece enormemente peligrosa porque son leyes que en el fondo acaban erosionando ciertas libertades de expresión, sobre todo en el mundo de la ficción. Eso lo vimos con la historia de los titiriteros en Madrid y lo hemos visto en otras ocasiones. Por tanto, yo no soy partidario de prohibiciones. Creo que la gente debe expresarse con el máximo de libertad y los que protestan contra los del autobús al final están protestando precisamente contra eso…

Pero ir propagando por ahí una ideología cuanto menos discriminatoria tampoco parece una cosa muy avanzada o civilizada…

Bueno, pero siempre habrá gente que opine que un homosexual es una desviación de la naturaleza, y tendrán sus razones, yo por descontado no soy de esos, pero creo que tenemos que acostumbrarnos a una posición a veces dura, casi diría ultra, en cierta medida, porque eso nos va a dar posibilidades de saber argumentar muchísimo mejor ante la sociedad. Porque eliminar de una sociedad todas las expresiones extremas tiene el riesgo de que finalmente eliminemos un cierto debate, y haya un debate radical. Yo este autobús no lo hubiera prohibido, por descontado, y lo hubiera dejado que se paseara tranquilamente porque, además, esas cosas, en el conjunto de la sociedad española, tal como está hoy, ellas mismas se desmoronan finalmente. Es como lo que suelo decir de Artur Mas. ¿Por qué hay que desautorizarle, si ya se desautoriza por sí mismo? A Mas hay que animarle a que trabaje más porque es un destroyer.

Hace unos años anunciaste que no volverías a trabajar más en Cataluña ante el boicot que sufren tus obras. ¿Te consideras un exiliado de tu tierra?

En principio sí, en principio fue una situación kafkiana, después casi te divierte porque con esta posición también has descubierto cosas fantásticas. Descubrí Madrid, aunque ya la conocía, pero la descubrí viviendo allí, es una ciudad abierta, formidable, fantástica, donde nadie se consideraba protagonista del asunto. Nadie era de la etnia madrileña, así que estas cosas tienen unas contrapartidas muy buenas. El inicio es duro, pero después lo volvería a repetir. Incluso creo, y eso lo digo con toda franqueza, que estuve demasiados años enganchado en el rifirrafe catalán. Cuando yo vi de qué iba el asunto, y me di cuenta mucho antes, en el año noventa y pico, cuando el PSC se pasó con los bártulos al nacionalismo, a partir de ese momento empieza la decadencia. Pero el gran responsable de toda esta historia no es Jordi  Pujol y toda esa tropa de mafiosos, no. El gran responsable ideológico es el PSC, que es un partido que abandona su posición, abandona su genética socialista, todo lo que significa su apertura, su solidaridad, todos esos elementos, y a partir de ese momento empieza el desastre para Cataluña. Y a partir de ese momento es cuando yo tendría que haber cogido los bártulos y haber dicho: me  marcho. Os lo arregláis vosotros, yo ya he hecho suficiente. Y entonces decidí hacer el gesto que fue participar en la creación de un partido abiertamente antinacionalista que fue Ciudadanos, y estoy contento, creo que está bien lo que hicimos, porque Ciudadanos ha significado para Cataluña el inicio de una cierta oposición…

¿Entonces crees que hay una especie de apartheid hacia lo español?

