Humor Gráfico, Igepzio, Número 70, Opinión, Óscar González
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Recetas de buhonero

Por Óscar González / Viñeta: Igepzio. Viernes, 17 de febrero de 2017

Óscar González

Hace ya bastantes años, por estas contradicciones que tiene la vida moderna, me encontré trabajando para el enemigo, es decir, para una gran multinacional del sector de banca/seguros. Una de las cosas positivas de mis años en esa empresa fue que aprendí bastante sobre el funcionamiento de los productos financieros de ahorro más comunes, desde planes de pensiones a depósitos bancarios. La rentabilidad que ofrecen estos productos depende de diferentes factores, entre ellos el riesgo que el cliente está dispuesto a asumir o lo diversificada que esté la cartera de inversiones, pero también las comisiones de gestión que cobra la entidad con la que se contratan.

Como siempre he sido bastante friki, me dediqué a estudiar los productos de ahorro más comunes en España. Descubrí que los depósitos y fondos de inversión con la coletilla “garantizado” suponían más del setenta por cien del mercado, y que sus rentabilidades medias rondaban, por aquel entonces, el tres por cien. Con esa rentabilidad, cien euros tardan alrededor de 24 años en convertirse en doscientos, un dato que a muchos les hará pensar algo así como “menuda puta mierda” y que, por regla general, no les darán en su banco. Tampoco les contarán que a esa rentabilidad hay que descontarle la inflación, lo que sube el coste de la vida de un año a otro, ni que la inflación media desde que España entró en el euro ha rondado el tres por ciento ni, por supuesto, que si a ustedes les pagan un tres de rentabilidad y la vida sube otro tanto, ustedes se quedan como estaban. Apliquen fiscalidad y comisiones y, casi con total seguridad, perderán dinero. O, para ser exactos, ganarán dinero (tendrán más), pero perderán poder adquisitivo.

Este rollo que acabo de soltar viene a colación de la comparecencia del gobernador del Banco de España ante la comisión del Pacto de Toledo, en la que propuso varias medidas para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones, entre ellas subir la edad de jubilación y fomentar la contratación de planes de ahorro privados.

Si el hecho de abogar por fomentar el ahorro privado no es bastante insultante de por sí, pensar que la propuesta sale de boca de la máxima autoridad bancaria en España causa indignación, porque les aseguro que en ese organismo hay grandísimos profesionales de la economía que conocen a la perfección esta problemática que les acabo de describir. En el Banco de España también saben que la capacidad de ahorro tiene que ver con la renta disponible, y que esta no ha hecho otra cosa que mermar desde la explosión de la burbuja inmobiliaria y las políticas aplicadas por los gobiernos del PSOE y del Partido Popular, que han devaluado los salarios de la clase trabajadora hasta el punto de que el empleo ya no garantiza la no pobreza. Y también saben, o deberían, que si una familia tiene que sobrevivir con seiscientos o setecientos euros mensuales –las que los cobran– la capacidad de ahorro es nula para la unidad familiar, no hablemos ya de cada uno de los miembros.

La idea de retrasar la edad de jubilación es también significativa, porque parece entender que el problema de sostenibilidad del sistema es que hay demasiados pensionistas y no que faltan cotizantes o que, los que hay, aportan poco a la caja de la Seguridad Social a causa de sus salarios de mierda. En cambio, el banco central español ha descartado la posibilidad de aumentar las cotizaciones. ¿Tendrá algo que ver con que es una medida que, proporcionalmente, afectaría más al empresario que al trabajador?

En cambio, el Banco de España no ha considerado algunas opciones como el fomento de la contratación, las subidas por ley de los salarios mínimos, la lucha contra la economía sumergida, un mínimo control sobre los procesos de subcontratación, la Renta Básica o el Trabajo Garantizado.

Cualquiera diría que el Banco de España actúa como aquella empresa de la que les hablaba: regalándonos una píldora de ideología neocon detrás de otra, siempre con el disfraz de “el único camino sensato”. Al menos se han cortado de sugerir a los jubilados cámaras para la auto-eutanasia como las que salían en Cuando el Destino nos Alcance. Algo es algo.

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Igepzio

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