Ben, Humor Gráfico, Número 68, Opinión, Rosa Regàs
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Tertulias

Por Rosa Regàs / Ilustración: Ben. Viernes, 20 de enero de 2017

@rosaregas

Al principio de la democracia, cuando proliferaron debates en radio y televisión no censurados, fuimos muchos los que nos enganchamos a ellos. Era insólito ver debatir a los ciudadanos con cierta libertad. A veces nos convencían los de siempre y otras aparecían desconocidos que intentaban defender ideologías hasta entonces prohibidas. Todos eran cautos y parecían respetuosos, lo cierto es que los verdaderos franquistas vivían entonces agazapados esperando su momento.

Pero a medida que se ponían más agresivos y tensos nos fuimos cansando, aunque no tanto como ahora, que ya no resistimos tanta afirmación sin demostrar, tanta violencia, tanto insulto solapado y tanto dar por seguras afirmaciones políticas que nunca fueron demostradas ni referenciadas y que ningún intelectual decente osaría afirmar ni defender utilizando la misma descalificación y manipulación informativa de esa mayoría de tertulianos que nos invade.

Somos muchos, pues, los que hemos dejado de ver estos debates y buscamos en los periódicos que nos parecen más honestos, sean de papel o digitales, informaciones y opiniones que no se nos impongan a base del siniestro guirigay.

Contrariamente a lo que ocurría al inicio de la transición, hoy los franquistas o sus sucesores, han adquirido vigor, al menos de voz, se han vestido con el ropaje de la democracia para ocultar la falsedad, la desmemoria y la manipulación e imponen con fuerza una versión de los hechos pasados y presentes que nadie en su sano juicio reconocería, convencidos de que los suyos los han repetido tantas veces que ya los acepta sin rechistar buena parte del público. Los oponentes no se atreven a responder con las armas de esos neoliberales, herederos de un pasado que se niegan a condenar. O les falta potencia de voz, o su ideología, aun siendo amante del debate, no parece aceptar la descalificación y el insulto.

Por esto nos sorprendió la respuesta del economista Juan Torres que, abrumado por la tergiversación de su propia biografía que un tertuliano le lanzó a la cara a gritos, salió del plató para decirnos sin palabras que así no se entiende el debate político.

O el artículo en Público de Lidia Falcón contestando al de Cercas, tan famoso por “embellecer en sus novelas la versión golpista de la guerra civil y la monarquía”, que en El País arremetía sin piedad contra el líder de IU Alberto Garzón por ser crítico con la avenencia a la Transición del partido comunista, que entre otras cosas aceptó la monarquía y su bandera contra las que había luchado.

Y es que en el mundo de los intelectuales españoles son pocos los que debaten habiendo investigado lo que dicen. Por esto gritan. Véase, no me canso de repetirlo, la nueva edición del libro de Sánchez Cuenca, La desfachatez de los intelectuales, que incluye la respuesta de los aludidos.

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BEN

@BenBrutalplanet

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