Diego Carcedo, Humor Gráfico, Igepzio, Número 73, Opinión
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Aniversario sin euforia

Por Diego Carcedo / Viñeta: Igepzio. Viernes, 31 de marzo de 2017

Diego Carcedo

También en política y en diplomacia puede decirse que mientras hay vida hay esperanza. Fue lo que vino ocurriendo estos meses con el Reino Unido y la Unión Europea. Cualquier indicio de que en Londres pudiese producirse una reconsideración del abandono británico despertaba destellos de ilusión puestos en un arreglo de última hora. Esta posibilidad estaba respaldada por los datos que anticipan daños para las dos partes y pérdida de ventajas para los británicos que propiciaba que bastantes votantes del Brexit reconociesen abiertamente que su frivolidad había sido un error.

Finalmente, un error sin marcha atrás. El Brexit ya tiene su fecha, el día 29 de marzo de 2017, cinco días después de que los veintisiete que permanecen en la Unión celebren, cada uno con mayor o menor euforia pero todos como algo muy positivo, el sesenta aniversario de su fundación. Es un aniversario muy importante aunque se anticipa inevitablemente marcado por la crisis institucional que el proyecto atraviesa. El abandono del Reino Unido es un trastorno grave para todos pero además es un hecho muy simbólico del mal momento que la UE atraviesa y el preocupante futuro que la espera.

A la primera ministra británica, Theresa May, no le ha temblado el pulso en activar el Brexit con todas las consecuencias. El desenganche no será fácil, hay muchos aspectos con dinero incluido que se impone resolver, y las tiranteces están garantizadas. Y luego, cuando la tensión se relaje un poco, tendrá que imponerse el realismo en la búsqueda de una nueva fórmula de relaciones entre Gran Bretaña y cada uno de los países miembros de la Unión. En la práctica Londres tendrá que negociar por separado con cada uno cuestiones muy diversas. En el caso de España, por ejemplo, la situación de reciprocidad de los millares de residentes.

El mal ajeno nunca es deseable pero cuando se observa el panorama que se les abre a los británicos tampoco es nada envidiable. Además de los efectos económicos, comerciales y financieros que tendrá quedarse fuera, en el interior del Reino Unido la situación política y la unidad territorial se complica. De momento Escocia ya reclama un nuevo referéndum en el que el respaldo a la independencia es evidente que aumentará, estimulado por el deseo de permanecer en la Unión Europea que el Brexit la deja fuera. Con Irlanda del Norte, la parte más conflictiva del Reino Unido, el abandono tampoco será ni gratis ni bien recibido.

Los irlandeses del norte, que en su viejo conflicto siempre se mostraron mayoritariamente partidarios de estar bajo el paraguas de Londres, ahora empiezan a sentir que quedarse aislados del sur de la isla, de la República e Irlanda, con la que últimamente en la práctica no había fronteras, va a complicarles mucho la vida. Y lo mismo cabe decir de la pequeña y anacrónica colonia de Gibraltar, que por buena voluntad que muestre el Gobierno español en mantener relaciones fluidas, sus habitantes van a volver a encontrarse encerrados en su Peñón, con su libertad de movimientos y su economía reducidos a un territorio sin horizontes.

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