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And the Oscar goes to… PWC

Por Óscar González / Viñeta: Igepzio. Viernes, 3 de marzo de 2017

Óscar González

Los Oscar son esos premios que una vez tuvieron un glamour de la leche y hoy son un tremendo tostonazo en el que un montón de blancos sobrados de dinero se muestran unos a otros lo encantadísimos que están de conocerse. Como la ceremonia cada día huele más a cerrado, en los últimos años se han esforzado tanto como han podido para intentar que esta deje de ser el ladrillo infumable que es a día de hoy.

Pero si hace un par de años la anécdota de la gala fue el guantazo que se pegó la gran Jennifer Lawrence al subir a recoger su premio, este año han tirado la casa por la ventana y, directamente, han dado el premio a mejor película a la que no era, una situación que provocó bastante desconcierto y no poca indignación.

Al parecer, el problema estuvo en que el responsable de custodiar las tarjetas con los nombres de los galardonados se distrajo haciendo una foto a Emma Stone y luego se hizo la picha un lío con los sobres. Al menos, esa ha sido la versión oficial y, por lo que hemos sabido hoy mismo, el fulano en cuestión ya ha sido fulminantemente destituido. En España, en cambio, hay gente con cagadas bastante más apoteósicas que siguen tranquilamente aferrados a sus puestos. El Gobierno de Rajoy, con sus diputados y senadores aficionados a los juegos de Facebook y sus “que se jodan” serían un buen ejemplo de esto. La consultora Price Waterhouse Coopers (PWC) se ha dado toda la prisa del mundo en señalar al cabeza de turco y sacarse el marrón de encima, garantizando de esta forma que el año que viene seguirán siendo los elegidos por la Academia de Hollywood y que el más que suculento contrato seguirá engordando sus arcas.

En España conocemos bien a esta consultora. De una manera u otra, ha estado avalando muchos de los desfalcos y las decisiones cuestionables tomados en España en los últimos años. Sirva como ejemplo el caso del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, donde PWC fue la empresa encargada de estudiar y adjudicar el contrato público, que pasó de un coste inicial de alrededor de 470 millones de euros a un despropósito de más de 1.000 que, entre otras cosas, costó la cabeza a la Conselleira de Sanidade de la Xunta de Galicia, Rocío Mosquera, después de que más de 300.000 personas saliéramos a la calle a protestar por el atraco a mano armada. Entre otras muchas cosas, descubrimos (ojalá pudiera decir “con sorpresa”, pero no) que la hija de la responsable gallega del servicio público de salud era empleada de la consultora en cuestión, que hizo ganar mucho dinero a mucha gente cercana al Partido Popular.

Hay muchos más casos, pero el nombre de PWC no suele aparecer en los informativos, vayan ustedes a saber el porqué. Tal vez su cercanía al poder y su connivencia con el Partido Popular le garantizan una especie de patente de corso para hacer y deshacer a su antojo con pocas o ningunas consecuencias. A PWC le pagamos para que ayude a nuestros representantes públicos a retorcer hasta el límite la legislación sobre contratación pública, para que venda nuestros parques públicos de vivienda a fondos buitre (caso IVIMA, donde también aparecen) o para que forme en neoliberalismo del más asqueroso y rancio a gentes como Jordi Sevilla, Luis de Guindos o Jaume Matas. Uno casi se atrevería a afirmar que existe, ya no una puerta giratoria, sino directamente la boca de un túnel que conecta a esta empresa con los cargos de poder en España, pero posiblemente esto no lo leerán en los medios de masas, porque estarán demasiado ocupados sacando a Pablo Iglesias besándose con su pareja.

Hay una cosa en la que los americanos demuestran la ventaja que nos llevan: ellos, al menos, han buscado un cabeza de turco al que cargarle el muerto por el gazapo de los premios. Nosotros no solo no buscamos culpables, sino que tapamos a entidades siniestras y oscuras como PWC que operan, sin pudor ni vergüenza, contra la mayoría de nosotros.

A modo de conclusión, me permito dar un consejo a los señores de PWC América: si tienen problemas con la gestión de los sobres de los premios, esperen unos años a que se jubile nuestro presidente del Gobierno y hagan girar la puerta una vez más. Estarán en manos de un verdadero profesional.

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