Número 68, Opinión, Óscar González
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Bajo el nogal de las ramas extendidas, yo te vendí y tú me vendiste

Por Óscar González / Foto: Efe. Viernes, 20 de enero de 2017

Óscar González

Pues nada, ya tenemos la resolución del recurso que la Fiscalía había presentado contra la sentencia de la Audiencia Nacional que absolvía al cantante César Strawberry, del grupo Def Con Dos, por un supuesto delito de apología del terrorismo y humillación a las víctimas. Y el fallo, haciendo honor a su nombre, es una aberración más en ese camino a ninguna parte en que se ha convertido el tratamiento de las libertades públicas desde hace algunos años.

A cualquiera que se considere un demócrata debería inquietarle profundamente que el derecho a la libertad de expresión, uno de los que más embellece nuestra prostituidísima Constitución, se encuentre más amenazado que el lince ibérico desde que en el año 2011 le regalamos el Gobierno de España a la gentuza del Partido Popular. Las reformas operadas en el Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal o la conversión de la Ley de Seguridad Ciudadana en Ley Mordaza han ido limitando cada vez más el campo en que se mueve ese derecho en teoría inviable, hasta el punto de que a día de hoy es poco más grande que el zulo en que ETA mantuvo encerrado a Ortega Lara. Esta última frase, en manos de un buen fiscal, podría llevarme de paseo hasta el antiguo Tribunal (fascista) de Orden Público, hoy reconvertido en Audiencia Nacional. Todavía tengo esculpida en la memoria la frase que definía a la AN en mis apuntes de Derecho Procesal: “Se creó donde se asentaba el antiguo Tribunal de Orden Público y se le dieron competencias en materia administrativa y laboral para ENMASCARAR su origen preconstitucional”. Recuerdo que, en su momento, me pregunté por qué la ubicación de un órgano jurisdiccional era lo bastante importante para destacarla en una lección. Los años me han hecho entender que lo que pretendía transmitirnos aquella profesora no tenía nada que ver con el edificio en sí. El mundo es mucho más bonito cuando uno es ingenuo. Tal vez por eso se añora la infancia a medida que nos vamos haciendo mayores.

La condena a Strawberry profundiza aún más en el descrédito de nuestro sistema democrático, si es que tal cosa es posible, porque el músico no es más que una advertencia. Lo que se busca no es condenar al cantante de Def Con Dos por sus tuits, sino generar un estado de miedo en el pueblo. Un miedo tremendamente útil a los que mandan, porque la parodia, la ironía y el escarnio han sido elementos discursivos utilísimos para subvertir la imagen de los poderosos, los que cometen mil tropelías tras sus impostadas fachadas de respetabilidad.

Empezó con el secuestro de El Jueves por representar a los príncipes entregados “al fornicio” (se ve que los borbones se reproducen por esporas y de ahí que haya tantos), siguió con los procesamientos de Facu Díaz o Guillermo Zapata y se concretó en la detención de los titiriteros por representar una obra clásica del género de títeres de cachiporra. Luego llegó Strawberry y, ahora, una chica se enfrenta, por un chiste sobre Carrero Blanco, a una pena mayor que los directivos que se conchabaron para desplumar las cajas gallegas y nos costaron 9.000 millones de euros y algunas vidas de gente que decidió quitarse de en medio por desahucios o por sentirse demasiado mal por haber sido estafados con unas preferentes. Un sinsetido de proporciones hispánicas.

Y dicho esto, y como me he puesto muy serio y esto es una revista satírica, me van a permitir que me despida con un chiste que me contó una amiga estadounidense:

¿Por qué se dice que falló el coche de Carrero Blanco?  Porque era un Dodge (esquivar).

Si me llega la citación, se lo cuento en otro artículo.

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