Adrián Palmas, Humor Gráfico, Número 69, Opinión, Xavier Latorre
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¿Selección natural?

Por Xavier Latorre / Viñeta: Adrián Palmas. Viernes, 3 de febrero de 2017

Xavier Latorre

¿Nanotecnología? Los seres humanos nos creemos que somos la leche por investigar y crear estructuras superútiles a escala microscópica. Los avances científicos nos hacen olvidar que una mosca es un artilugio vivo que tiene unos tendones, o como demonios se llamen en entomología, con los que mueve vigorosamente las alas hasta quedar libre de la amenaza de un niño aburrido que pulula a tres metros a la redonda. Una mosca cojonera en la Casablanca es un producto humano de la era tecnológica en dónde una batería de mentiras, adornadas con unas gotas de cabreo ancestral y frustración generalizada, han consagrado a un botarate como presidente de los Estados Unidos.

¿Biotecnología? Plásticos biodegradables, terapias génicas, medicina a la carta… Tampoco parecemos muy avispados si nos creemos los rollos de Teresa May o de Marine Le Pen que focalizan la falta de empleo y de expectativas en sus países en un puñado de inocentes trabajadores extranjeros que se pasan el puto día currando. Nos venden que los culpables de que algunos vivan como dioses, evadan impuestos y se dediquen a especular son los propios trabajadores pobres o pobres trabajadores, tanto da. ¡Habrase visto!  Las mutaciones en tramposos están de moda. El homus corruptus se ha impuesto al resto.

¿Astrofísica? La Tierra, sin que nadie se lo mande, gira alrededor del Sol las veces que haga falta para que se produzcan cosechas o para que los ríos puedan tener un caudal de agua suficiente para llegar al mar. La especie humana, que va de sobrada, lo que consigue es fabricar lentes muy potentes para poder ver una tormenta solar o una manchita lejana que, dicen, se halla ubicada en otra galaxia lejana. Ese mismo físico que observa el cosmos, a través de un  telescopio de última generación, es incapaz de ver como en sus propias narices se la están pegando un grupo de políticos, compinches todos ellos, trapicheando con las obras públicas, bajo los entramados de las UTE bien articulados, como en Catalunya, dónde metían mano en la caja común. Cuando el ciudadano medio es atrapado en la órbita de esos corruptos la inercia es sentirse atraído por el político hipócrita que le venderá la moto con una sencillez pasmosa. Unos políticos que mantienen latente un odio irracional al otro para echar mano de ese miedo recurrente a su antojo y hacer uso de él cuando se requiera.

¿Robótica? El ser humano no ha parado de ingeniar sofisticados inventos, pero ninguno tan sutil y tan ambiguo como un señor llamado Trump. Ni siquiera los algoritmos que nos ayudan a discernir con sentido común (dicen que Facebook tomaría mejores decisiones sobre nuestras vidas que nosotros mismos) alcanzan la perfección de este vanidoso y sectario político norteamericano. Unos asesores de imagen, a sueldo del mejor postor, han ideado un charlatán atiborrado de desfachatez. Y lo han puesto de moda, como si fuera un perfume navideño y lo han hecho circular en las redes sociales a la velocidad de la luz. ¿Cómo puede la humanidad crear naves espaciales que nos lleven a Marte y al mismo tiempo darle el poder a rufianes, multimillonarios cursis, viscerales misóginos, nocivos racistas, de sobrado mal gusto y engreídos? La inquieta mente humana parece sentirse atraída por todo ese evidente peligro. ¡Ingenuos! ¿Estaremos abducidos por una especie de incoherencia sideral? ¿Hay algún neuropsiquiatra en la sala que nos pueda echar una mano?

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Adrián Palmas

 

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