Humor Gráfico, Número 69, Opinión, Óscar González, Sergio Periotti
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A la sombra del poder podrido

Por Óscar González / Viñeta: Sergio Periotti. Viernes, 3 de febrero de 2017

Óscar González

De todo el imaginario de rancios y trasnochados que campa por esa organización mafiosa llamada Partido Popular, mi favorito es Arsenio Fernández de Mesa. Me encanta esa forma en que se viste y se peina, sin complejos, como el fascista que siempre fue. Me fascina su cara, más dura que Harry el Sucio, y la piel que la cubre, extrañamente tersa para un jardinero, salvo que nunca haya ejercido como tal. Pero, por encima de todo, me pierde esa chulería innata que se gestiona y que posiblemente aprendió cuando salía por Ferrol a moler rojos y sindicalistas a palos, mientras el equipo médico habitual se esforzaba en mantener con vida a aquella Cerillita que tardó demasiado en apagarse.

La carrera de Fernández de Mesa es un ejemplo de lo mucho que se puede medrar si uno se acerca a las personas adecuadas y tiene pocos escrúpulos a la hora de separar nalgas con la lengua. Amigo personal de Rajoy y guerrillero de Cristo Rey, fue el primer presidente de Nuevas Generaciones en Ferrol cuando el Partido Podrido todavía se llamaba Alianza Popular. Desde ahí, su ascenso fue más veloz que el de un Sputnik: fue concejal en el ayuntamiento de Ferrol, diputado en Cortes durante siete (¡SIETE!) legislaturas y, en mayo de 2000, nombrado delegado del Gobierno en Galicia. En ese puesto lo pillaría el hundimiento del Prestige, en cuyo trágico desenlace jugó un papel fundamental su incompetente gestión.

El Prestige cubrió de negro toda la costa gallega, pero el fuel no llegó a manchar la carrera del buen Arsenio, tal vez porque la mafia cuida de los suyos, especialmente de los mamporreros. Tras unos añitos en el Congreso, en el año 2011 sería designado director general de la Guardia Civil, un puesto en el que destacó por intentar tapar los muchos desmanes cometidos por distintos mandos más o menos afines y por perseguir con la obstinación de un perro de presa a aquellos agentes que abogaban por una democratización del cuerpo, mientras guardaba un denigrante silencio ante la fiesta a la que asistió Tejero en dependencias del Grupo de Reserva y Seguridad de Valdemoro.

La ignominiosa lista de méritos (o deméritos, según se mire) del siniestro Arsenio se completó con uno de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente: la matanza de trece subsaharianos en El Tarajal. El hombre al que solo falta una “c” para ser arsénico negó la mayor y dijo que no se habían utilizado pelotas de goma contra los negros que intentaban llegar a la orilla, algo que desmintieron más pronto que tarde diversas grabaciones de vídeo. Lejos de costarle el puesto, se fue tranquilamente por la puerta principal, no sin antes encargar un retrato en el que aparece vestido con galas militares y que perfectamente podría haber sido pintado por Jacques Louis David, el pintor de cabecera de Napoleón Bonaparte. Así de moderno es nuestro hombre.

En estos últimos días, nos hemos enterado de que Cuco, como le llamaban sus compinches en los Guerrilleros, ha fichado por Red Eléctrica, una de esas inmaculadas compañías que contratan políticos por sueldos multimillonarios. El síntoma de una enfermedad que aqueja a nuestra comatosa democracia y que nos obstinamos en no tratarnos. El enésimo caso de puerta giratoria, de político que acaba en una eléctrica de esas que cortan la luz a las abuelas para que acaben vuelta y vuelta. El último insulto a una democracia pobre a la que esta gentuza se ha empeñado en horadar desde dentro, desde el día mismo en que Arias Navarro lloró en televisión.

En un país serio, Cuco habría sido procesado por su papel en el asunto del Tarajal. En el nuestro, le pagarán ciento setenta y pico mil euros al año por ejercer de correa de transmisión entre sus amigos del Gobierno y sus compis de curro, un trabajo en el que saldremos perdiendo los ciudadanos, como casi siempre. Aunque bueno, en un país donde el Gobierno se inventa un impuesto al Sol, hay que poner en valor que Red Eléctrica se haya decidido a apostar por el verde. Y hay que reconocer una cosa: de calentar gente, Arsenio Fernández de Mesa sabe bastante.

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SERGIO PERIOTTI

Sergio Periotti

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