Yo creo que hay una enfermedad colectiva, eso lo he visto durante algunos años, ver gente valiente, incluso amigos, ver gente del mundo de la cultura a la que yo tenía en consideración, y verlos en la situación en que están ahora, que dicen lo que dicen y piensan lo que piensan, me lleva a pensar que hay una especie de epidemia colectiva. Yo creo que las comunidades y sociedades enferman como las personas, de otra forma no podríamos explicar que un payaso de la categoría de Mussolini fuera capaz de seducir a los italianos, que son listos y tramposos como nadie. Y no digamos ya el caso del nacionalsocialismo en un país como Alemania. Por lo tanto, hay una epidemia colectiva en Cataluña y es una epidemia muy sencilla: es la inducción de la paranoia. Es decir, el odio al vecino, el odio al enemigo común. Se monta un fetiche que es odioso, que es España para ellos, y a partir de aquí todo el mundo hace su catarsis. Y eso ha calado, eso ha calado no solo en la política y sus impulsores o en los medios de comunicación, sino en las generaciones que han sido educadas en el odio a lo español. Yo he tenido una hija y un hijo que se han educado en esas épocas en Cataluña y sé perfectamente cómo se les educaba y cuál ha sido el resultado: dos generaciones educadas en el odio a lo español. Por lo tanto, es un estado de enfermedad, porque España no es el enemigo, aquello no es como si los polacos indujeran un cierto odio a los rusos, por poner un ejemplo, que tendría un cierto sentido, porque los rusos para los polacos realmente son el demonio, el Papus. Pero en el caso de Cataluña en relación con España se ha creado una mentira, una falsedad absoluta, y esa falta de realidad, esa falta de conexión con la realidad, significa que hay una enfermedad.

¿Crees que las condenas de inhabilitación contra Mas y Homs han sido justas?

Yo creo que había que haber tomado otra vía, la vía política. Supongo que la vía judicial está sustentada, más o menos, en el Derecho; el problema es que en estas leyes alguna cosa no funciona cuando unos tíos se pasan por el forro al Tribunal Constitucional, el ordenamiento jurídico, y están amenazando, y no solo amenazando, sino que están construyendo un Estado independiente dentro de otro Estado y no hay una ley que pueda cortar en seco una deslealtad de ese tipo por parte del Gobierno de una comunidad autónoma que forma parte del propio Gobierno de España, porque realmente ellos forman parte del Gobierno de España. Que no existan leyes que puedan parar esto supone que alguna cosa se ha hecho mal. No digo que las condenas no estén asentadas sobre el Derecho, el problema es que ese Derecho es incompleto. Esos tíos, claramente, en cualquier otra parte del mundo estarían en la cárcel.

¿Cárcel?

Sí, hombre, claro. Es muy grave que un dirigente público induzca a los ciudadanos a incumplir las leyes. ¿Dónde se ha visto eso? ¡Es muy grave! En una democracia es gravísimo.

¿Y la enfermedad crees que tiene cura? ¿Ves una Cataluña independiente a corto plazo?

Yo creo que hay pocas soluciones pero intentaría, como en ciertos enfermos, aplicar el electroshock. En los últimos treinta y cinco años los catalanes no han sentido lo que es pertenecer a un Estado importante como es España, porque el Estado español no es las Islas Caimán precisamente. Pues que sientan en el fondo que pertenecen a este Estado con todo lo que significa un Estado, es decir, con toda la fuerza de la legalidad, de la ley, de la sociedad, de todo, incluida la propia fuerza de orden público… Ellos tienen que saber que pertenecen a este Estado. Yo creo que los catalanes no han sentido esto, han tenido siempre un intermediario que ha sido el Gobierno catalán, que ha actuado precisamente contra el Estado, dando una mala imagen de este Estado. Por tanto, yo sería partidario, clarísimamente, de liquidar la autonomía…

Directamente…

Directamente. Liquidarla provisionalmente, naturalmente, poner a cargo del Estado todos los servicios públicos y volver a empezar de nuevo.

Pero el Gobierno de Rajoy tampoco es que esté haciendo demasiado por evitar el choque de trenes…

Ni el de Rajoy, ni el de Aznar, ni el de Zapatero. Porque Aznar, que se las daba de tan nacionalista español, permitió aprobar unas leyes, que en el fondo eran unos acuerdos con Pujol, como la ley de política lingüística, que es la que permite ahora multar a un comercio porque rotula en castellano. Eso es creación de Aznar, responsabilidad de Aznar, pero no solo de él, de todos, de todos, han sido todos unos insensatos. Eso lo cuento en El sermón del bufón, en una entrevista que tuve con el Rey Juan Carlos, que cuando hablamos sobre lo que sucedía en Cataluña me respondió: Es que estos presidentes que he tenido lo han hecho pero que muy mal.

