El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, Número 72, Opinión, Xavier Latorre
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Un cuento opaco: “Aguanta, Pepe”

Por Xavier Latorre/ Viñeta: El Koko ParrillaEl Petardo. Viernes, 17 de marzo de 2017

Xavier Latorre

“En Tenerife tienes casa para cuando quieras”, me soltó Pepe, mi amigo canario, al despedirme hace unas pocas semanas en el aeropuerto, atestado de alemanes, tras una entrañable estancia en la isla. Durante aquel puente nos bañamos y comimos de fábula en muchos garitos de la costa; por las noches, las veladas interminables acababan a veces en acaloradas discusiones para provocarnos un cierto divertimento intelectual. Al decirme adiós, mi colega me obsequió con unos tarros de miel de retama del Teide e introdujo, disimuladamente, un pen en mi bolsillo. “Ahí está todo mi trabajo de los últimos años. Cuídalo mucho, no lo extravíes. Nos puede salvar el pellejo el día menos pensado”, me espetó de forma un tanto enigmática, antes de que embarcara en el avión que me llevaba de regreso a la península.

A Pepe, nombre ficticio que usaré para preservar su anonimato, le conocí hace unos siete años en un Campus Party, una reunión multitudinaria de genios de los ordenadores que se congregaban por aquel entonces en Valencia. Nos caímos bien casi de inmediato. Ya es casualidad que entre los 6.000 participantes fuéramos a caer en mesas contiguas. Sintonizamos en nuestra radicalidad política y en nuestra crítica al estado de cosas lamentables que soliviantaban a la opinión pública. Nos gustaba la misma música, ambos éramos acérrimos seguidores del Barça y nos acabábamos de separar hacía relativamente poco de nuestras respectivas mujeres. ¿Quién iba a aguantar a dos frikis tarados obsesionados por la informática? Veíamos con ilusión la irrupción del movimiento del 15M y también cómo mucha gente se echaba a la calle para mostrar su cabreo con la clase política y para denunciar el caduco sistema político que hacía aguas por todas partes. En aquellos días me ofrecí para ser su anfitrión: le invité a un arroz en el puerto de Catarroja, en la orilla de la Albufera; le llevé de tascas por el Cabañal, muy cerca del puerto; y le mostré, entre gin-tonic y gin-tonic, un amplio catálogo arquitectónico de la Valencia modernista. Quedamos la mar de amigos.

Pepe es un apasionado de las redes sociales. Aquellos años ya tenía adheridos a sus cuentas a varios protagonistas de las revueltas democráticas en los países árabes, que hoy ya sabemos, lamentablemente, cómo han acabado. Muchos de aquellos contactos, que le suministraban información de primera mano desde Alepo, El Cairo o Beirut, han desaparecido bruscamente de forma misteriosa. Nadie sabe de su paradero; se los ha tragado la tierra, o algún desalmado de aquellos tiránicos regímenes se los ha cargado. Pepe tenía buenos contactos en Madrid, excelentes periodistas de diarios digitales, a los que les hacia llegar todo lo que acontecía en aquellas zonas en conflicto.

Pepe regenta una tienda de ordenadores en un pequeño pueblo costero canario. Es autodidacta, pero muy despierto para todo; ha devorado centenares de tutoriales por Youtube y se ha convertido en un virtuoso en la materia. El local comercial es más bien una tapadera; lo que a él le interesa de verdad es hurgar a todas horas en Internet y sacar de allí cuanta más información confidencial mejor. Intenta demostrar la clase de país injusto e hipócrita que habitamos. El rastreo que hace de todo tipo de webs, pinchando las wifis remotas de sus vecinos, es muy loable. Había descubierto ya varios amaños de adjudicaciones de obra pública importante y algunos correos intimidatorios de destacados políticos de su tierra contra algunos candidatos rivales.

Hace unos días intenté infructuosamente ponerme en contacto con él. Quería invitarle esta próxima Semana Santa a un viaje por la Ribeira Sacra entre Orense y Lugo para explorar unos paisajes sobrenaturales, visitar monasterios, navegar por los cañones del Sil y degustar pulpo del bueno en el municipio de Chantada, en el corazón mismo de Galicia. Unos amigos me dejaban una casa preciosa en una pequeña aldea y había que aprovechar el ofrecimiento. No pude dar con su paradero. Su móvil permanecía apagado y su correo electrónico, inactivo. Me puse nervioso. No respondía. Su madre, Paquita, entre sollozos, me confesó lo ocurrido: la policía le había echado el guante.

