El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 69, Opinión, Rosa Regàs
Deje un comentario

La codicia de las guerras

Por Rosa Regàs / Viñeta: El Koko Parrilla. Viernes, 3 de febrero de 2017

@rosaregas

De las guerras de Afganistán, Irak, Yemen, Libia y Siria, todas ellas ocurridas en la era Obama, la del presidente que tanto nos gustaba y nos gusta aún y no solo a la vista de lo que nos espera ni por la soltura con que bajaba la escalerilla del avión que lo transportaba por el mundo, de todas ellas, digo, la de Siria es la que más se puede calificar como ejemplo de real guerra imperial, porque los agresores no tenían la más mínima excusa para atacar a ese plácido país con 4.000 años de historia y menos con la ferocidad con que lo hicieron y lo siguen haciendo.

Quizá a los americanos y a los doctos europeos no les gustara Al-Asad, su presidente, pero aun así desde hacía años gobernaba un país de mil religiones, ideas y tradiciones con una paz casi celestial, sin terrorismo interior ni exterior, ni excesos de delincuencia, ni cárceles llenas; se regía por una legislación, un respeto a los derechos humanos y una política social acorde con sus variadas creencias; acogía un gran número de turistas que volvían encantados de sus viajes; desarrollaba una industria tradicional cada vez más moderna, tenía una sólida red de comercio interior y exterior así como muchas y variadas actividades culturales que daban estabilidad a su convivencia, su economía y un bienestar de la población muy por encima del que disfrutaban los demás países de Oriente Medio y mantenía unas relaciones con su orgulloso y pro americano vecino Israel, sino cordiales al menos inteligentes y relativamente tranquilas haciéndose cargo de sus recortes territoriales y de la expulsión de cientos de miles de palestinos. Por si fuera poco, y no como su vecino, cumplía al pie de la letra las decisiones y resoluciones de las Naciones Unidas. ¿Qué más quería Occidente?

Pues bien, sin pretextos para la invasión, pero enloquecido por su afán guerrero, EE.UU siguió las directrices de la OTAN, experta en intervenciones militares y de todo tipo, y las de las ansias imperiales en la zona de Israel y Arabia Saudí, se dejó vencer por la codicia y decidió acabar con Al-Asad, aliado de Rusia. Así fue como creó un grupo opositor con el rimbombante nombre de algo así como partidarios de la libertad, al que se le dio dinero, armas y miles de mercenarios asesorados y entrenados por sus propios mandos y en las fronteras estableció campamentos de entreno y sustitución de fuerzas de combate de los ejércitos que día a día, mes a mes y año a año destruyeron Siria sin vencer jamás porque no contaron con la oposición interior que ningún medio europeo ni americano reconoce ni con la ayuda de Rusia. Y fueron directos al fracaso y al espantoso desastre que conocemos. Todo ello sin contar con la ayuda a los yijadistas y a su fundación que ya nadie niega, ni siquiera la propia OTAN.

Hoy los EE.UU gozan del privilegio de haber destruido un país que no suponía ninguna amenaza para sus vecinos ni para el mundo, solo una piedra en el zapato de Israel y Arabia Saudí; de haber dejado trescientos mil ciudadanos sirios muertos y haber provocado un éxodo millonario que vaga exánime de hambre y frio por los caminos de la desalmada Europa. Para EE.UU esto no son más que daños colaterales y se quedan tan anchos, nada puede importarles menos.

Es difícil comprender qué le reporta esta guerra a los Estados Unidos, a menos que tengamos el coraje de reconocer que a los valores de los que presumen como democracia, justicia para todos y libertad, antepone –como nosotros hacemos con nuestra industria de muerte– el negocio de su armamento que exige cada vez más guerras, que sean cada vez más virulentas, y cada vez más duraderas.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

@Elkokoparrilla

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *