Número 70
Deje un comentario

Microrrelatos de Setsuko

Por Setsuko Monogatari.  Viernes, 17 de febrero de 2017

  Ficciones

Fantasía funcionarial de perversión liviana

Después de haber tenido que entrar en contacto con ciertos representantes de la Administración (esos de apariencia respetable –o no– que suelen tomarse tan en serio a sí mismos como poco a su trabajo y a quienes acudimos a ellos) a los que a partir de ahora me referiré como “funcionarios mala gente”, muchas más veces de las que me hubiera gustado, que es ninguna, he llegado a desarrollar una fantasía ligeramente perversa que alivia en parte la frustración y el cabreo resultado del contacto forzoso durante el que te someten a su prepotencia y malos modos cuando parecen dignarse, con fastidio y displicencia, a… ¿atenderte? haciéndote sentir poco menos que como si te concedieran la gracia de seguir vivo. Y es: cada vez que un funcionario mala gente, parapetado en la seguridad que le ofrece su puesto fijo, se permitiera tratar mal a quien va a solucionar uno de esos engorrosos trámites que suelen poblar el enmarañado mundo de la burocracia, sería bonito que recibiera por parte de esa a quien representa, principio y fin últimos de su razón de ser laboral, la Gran Diosa Madre Administración, una admonición materializada en forma de colleja preternatural consecutiva, de potencia media (esto es: suficientemente contundente como para que el interfecto acusara el impacto, pero no tanto como para dejarlo baldado a la primera), aunque variable, según el grado de la falta, de modo que a fuerza de recibir colleja por falta, de no resultar ser más imbéciles de lo que con su actitud ya demuestran ser, los funcionarios mala gente terminaran vinculando una cosa con la otra y, si bien no tanto por convicción cuanto por mantenerse incólumes, fueran mejorando paulatinamente su atención y trato. Los usuarios por nuestra parte podríamos identificar a primer golpe de vista a los bordes recalcitrantes por la hinchazón y/o enrojecimiento de sus nucas, señal inequívoca que nos permitiría localizar al funcionario más aceptable, el de la menos dañada, y en caso de no poder elegir, prepararnos para lo que se nos viniera encima, contando, eso sí, en caso de reincidencia, con la satisfacción del correspondiente correctivo.

Alevosía

Desde una viga del techo, embozado e inmóvil, se esfuerza en distraer el pensamiento planeando la mirada por el patio de butacas: retrasados que se apresuran a ocupar sus asientos, abanicos que aletean ceñidas pechugas blanqueadas, cuchicheos y risitas revoloteando por doquier, algún despistado pendiente del escenario… En pocos minutos, cuando la sala quede a oscuras, saltará hasta la enorme araña de cristal y, de un impulso, sobrevolando respaldos y cabezas, aterrizará en el palco donde, la que no hace mucho fue su alondra querida, recibe las atenciones de un servil pollo almidonado. Entretanto, la daga late vehemente en su pecho.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *