Número 68, Opinión, Xavier Latorre
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Un honorable reo

Por Xavier Latorre / Foto: Efe. Viernes, 20 de enero de 2017

Xavier Latorre

Un oriundo de un pueblo de Cuenca logró un día un sueño inimaginable: un tal José Luis Olivas alcanzaba la presidencia de la Generalitat Valenciana de rebote. Heredaba el cargo de Eduardo Zaplana, cuando éste fue nombrado ministro de Aznar. De esa forma, en el 2002 fue nombrado Molt Honorable President. Quince años después este abogado, experto en puertas giratorias, acaba de ser condenado a un año y medio de cárcel por un juzgado de Valencia. Olivas pactó una comisión irregular con el sobrino del artífice valenciano de muchos asuntos turbios, Juan Cotino, ex director general de la Policia, exconseller de varias cosas y ex presidente del Parlamento Valenciano por asesorarle ficticiamente.

El pariente de este polémico y veterano político de Xirivella, Vicente Cotino, también condenado, quien además ha sido también acusado de sufragar al PP a través de la trama Gürtel, quería vender las participaciones que su empresa, SEDESA, poseía en un grupo empresarial que explotaba molinos de viento. Para ello recurrió a Olivas que presidía Bancaixa, el Banco de Valencia y que figuraba apoltronado en otros muchos sillones como el de vocal en el consejo de Iberdrola. Olivas dice que le asesoró y que por ello cobró medio millón de euros. A la jueza, al pedir pruebas de ese acto mercantil, le mostraron tres folios insípidos, ambiguos y generalistas. El folio salía a unos 165.000 euros, lo que no está nada mal para un plagiador profesional. Al parecer no le alcanzaban los abultados sueldos que recibía y tenía que asesorar de mentirijillas a tipos de trayectoria poco ejemplar.

Es algo parecido a lo acontecido con Martínez Pujalte, Don Vicente, otro que tal. Este político del PP asesoraba de palabra, en el bar, también a empresarios sobre la dichosa energía eólica, una energía que si vemos ambos casos no debía ser muy limpia que digamos. Unos ventiladores gigantes, los de Cotino, estaban ubicados en territorio valenciano; los otros, los de los amigos de Pujalte, pretendían colocarse en Castilla y León. Había, al parecer, que airear la corrupción. ¿Imaginan cuánto se habrán ventilado estos señores a cuenta de los planes eólicos?  El señor Pujalte, siendo diputado, facturó solo en 2015 un total de 3,5 millones de euros susurrando al oído de ricachones dónde invertir la pasta. El camarero del bar jamás llegó a enterarse que un café daba para tanto. Al parecer, a este amigo íntimo de Zaplana tampoco le alcanzaba el sueldo de diputado. ¿Demasiadas coincidencias en el modus operandi del saqueo?

La factura presentada por Olivas a Cotino también era más o menos de oído. La Abogacía del Estado (el perjuicio al fisco se cuantificó en 150.000 euros) declaró en la vista que se debía tratar del cobro de un favor inconfesable. Puede ser, conociendo a ambos, que fuera además sobre algo ilícito. El honor de los valencianos está ahora mancillado, manchado y ultrajado. Uno de sus presidents era un aprovechado de cuidado. Este venerable señor de 64 años ha comenzado con mal pie, ¡pobrecito!, su peregrinaje por los juzgados. José Luis Olivas deberá responder también, sucesivamente, ante el juez Andreu por la salida a Bolsa de Bankia de la que era vicepresidente y también deberá sentarse en el banquillo por operaciones de Bancaixa poco edificantes como las inversiones fallidas en el Caribe mexicano. En el proyecto Grand Coral aparecen fuertes sospechas de estafa y de blanqueo de capitales.

¿Cómo reparamos el honor de los valencianos: le quitamos el tratamiento de honorable, le dejamos sin chófer y sin secretaria, le declaramos mal hijo adoptivo de Valencia, lo deportamos a Cuenca, repartimos su biografía de delincuente ilustre por los colegios para que las generaciones venideras vean qué presidentes nos gastábamos? Lo suyo sería que cuando acabe su periplo judicial, el señor Olivas, a secas, utilice de nuevo la puerta giratoria para ingresar en Picassent, la cárcel donde residen algunos de los que fueron sus compañeros de armas políticas o en el penal de Ocaña, cercano a su localidad natal. Su gestión fue lo más: nos dejó sin bancos, despilfarró a su antojo y fue, doy fe como valenciano, un presidente nefasto. ¡Vaya currículum! A los valencianos nos representó un aprovechado don nadie. Vaya con las escuchitas y los secretitos de mala educación. ¡Listillos!

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