Lo tenía claro…

¡Claro! Lo tenía clarísimo.

Sin embargo, una democracia no debería tener miedo a poner las urnas para un referéndum…

Hombre, yo creo que se pueden poner las urnas que se quieran pero siempre bajo unas normativas. Se pueden poner las urnas para cambiar un parterre… Pero a mí el sistema de referéndum me parece más propio de las dictaduras que de las democracias porque la democracia se basa en la elección de unos representantes y les votamos para que hagan las cosas tal como creemos que se deben hacer. Tú eres más joven, pero yo viví el referéndum de la OTAN, y me di cuenta de lo que es la estafa del referéndum. ¿Qué sucedió? Que los políticos hicieron caso a Felipe González, que se sacó de encima las pulgas y dijo que había que entrar en la OTAN y trasladó el problema a los ciudadanos. Pero tú me dirás, ¡si el noventa por ciento de los ciudadanos de aquel momento casi no sabía ni lo que era la OTAN! Y además les importaba un comino. Por eso Franco hacía referéndums, porque es una cosa para los dictadores, es una cosa absolutamente demagógica.

Volvamos al nacionalismo. Cuando Pujol era Dios en Cataluña tú ya le arreabas estopa. Has sido un visionario en ese sentido, al final la historia te ha dado la razón de que este hombre era lo que era…

¡Y me quedé corto!

Ni en tu montaje más delirante podías imaginarte esto…

Es que la realidad siempre supera a la ficción. No podemos hacer nada con la ficción, nosotros, según qué realidades, tenemos que autocensurarlas para que la gente se las crea, porque si no, no se las creería…

Te lo pregunto porque la izquierda catalana de aquella época tragó con el 3 por ciento en Cataluña. ¿Por qué Maragall no llevó aquello a los tribunales cuando tocaba?

No lo hizo porque la Cataluña secesionista de aquella época quiso hacer una cosa, que era acomplejar al conjunto de los ciudadanos españoles, para convencerlos de que ellos han sido y son víctimas. Eso ha sido una de las mayores patrañas que se han llevado a cabo nunca. Ellos no han sido víctimas de Franco. Víctimas lo han sido muchas otras partes de España antes que los catalanes. Andalucía, Extremadura… pero Cataluña la que menos.

¿Y a la burguesía catalana tampoco le fue mal con Franco?

Hombre, claro. En cambio ellos han sabido extender la idea de que el catalán fue prohibido durante el franquismo, lo cual no es cierto, el catalán jamás fue prohibido en toda la historia de España. No ha habido un solo edicto contra el catalán, aunque sí es cierto que en los sitios oficiales se hablaba el castellano, pero prohibición de la lengua catalana no ha existido. En cambio el noventa por ciento de los españoles creen que a lo catalanes se les prohibió alguna cosa desde el punto de vista cultural. Eso es una mentira. El franquismo prohibió cosas de la cultura al conjunto de los españoles, porque con la censura las víctimas eran todos los españoles, no solo los catalanes. Y esa idea se ha sabido vender muy bien.

Ahora con Ciudadanos parece que mantienes una relación de amor-odio…

Pues de cuando en cuando me cabreo mucho porque hay cosas que las encuentro auténticas chorradas. Las cuestiones territoriales las apoyaré siempre, pero en otras cosas no saben a qué son bailar. Por tanto, mantengo una relación de amor-odio. Es un hijo que va por su cuenta y de cuando en cuando sus padres nos agarramos unos cabreos inmensos.

¿Has hablado últimamente con Rivera, de Albert a Albert, cara a cara? ¿Cómo es tu relación con él?

Llevo tiempo sin hablar con él, alguna vez me lo he encontrado pero llevo mucho tiempo sin hablar con él, además te voy a decir una cosa: Albert Rivera es un hombre que no escucha. No escucha. Por tanto, sería extraño que quisiera saber directamente lo que pienso.

