Ada Colau, Número 67
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No era “su” mujer

Por Ada Colau

@AdaColau

Un hombre ha asesinado a una mujer en Barcelona. No digo “su” mujer, aunque estuvieran casados, porque precisamente el hecho de considerarla “suya” ha sido, en este caso, el injustificable motivo de este horrible crimen.

Resulta que el hombre era conocido, un periodista famoso.

La mujer era médica en un ambulatorio de barrio.

Los primeros artículos de prensa se llenaron de datos sobre la biografía de él. Nos explicaban su vida profesional, sus logros, sus apariciones públicas y opiniones políticas… también nos daban detalles de su enfermedad, de su reciente operación…

De ella ayer no sabíamos ni el nombre, porque los primeros titulares hablaban de “su esposa”, y siempre de forma pasiva, como objeto directo de oraciones en las que el sujeto era él, el asesino.

Que él la hubiera matado parecía algo secundario porque la noticia era que él, alguien importante, había muerto.

En Plaza Sant Jaume convocamos un minuto de silencio para mostrar el absoluto rechazo de esta ciudad hacia los asesinatos machistas. Estaba segura de que la plaza se iba a llenar, y que los y las que no podíais venir, haríais ese minuto allá donde estuviérais. Así fue.

Mientras tanto, habrá tiempo para los matices, habrá tiempo para los detalles de interés periodístico, pero la noticia que hoy debe interpelarnos, la que debemos exigir por rigor y por justicia, es esta: “La doctora Victoria Beltrán ha sido asesinada por su marido”.

Hoy lo importante no es él, sino ella, y el injusto sufrimiento de su familia, amigos y compañeros de trabajo a quienes esta ciudad acompaña en su dolor.

Que la fuerza nos acompañe. La periodista y escritora Soledad Gallego me contó ayer que, cuando preguntó a Federica Montseny (la primera mujer ministra en España) “¿qué epitafio querrías en tu lápida?”, ella contestó: “Federica Montseny. Hizo lo que pudo”. En su sencillez, la respuesta va cargada de profundidad y creo que contiene una de las claves para encarar nuestra época convulsa: no quedarse en casa ni deprimirse, hacer todo lo que se pueda con honestidad y cuidarnos los unos a los otros. En estos momentos, eso es lo verdaderamente revolucionario y transformador. Os deseo un 2017 valiente, solidario, feminista, rebelde, lúcido y lleno de empatía. Que la fuerza nos acompañe.

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