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Caza a la ballena

Un ballenero captura una pieza para su comercialización en Noruega.

Por Julia Castro / Foto: Agencias. Sábado, 25 de marzo de 2016

   Ecología

Dentro de unos días, Noruega dará comienzo a su tradicional campaña anual de caza de la ballena, según ha denunciado en las últimas horas la organización Avaaz, que defiende los derechos civiles en todo el mundo. Japón, Islandia y el país escandinavo son los tres estados balleneros que continúan con su actividad comercial contra este animal protegido, lo que ha levantado airadas protestas de la comunidad internacional. Pese a los anuncios de ceses y moratorias, lo cierto es que la caza indiscriminada continúa. En octubre del pasado año la Comisión Ballenera Internacional (CBI) volvió a rechazar la creación de un santuario ballenero en el Atlántico, una propuesta que partió de los países del hemisferio sur como Argentina, Brasil y Uruguay.

Según los últimos estudios científicos las ballenas son seres de una inteligencia superior, bellos e imponentes. Ahora sabemos que se comunican las unas con las otras a través del canto y que experimentan emociones similares a las de los seres humanos. Sin embargo, estos tres países hacen oídos sordos a los científicos, que alertan ante la posibilidad de que este hermoso animal termine desapareciendo de la Tierra algún día.

Noruega se las ha arreglado para pasar desapercibida como el país número 1 en caza de ballenas. La organización Avaaz ha realizado en los últimos días un llamamiento a la Comisión Europea, en el que asegura: “Como ciudadanos y ciudadanas preocupados, le pedimos al Gobierno de Noruega que termine con las masacres de ballenas, y a todos los demás que cierren sus puertos a los cargamentos noruegos de carne de ballena. Esta decisión sería el precedente que podría salvar a miles de ballenas y ayudar a terminar con su caza en toda Europa”.

El movimiento contra la matanza de ballenas ya ha logrado que Alemania y los Países Bajos se movilicen para cerrar sus puertos a los balleneros islandeses, y además ha conseguido que importantes empresarios nórdicos dedicados a la caza de ballenas hayan tenido que cerrar sus negocios. Avaaz está presionando a la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para que tome medidas contra la denominada caza “científica” de este animal, que no es más que un eufemismo para seguir con las matanzas. El objetivo sería la protección de al menos el 30% de los mares en el año 2030.

Sin embargo, de momento Noruega parece no querer escuchar las denuncias internacionales. Hace solo unos días, el Gobierno del país escandinavo anunció que no solo no detendrá la caza sino que pretende doblar su cuota de capturas. No obstante, la pesca solo será rentable si consiguen mantener los mercados para hacer efectivas sus exportaciones, y ello depende de que los puertos europeos les permitan sacar la carne de ballena al extranjero.

“Acabemos con el comercio noruego de esta especie mágica. Avaaz hará todo lo posible por convertir esta historia en una pesadilla para que aquellos que lo hacen dejen de cazar ballenas de una vez por todas”, asegura la organización cívica. A pesar de la prohibición de 1986 de la CBI sobre la caza comercial, algunos países se niegan a poner fin a sus operaciones en alta mar.

Japón

Casi inmediatamente después de que la prohibición de la caza de ballenas de 1986 entrase en vigor, Japón lanzó su programa de “cacería científica”, ampliamente reconocida como un encubrimiento para su operación de caza comercial. La carne de estas ballenas se vende en los mercados de alimentos o se distribuyen gratuitamente o a bajo coste en escuelas y hospitales con la intención de fomentar la comercialización para el consumo de la carne de ballena. La flota ballenera japonesa sale dos veces al año. Por lo general, en noviembre, los buques pueden llegar a matar hasta un millar de ballenas de minke o enanas. Más tarde, allá por el mes de mayo, los barcos balleneros se dirigen al noroeste del Pacífico, donde pueden cazar hasta 100 ballenas de  minke, 50 ballenas de Bryde y 10 cachalotes apelando a argumentos científicos.

Noruega

Este país sólo respetó la prohibición de la caza de ballenas de la CBI hasta 1993. Aprovechando un vacío legal en la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, se opuso a la moratoria de caza, y reanudó la pesca de ballenas de minke. Noruega establece su propia cuota para el número de ballenas a cazar y sus balleneros están autorizados a matar por razones comerciales. El número de piezas obtenidas ha ido subiendo, y de las 671 ballenas de minke en el año 2002 han pasado a más de 1.000 en la actualidad. Según los ecologistas, Noruega caza en la actualidad una mayor cantidad de hembras reproductoras, algo que podría poner en grave peligro la supervivencia a largo plazo de las ballenas minke en el Atlántico Norte.