Y esto de los amoríos del Rey, los espías, los fondos reservados, ¿cómo lo ves?

Es que el rey Juan Carlos era un rey de verdad, un rey según la historia. El típico tópico, con lo  bueno y con lo malo. Formaba parte de lo que nosotros conocíamos como el Antiguo Régimen, de la monarquía de los Austrias, de los Borbones, en la cual, como el rey tiene que dedicarse sobre todo a la procreación, tiene que garantizar la descendencia… Porque claro, aquí cuanto más feromonas tenía el rey mejor. Entonces Juan Carlos tenía excedentes de feromonas. Yo lo encontraba bien, le tengo simpatía. Que tenga allí sus amantes, incluso alguna pagada en su territorio, bueno pues forma parte de otros muchos reyes que encontramos en la historia, porque es un rey que no se modernizó demasiado, en lo único que se modernizó fue en que perdió poder absoluto a la fuerza, porque si le hubieran dejado tampoco lo hubiera hecho. Por tanto me cae simpático este rey, es como un vestigio histórico. En cambio el rey actual, con ese buen rollo, ese pasearse por las calles de Malasaña en Madrid, ya me interesa menos. Entonces, ya puestos, estamos muy cercanos a la República. Si elegimos una monarquía es para que tengamos una realidad, para que tengamos, diríamos, un ritual, una bandera que es otro símbolo que la monarquía hace suyo, lo mismo que sucede en Inglaterra. Hasta ese punto la monarquía me divierte porque el teatro me gusta. Ahora, dos chicos jóvenes que van de buen rollo a un concierto de rock, eso ya me parece muy poco protocolario, muy poco divertido. Ellos tienen que asumir por qué han sido elegidos, no por qué han sido elegidos, porque no lo han sido, sino por qué están ahí. Y están ahí porque pertenecen a una tradición que la gente quiere ver como de boato, de ejemplaridad, de teatro, de representación simbólica y todas esas cosas. Y si no, directamente mejor la República.

Mejor la República…

Yo creo que sí.

Alguna vez has dicho que nada es comparable al ritual taurino. ¿De verdad no sientes pena cuando matan a un toro?

Hombre, sería un impostor si cuando me como un entrecot sintiera eso, sobre todo porque para sacar ese entrecot lo ha pasado bastante peor el toro. Y lo mismo del entrecot te lo diría de una costilla de cerdo. No, la verdad es que no siento nada. Vamos a ver, siempre que exista una corrida de toros yo sí que me planteo si lo que hago es o no legítimo. Siempre digo que la diferencia entre un taurino y un antitaurino es que el antitaurino está seguro de que aquello es una barbarie y el taurino siempre se plantea si lo que se está viendo es legítimo o no, siempre tiene la duda. Por lo tanto esa duda lo hace menos analítico, menos fanático que el antitaurino. Yo pienso en ello pero a pesar de todo creo que hay ciertos valores que tienen que subsistir, empezando por el valor ecológico, que es muy importante, y en segundo lugar si me preguntaran: ¿prefieres morir en la UVI o en una plaza de toros? Yo diría que prefiero morir luchando, que me claven una espada. A mí me parece una muerte mucho más patética una muerte en la UVI tras dos meses de andar luchando contra un cáncer. Con toda sinceridad.

¿Eres más de Sánchez o de Susana Díaz?