Sospechan que Pepe fue el responsable el año pasado de filtrar 40.000 documentos que demostrarían cómo evadían la pasta tranquilamente algunas grandes fortunas españolas. La amnistía de Montoro había repatriado a bajo coste algunos capitales y Pepe había descubierto en Madrid un bufete especializado en legalizar montañas de dinero sucio que al parecer tenía, digámoslo así, algunos fallos en la configuración de seguridad de sus servidores. Mi amigo hacker es un crack; pero es que, los muy pringados, además, se lo habían puesto a huevo. La policía emitió un comunicado donde anunciaban la detención de un “peligroso” pirata informático, ya ves tú, acusado de desvelar cómo legalizaron 150 millones de euros algunos potentados y aristócratas, entre ellos familiares del actual rey de España y también muy ilustres descendientes de altos cargos del franquismo. Entre los documentos descargados por Pepe, y distribuidos entre varios medios de comunicación digitales, figuraban descritos los lugares donde se ocultaban esos capitales opacos: Bermudas, Suiza, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá, entre otros escondrijos. La policía, aliviada, piensa que ha retirado de la circulación a un fisgón de primera. Quizá ahora muchos multimillonarios, como tiene que ser, queden a salvo de miradas indiscretas.

Confundido y triste por lo acaecido he pedido una excedencia en mi trabajo para poder echarle un cable a mi amigo Pepe. Acabo de abrir una campaña de crowdfunding para conseguir algún dinero para sus gastos, pero sobre todo, os lo cuento solo a vosotros, para que se agencie un móvil en el mercado negro que funciona en el interior del penal donde se aloja temporalmente, jeje. Así podrá dictarme instrucciones por teléfono con total libertad. Pepe se enfrenta a una condena de cinco años por revelación de secretos. Vaya que el único perjudicado de este fregado va a ser él; los demás se van a ir de rositas. ¡Como si lo viera!

También he iniciado una campaña en Change.org para pedir su inmediata liberación. Seguramente no sirva de nada, pero al menos levantará una ola de solidaridad con este hombre que ha logrado él solito poner sobre la mesa la forma de operar de esos delincuentes millonetis. Ha sido realmente hábil para desvelar, mediante los llamados papeles de la Castellana, la identidad de esos forajidos de cuello blanco. El año pasado mi amigo se convirtió en un héroe anónimo e inundó todos los telediarios con esa inmundicia económica, producto de un masivo fraude a Hacienda. Deberían, creo yo, excarcelarlo de inmediato, rendirle un homenaje público y erigirle, ¡qué menos!, una estatua en su pueblo.

Me he dirigido también de forma anónima, no os lo voy a ocultar, a unos cuantos hombres de negocios y financieros españoles de alto postín para que apoquinen la pasta. Sus nombres, guardadme por favor el secreto, todavía no han salido a la luz, pero que vayan con cuidado. Conservo en mi poder un pen que les hace trizas, que puede acabar con su reputación al instante, en cuanto a mí me de la gana publicarlo a través del buzón de la web filtrala.org. Ellos ya saben que su nombre puede quedar manchado de por vida. ¡Pobrecitos! Si queréis podéis llamarlo chantaje o extorsión, no me importa, pero lo cierto es que los tengo cogidos de los cojones. Les he pedido una importante suma de dinero para no divulgar sus nombres ni sus fechorías. En cuanto Pepe cumpla la pena que le imponga el juez, nos las piraremos a un paraíso fiscal con playas de arena blanca  y viviremos a cuerpo de rey con todo ese dinero a buen recaudo. Allí, alojados en un resort de lujo, porque a los informáticos también nos gusta darnos algún que otro capricho, podremos proseguir nuestra subversiva actividad contra este cruel y anacrónico sistema económico que tanto nos oprime.

Esos cerdos defraudadores, que pensaban que estaban a salvo, se van a enterar. Tenemos más nombres. Gracias al minúsculo pen que tengo escondido, esas respetables personas van a tener que soltar mucha guita si quieren continuar con su aparente vida social, figurando en saraos inmortalizados en el Hola o visitando asiduamente exclusivas clínicas de cirugía estética. ¿Qué se han creído? Les vamos a dar donde más les duele. Sé fuerte Pepe, ya falta menos para darnos la vida padre. ¡Aguanta Pepe!

Nota: Todo lo narrado aquí podría ser verdad hasta que algún fiscal, ascendido recientemente por el ministerio de Justicia, pudiera demostrar que se trata de pura ficción.

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