Islandia

Al igual que Japón, Islandia llevó a cabo un programa “científico”  de caza de ballenas. En 1992, se retiró de la CBI. Cuando se reincorporó en 2004, incluyó una cláusula de reentrada, donde manifestó su oposición a la moratoria de caza. En 2006, Islandia reanudó su actividad de pesca comercial, dirigida a las minke y a los rorcuales comunes o ballena de aleta. Sólo en 2010, los balleneros de Islandia mataron a 148 ballenas de aleta y 60 ballenas de minke.

Matanza de ballenas en las Islas Feroe.

Cabe recordar que más de 30 países presentaron a finales del pasado año en Tokio una protesta conjunta ante la decisión adoptada por el Gobierno japonés de retomar en la Antártida su polémico programa de pesca de ballenas con fines “científicos”. La protesta, integrada por 33 países entre los que se cuentan todos los de la Unión Europea, además de Estados Unidos, México, Australia y Nueva Zelanda, se plasmó en una nota diplomática entregada al Gobierno japonés por el embajador neozelandés en la capital nipona, según detalló la agencia Kyodo.

Sin embargo, los balleneros nipones zarparon con rumbo a la Antártida por primera vez desde que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) resolviera en marzo de 2014 que Japón debía detener su programa pesquero porque claramente “no respondía a intereses científicos”. En su veredicto, la CIJ exigió a Tokio que redujera en dos tercios el volumen de capturas si quería retomar esta campaña.

De este modo, Japón reinició el programa reduciendo a 333 ejemplares de rorcual aliblanco la cuota máxima de captura, algo que en cualquier caso ha desatado las quejas de grupos ecologistas y de países miembros de la Comisión Internacional Ballenera (CBI). Japón, que firmó la moratoria total de las capturas con fines comerciales de ballenas que entró en vigor en 1986, emprendió al año siguiente programas de capturas científicas defendiendo que están amparadas por el artículo VIII de la Convención de 1946 de la CBI.

Sin embargo, estos programas han sido duramente criticados por muchos países que los consideran pesca comercial encubierta, dado que la carne de los especímenes capturados y estudiados es posteriormente vendida. Japón mantiene además otro programa de capturas con fines científicos que se desarrolla en el Pacífico Norte.

La organización Sea Shepherd Global denunció el pasado año que, por segunda vez esta temporada, las aguas de las Islas Feroe, en el Atlántico Norte, “se han vuelto rojas con la sangre de las ballenas piloto asesinadas”. Estas matanzas, que se realizan sobre grandes cetáceos, son conocidas como grindadráp o grind por los habitantes de este pequeño archipiélago, que se encuentra entre Escocia, Dinamarca y Noruega.

Sea Shepherd Global, dedicada a la conservación de la fauna marina salvaje, informó en aquel momento de que la manada de ballenas pilotos, también conocidas como calderones, “fue avistada a primera hora de la mañana, cuando eran conducidas a Hvannasund, al norte del archipiélago, donde fueron asesinadas”. Sea Shepherd, que llevó a cabo esta misión dentro de lo que denominaron como Operation Sleppid Grindini, estima que fueron exterminadas entre 20 y 30 ballenas piloto.

La embarcación de Sea Shepherd Brigitte Bardot estaba patrullando a 25 millas náuticas al sur de la región, donde se avistaron las manadas, aunque la organización reconoció que no fue capaz de llegar a tiempo al área. La responsable para la Operation Sleppid Grindini, Rosie Kunneke, comentó que “otra horrenda y sangrienta masacre fue permitida bajo la protección del estado policial en las Islas Feroe”. Y añadió: “Sea Shepherd se mantiene vigilante. No dejaremos que los gritos de estos magníficos animales asesinados dejen de ser escuchados”, asegura la organización.

Además, Sea Shepherd denunció el hecho de que, de acuerdo con las leyes feroesas que rigen el grindadráp, cualquier persona que visite las islas esté en la obligación de informar a las autoridades locales ante un avistamiento de ballenas y delfines para que los cetáceos puedan ser cazados. “Aquellos que no cumplan con las leyes, pueden enfrentarse a un arresto y procesamiento, con penas de 25.000 coronas feroesas, equivalentes a 3.000 euros, y encarcelamiento por dos años”.

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