Cine
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Un manjar visual

Por Marc Escafi. Viernes, 24 de febrero de 2017

      Cine

Delicatessen es, hasta la fecha, una película inigualable, una gran obra visual que complace y espanta a partes iguales los sentidos de los espectadores, pero ante todo es la mejor comedia antropófaga que se ha rodado jamás. La película nos sitúa en un lugar y en una época indefinidos, aunque por el contexto podemos adivinar que es una Francia post-apocalíptica, no podemos definir un marco concreto. Los primeros segundos del film se componen de una serie de planos descriptivos del exterior de un edificio en ruinas cubierto por una niebla amarillenta, caos, polvo y destrucción, y es en este bloque de pisos donde se desarrolla la historia.

El edificio en cuestión está habitado por unos personajes un tanto pintorescos; una prostituta, una familia con unos niños traviesos y una abuela senil, un matrimonio que oye voces, dos pobres artesanos que fabrican juguetes obsoletos, un señor que vive en una charca con sapos y caracoles, un carnicero que vende algo más que carne de cerdo y su infeliz hija. Imposible no acordarse de ésas famosas historietas de Francisco Ibáñez en las que en una comunidad de vecinos cada cual estaba mas trastornado que el anterior. Pues bien, la vida de estos personajes se ve agitada por dos motivos; el primero, la época de hambruna que viven causada por lo que imaginamos que es una escasez de alimentos a nivel mundial, y que consecuentemente ha llevado a la ésa y a otras comunidades a consumir de manera forzada carne humana; y el segundo, el nuevo inquilino del último piso del edificio, un exartista de circo que al perder a su compañero de espectáculo se ve en tal miseria que busca cualquier trabajo para sobrevivir y que encuentra un empleo como chico de mantenimiento de este peculiar edificio, desconociendo por completo que todos los que alguna vez ocuparon su puesto terminaron siendo parte de la oferta de la carnicería. Dirigida por Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro en 1991, la película destaca por una estética única llena de primerísimos planos, información en colores y enfoques extraños (detalles que formarán parte de la trayectoria de Jeunet y que podemos ver en otras obras suyas mas actuales como Amelie o Micmacs). También cabe destacar tanto los sonidos como la música, que son claros protagonistas del film. Además no podemos olvidar que esta producción sorprende por ser una mezcla de géneros: la comedia y el terror.

Subjetivamente, la película tiene un defecto, y es un argumento mal desarrollado. En los primeros tres cuartos de hora del film tan solo vemos descripciones de los personajes y de sus situaciones y no es hasta los últimos tres cuartos de hora cuando ocurre la verdadera trama y se desarrolla el argumento en sí, haciendo que la película tarde demasiado en “arrancar” y derivando en una exposición caótica y acelerada. En conjunto, el film resulta una buena obra; con una caracterización espléndida (muy típica del cine francés), una ambientación escenográfica muy conseguida, unos travellings geniales y unos picos de humor que te harán reír entre tanta inquietud. Podríamos decir que Delicatessen es una película para verdaderos gourmets.

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