El PSOE tiene que tener una renovación muy profunda. El problema es que tiene a dos partidos socialdemócratas europeos. Eso es una realidad. La derecha le ha cogido una parte sustancial de su terreno, la derecha acepta hoy cosas que hace cuarenta o cincuenta años eran impensables, la derecha actual en Europa acepta cuestiones sociales, la seguridad social, el cobro del paro, etcétera, y los partidos socialdemócratas se han encontrado con que no tienen  terreno, tienen que inventarse un nuevo terreno. Algunos encuentran la forma de enfrentarse a una cierta aceptación del capitalismo, porque de hecho la socialdemocracia supone la aceptación del capitalismo. Pero en España el PSOE para diferenciarse se inventa tonterías, se inventa cosas que no son esenciales. Por tanto no ha sido capaz de crearse un lenguaje opositor a lo que podría ser la derecha o el centro derecha en España. Y se ha encontrado con que ese listillo de Rajoy ha estado tirando hacia la izquierda, ha subido los impuestos, que eso es impensable para un partido de derechas, ha gobernado con una ley del aborto que era, por descontado, la más extrema de Europa. Y entonces el PSOE le dice: Oye, ¿tú de qué coño vas?

Se ha encontrado con un socialdemócrata imprevisto…

¡Claro, claro…! (ríe)

Ante eso solo cabe tirar la muleta e irte a tu casa…

(Ríe) Todo se ha escorado hacia la socialdemocracia. De modo que derecha, derecha, en el sentido estricto, en España no existe… Se han ido solapando unos a otros…

Y la derecha derecha está pegando patadas por ahí a los mendigos…

Bueno, esos ya son los dementes…

¿Crees que pueden ganar en Francia?

Hombre, Marine Le Pen dudo que gane, pero en el caso de que ganara habría que morderse la lengua porque Francia es un país muy bien estructurado, el noventa por ciento de sus promesas no se cumplirían. Francia no es como Holanda, Holanda es un país más peligroso.

Así que has sido odiado por la ultraderecha española, por el independentismo catalán, de derechas y de izquierdas, por la izquierda radical, por los católicos. ¿Cómo lo haces?

Bueno, eso es el precio de decir lo que uno piensa. El precio de la libertad. Y esa posición me gusta, me siento cómodo. Cuando yo formé parte del Partido Socialista de Cataluña, antes de su degeneración, me sentía incómodo, porque estar en un partido tiene ese punto de que tienes que morderte la lengua, parece que trabajes para el jefe. En cambio ahora me siento con una enorme comodidad. Además que los años ya te dan esa ventaja, yo tengo mi carrera hecha ya, no tengo nada que perder, lo único que tengo que perder es la vida y eso evidentemente lo tengo más cercano que si tuviera veinte años, por cálculo de probabilidades. Por tanto, tampoco tengo tanto que perder.

O sea que en el escenario hasta el final…

Si puedo y la naturaleza me lo permite sí.

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@jantequera8

6 Kommentare

  1. Estoy completamente de acuerdo. El Psoe en general, y el Psc particularmente, ha sido siempre, y sigue siendo, un nido de traidores.

  2. Maria Mateu dicen

    Grande Albert. Un ejemplo de lo interesante y sano que es pensar y tener criterio personal y no manipulado.

  3. Jorge Martínez dicen

    Gran entrevista. Y grande Boadella, Albert. Otro gallo cantaría si el otro Albert te escuchará más, pero como bien dices apenas te escucha, ni a ti ni a nadie.

  4. Susana Collado dicen

    Gracias x la entrevista y gracias a Boadella, eres un gran referente. Catalana de nacimiento, lamento solo lo de tu afición a los toros. Sigue dudando por favor. Gràcies I sort. Susana C

  5. EL PUEBLO ESPAÑOL, NECESITA YÁ, DE POLÍTICOS/AS HONESTOS/AS, K VENGÁN A LA POLÍTICA CÓN AMOR Y HA SERVIRLES A SUS CIUDADANOS, COMO BUENOS/AS ADMINISTRADORES/AS Y K LE SEPÁN TRANSMITIR AL PUEBLO SU FUTURO.
    CREO, K LOS K VIENEN A LA POLÍTICA A SERVIRCE DE ELLA Y DE SU PUEBLO, NO, ES BUEN POLÍTICO Y SÍ, NO SABÉN, K SE QUEDEN EN SUS CASAS X FAVOR. UN BUEN POLÍTICO K AME A SU NACIÓN, NO LE ROBA.

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