Editoriales, El Petardo, Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 68
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Editorial: Las contradicciones y mentiras del tesorero Bárcenas

Ilustración: Iñaki y Frenchy y El Petardo. Viernes, 20 de enero de 2017

   Editorial

El extesorero del PP Luis Bárcenas ha pasado esta semana por la Audiencia Nacional para dar explicaciones durante el macrojuicio por la trama Gurtel, el caso de corrupción más importante de la democracia española. Durante los últimos años, Bárcenas ha acusado al PP de cobrar comisiones ilegales millonarias de grandes empresarios españoles como forma de financiar ilegalmente el partido. Sin embargo, ha sido sentarse en el banquillo de los acusados y empezar a matizar sus acusaciones, a dudar y a quedarse en blanco. La caja B del partido ya no es tal caja B, sino solo una caja “extracontable” (maravilloso eufemismo); las cuentas en Suiza, antes a nombre del PP, ahora son exclusivamente suyas, como resultado de sus negocios particulares, sin que tengan nada que ver con el partido; y Mariano Rajoy, contrariamente a lo que pudiera parecer, no sabía nada de nada del asunto de los sobresueldos. Es decir, Bárcenas ha rectificado su versión radicalmente, exculpando a los primeros espadas del PP en el cobro de comisiones provenientes de dinero negro y asegurando que de ninguna manera puede decirse que haya existido financiación ilegal. Sin duda, este cambio de coartada, esta variación en su estrategia judicial, pasando del ataque más furibundo contra el partido a exculpar al presidente del Gobierno y a otros pesos pesados de su gabinete, obedece a la necesidad que tiene el extesorero de pactar una rebaja en la pena y sobre todo al temor a que su esposa, Rosalía Iglesias, pueda terminar también en prisión. Por eso Bárcenas no tira de la manta.

No obstante, el hecho de que el exresponsable de las cuentas de Génova 13, que se enfrenta a 42 años de cárcel, haya decidido rebajar el tono durante el juicio y callar muchas de las cosas que sabe, no significa que no haya entrado en flagrantes contradicciones. Analicemos su declaración ante los magistrados de la Audiencia Nacional:

Primero. El extesorero se ha desvinculado a sí mismo y a los miembros del PP del cobro de comisiones que supuestamente recibieron de manos del cabecilla de Gürtel, Francisco Correa, a cambio de adjudicar contratos públicos a diferentes empresarios del más alto nivel. Sin embargo, no aclara el origen de la fortuna que ha ido acumulando a lo largo de los años. El enriquecimiento patrimonial del extesorero ha sido no solo inexplicable, sino exponencial, y en ningún momento el excontable del Partido Popular ha sabido aclarar cuál es el origen de tan inmensa fortuna. Ha tratado de convencer a los magistrados, eso sí, de que ha amasado millones de euros gracias a su carácter emprendedor, a sus negocios en el mercado del arte y a otras actividades más o menos creíbles. Una explicación sin duda bastante endeble como coartada, ya que sus supuestas empresas y operaciones comerciales en ningún momento han podido generar un patrimonio tan gigantesco, como se desprende de la documentación que han analizado minuciosamente los inspectores de Hacienda.

Segundo. Durante el interrogatorio, y a preguntas de las partes, el extesorero ha hablado también de la polémica caja B del partido, que se investiga en una pieza separada del caso Gürtel. Ha admitido su existencia, aunque se ha negado a calificarla como caja “B” o contabilidad “paralela”, y se ha referido a ella como “contabilidad extracontable”, “contabilidad extraoficial” y “fondos no oficiales del partido”. Todos estos literarios eufemismos no conseguirán convencer al tribunal de que por la sede de Génova 13 circulaban miles de millones de euros en dinero negro que nadie ha sabido explicar, un auténtico dineral que no puede provenir más que de una sola fuente: del pago de comisiones de grandes empresarios afines al partido que abonaban religiosamente la canonjía a cambio de beneficiarse en la adjudicación de espectaculares contratos por obras públicas y servicios al margen de los procedimientos establecidos en la ley de contratación del Estado. Estas cantidades astronómicas, que aparecen en las anotaciones contables conocidas como “los papeles de Bárcenas”, siguen estando ahí, y lo estarán para siempre, por mucho que Luis Bárcenas quiera desentenderse de ellas.

