Número 67
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Editorial: Las disculpas del Gobierno por el Yak llegan tarde, mal y nunca

La ministra saluda a los familiares de las víctimas tras su comparecencia.

Foto: Efe. Lunes, 16 de enero de 2017

   Editorial

“No tengo problema en pedir perdón en nombre del Estado por no haber reconocido antes esta responsabilidad patrimonial. Entre mis muchos defectos la soberbia no está”. Con estas palabras, la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, ha pedido perdón por el desastre en la gestión del Yak-42. El gesto llega 14 años después de que el avión-chatarra alquilado por el ministerio que entonces dirigía Federico Trillo se estrellara en Turquía, provocando la muerte de 62 militares que participaban en una misión internacional en Afganistán. Catorce años en los que el Gobierno del Partido Popular ha mentido a los familiares de las víctimas, ha ocultado información, ha manipulado pruebas de autopsia en la identificación de los cadáveres, ha hecho política basura con el caso y ha tratado, en fin, de eludir su responsabilidad en el alquiler de unos aviones baratos que nunca debieron haber volado. Pero es que además, la ministra se equivoca al pedir perdón en nombre del Estado. El perdón, en todo caso, debería pedirlo en nombre del Gobierno del que ella ha tomado parte. Por eso los familiares, nada más terminar la comparecencia de la ministra, aseguraron amargamente que la palabra “perdón”, en los términos en los que la utilizó Cospedal, se ha prostituido, aunque reconoce que el “gesto la honra”.

La Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, que acaba de terminar y en la que han estado presentes representantes de la Asociación de Familiares de Víctimas del Yak 42, deja la imagen de una ministra aparentemente apesadumbrada, casi abochornada, y sin coartada posible de defensa, ya que un reciente informe del Consejo de Estado establece meridianamente claro que el accidente se produjo por culpa del Gobierno. La disculpa de Cospedal sirve para bien poco, no solo porque han pasado ya más de catorce años desde la tragedia, toda una eternidad, sino porque la nefasta gestión del Gobierno solo ha servido para alimentar el dolor de los familiares de las víctimas y porque, de las palabras de la ministra, no se deduce que se vaya a reabrir una investigación seria y exhaustiva, hasta sus últimas consecuencias, para determinar quién dio la orden de alquilar unos aviones de los años de la Unión Soviética destartalados y repletos de fallos y averías y pilotados por una tripulación agotada a la que ni siquiera se le dejaba descansar el tiempo reglamentario entre vuelo y vuelo. Pablo Iglesias, líder de Podemos, se lo ha dejado claro a la ministra durante su turno de intervención: “Su gesto demuestra que tiene agallas, señora ministra, pero no podemos pasar página sobre lo que ha pasado: ¿Tiene pensado el Ministerio de Defensa organizar algún acto institucional para homenajear a los soldados fallecidos en este accidente? ¿Va a pedir usted públicamente, en nombre de su Gobierno, perdón? ¿Podemos esperar que el presidente del Gobierno pida perdón?”. Antonio Hernando y Albert Rivera, también le han exigido que dé un paso más allá de esas disculpas. “Estar a la altura hoy es pedir perdón a los familiares de las víctimas”, ha declarado el líder de Ciudadanos. El portavoz socialista le ha reclamado que no se demore la resolución que emitirá Defensa y que en ella “se reconozcan los errores y mentiras”.

Y es cierto que en este caso no basta con una simple petición de perdón. La vida de 62 personas, de 62 militares que defendían a su país en misión internacional, merecen algo más. Merecería sin duda que el Gobierno reabriera el caso hasta sus últimas consecuencias. Merecería que se localizaran los contratos de alquiler de los aviones. Merecería que se esclareciera qué ha pasado con el dinero que el Gobierno se ha ahorrado arrendando este tipo de vuelos de la muerte. No basta con pedir perdón. El tiempo del perdón ya ha pasado. Lo que necesitan los familiares de las víctimas es que se llegue al fondo del asunto, que el Estado repare el honor de los fallecidos y que los implicados en todo este desaguisado, incluido el exministro Trillo, sean reprobados públicamente, sancionados y no recompensados, como se ha hecho hasta ahora, premiándoles con embajadas en Londres.

Cospedal ha admitido el “cambio de criterio” del PP y ha asumido íntegramente el dictamen del Consejo de Estado que reconoce la responsabilidad de Defensa en el accidente por no vigilar las condiciones en las que se llevaban a cabo los vuelos e ignorar las quejas previas a la catástrofe. Eso es lo que tenía que haber hecho desde el minuto uno tras el accidente el departamento que dirigía el señor Trillo y eso es precisamente lo que no se hizo. Lejos de atender a los familiares de las víctimas como se merecían, ofreciéndoles todo el apoyo y poniendo todos los medios del Estado para llegar a la verdad, el Gobierno del PP los engañó, llegando incluso a mezclar los cuerpos de los fallecidos en una identificación infame que ya de por sí debería haber sido constitutiva de delito. Pero hay mucho más: los rumores de que los fondos destinados al transporte de militares en misión internacional en Afganistán fueron malgastados y desviados es una acusación tan grave que el Ministerio de Defensa debería investigar hasta el final. Si hay autoridades, civiles o militares, que se han lucrado con esos vuelos baratos la Justicia debe actuar cuanto antes. De todo eso la ministra no ha dicho ni media palabra. Su lacónica petición de perdón, con rostro de amargura, es un gesto que debe ser reconocido, pero no es suficiente. Sus disculpas llegan tarde, mal y nunca y además ya no satisfacen a los familiares de las víctimas, que quieren más, mucho más, sobre todo saber de una vez por todas qué sucedió en aquel vuelo del Yak-42 que quedará como una página negra (una más, tal como sucedió en la gestión del 11M, el Prestige y tantas otras) en la historia del Partido Popular. La “responsabilidad patrimonial de la Administración” en el accidente y el reconocimiento de la “obligación moral” con los 62 militares fallecidos y sus familias, asumida en su intervención por Cospedal, ya no soluciona nada y se antoja un paño caliente sobre una herida que sigue supurando. Lo que tendría que haber dicho la ministra, tras pedir disculpas, es que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también implorará el perdón, que Federico Trillo jamás volverá a ejercer un cargo ni como político ni como funcionario, que los mandos militares que tomaron parte en aquel disparate serán sancionados y desposeídos de sus condecoraciones, y que ella misma se ocupará personalmente de poner toda la documentación que obre en poder del ministerio sobre el expediente del Yak-42 a disposición de la Justicia y de los familiares de las víctimas (también los contratos y los fondos destinados, hasta el último céntimo, a Ukranian Mediterranean Airlines y Chapman Freeborn, las compañías responsables de los aparatos). Eso, y solo eso puede mitigar, siquiera en parte, todo el dolor y el daño que se ha causado.

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