Tercero. Según el extesorero, las comisiones de los empresarios “eran donativos que no tenían carácter finalista, no se correspondían a una gestión. No se contabilizaban oficialmente, es obvio, pero se llevaba un control de entradas y salidas”, añade. Con esta versión, intenta ocultar que existía una auténtica red de fieles donantes que colaboraban con las campañas electorales del partido y con el pago de sobresueldos a los altos cargos del PP. Cuando es preguntado por estas cuestiones, Bárcenas tira el muerto, como suele decirse coloquialmente, al extesorero Álvaro Lapuerta, su antecesor en el cargo, que no ha podido sentarse en el banquillo de los acusados al padecer demencia senil. Bárcenas ha explicado que el hecho de que los empresarios entregaran el dinero era “algo absolutamente inocuo”, que lo hacían solo para “echar una mano” al PP a cambio de que les recibiera el tesorero en su despacho. ¿Y de qué hablaban empresarios y tesorero en ese despacho cerrado a cal y canto? ¿De fútbol, de abrigos caros, de esquí alpino al que es tan aficionado el gerente popular? Finalmente, Bárcenas ha terminado asegurando que Lapuerta es una “persona honorabilísima, una persona honrada, honrada, honrada”. Aquí, cuanto más enfermo y anciano es un imputado, cuanto más exonerado está del proceso de investigación, más honrado resulta.

Cuarto. De Francisco Correa, principal cabecilla de la red corrupta, Bárcenas ha llegado a afirmar que en 2003 el PP dejó de contratarle para la organización de los eventos públicos del partido por orden directa del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, después de que los rumores sobre las prácticas delictivas de la gente de Correa circularan por los pasillos de la sede del PP. Fue entonces cuando Rajoy, según Bárcenas, se reunió con Lapuerta y con Javier Arenas (entonces secretario general del PP) y decidieron que no se contrataría más al conocido como Don Vito, una orden que Bárcenas se encargó de comunicar al personal del PP. Sin embargo, esta explicación no se sostiene. Si fuera tal como declara el extesorero, Francisco Correa hubiera sido apartado inmediatamente de la cúpula popular, tanto en Madrid como en Valencia, donde ejercía como auténtico cacique, como si el partido fuera suyo, y sin embargo siguió colaborando estrechamente con el PP como si nada hubiera sucedido. Además, si Rajoy descubrió que Francisco Correa no era trigo limpio: ¿por qué no lo denunció ante la policía o en el juzgado? ¿Por qué no llevó el caso a la Justicia para que se investigara hasta sus últimas consecuencias, como hubiera hecho todo presidente del Gobierno serio y responsable?

Quinto. Los abogados de los acusados de Gürtel, entre ellos los de Luis Bárcenas, han tratado desde el primer momento de cerrar el caso alegando las causas más peregrinas, como echarle la culpa al muerto o al incapaz mental que ya no puede defenderse, la prescripción o caducidad del procedimeinto y los siempre socorridos defectos de forma. La Justicia española hace ya tiempo que se muestra excesivamente tolerante con estas prácticas dilatorias y obstaculizadoras sospechosas, cuando no deleznables, que no hacen más que ofrecer ventajas penales al corrupto poderoso y al ladrón de guante blanco. Estas triquiñuelas legales solo contribuyen a proteger a la alta delincuencia financiera y política y causan un grave daño al sistema judicial y por ende al sistema democrático. Los jueces deberían plantearse seriamente reclamar un endurecimiento de las sanciones contra aquellos abogados que practiquen tácticas dilatorias, esa especie de patada a la espinilla de la Administración de Justicia.

Sexto. En todo momento, el extesorero ha negado que su mujer, Rosalía Iglesias –también acusada en el juicio–, tenga nada que ver en los delitos que se le imputan e incluso ha dicho que era él mismo quien firmaba por ella su declaración de la renta, echando un “garabato” por rúbrica y suplantándola. De cuanto ha dicho Luis Bárcenas estos días, sin duda esto es lo más revelador de todo y lo que mejor explica la nueva estrategia del extesorero, ya que sin duda a partir de ahora se centrará en tratar de demostrar que el único responsable de las cuentas ocultas del PP era él, así como de sus negocios paralelos, mientras que su esposa es inocente de los cargos que se le imputan. El único motivo lógico de este cambio de opinión es que Rosalía Iglesias pueda librarse de la cárcel.

Séptimo. Uno de los grandes misterios del caso Bárcenas es cómo pudo el extesorero sacar decenas de millones de euros del partido e ingresarlos en sus cuentas en Suiza sin que nadie en Génova sospechara de él ni se percatara del enorme agujero contable. De alguna manera él era solo el tesorero y por encima de él había superiores, altos cargos ante los que tenía que rendir cuentas. La explicación de que esa fortuna (cifrada en 48,2 millones de euros) la consolidó con “un fondo de pensiones” o vendiendo obras de arte o con negocios más o menos facilones, resulta un argumento tan increíble como infantil.

Es evidente que tras largos años atacando a su partido, Luis Bárcenas ha decidido ahora colaborar por pura necesidad. El chantaje y las presiones a las que ha sido sometido, así como el terror a pasar largos años en prisión, han surtido efecto. Solo podemos desear que la Justicia haga su trabajo y no se deje amedrentar por el poder omnímodo de un partido sobre el que pesan acusaciones muy graves. Bárcenas ha claudicado. Esperemos que no lo hagan también los jueces que tienen que juzgarlo.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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