Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Juanma Velasco, Número 65, Opinión
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De populismos, Trump y Rita

Por Juanma Velasco / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 2 de diciembre de 2016

Juanma Velasco

@Juanmavelasco1

En cualquier caso no hay que ser sueco, ni neozelandés, por citar dos países evolucionados, para percibir el anclaje del mundo a los valores de siempre, si una sujeta y un sujeto como Hillary y Trump, respectivamente, son los llamados a presidir la nación más hegemónica de todo el universo conocido. Pero un tejano con una estrella solitaria en su sombrero, defensor del las sombras de Trump, me abofeteó con mi propia hipótesis:

–¿Os creéis mejores que nosotros, más civilizados en lo político? ¿Acaso no tenéis como presidente a Mariano Rajoy, un facóquero cuya principal virtud es la inacción y el totalitarismo de partido? No me jodas, españolito.

Y no le jodí, más bien callé porque sus gafas estaban limpias de cristales y de sospecha de saber cuál es la capital de Dinamarca.

Populismo no deja de ser un término peyorativo que tiende a identificar aquellos movimientos políticos amistosos con las clases desfavorecidas y que, en consecuencia, toman, o promueven, medidas que contrarían a las élites políticas, económicas y culturales que con ellas ven desestabilizada su perpetuidad como gestoras absolutas de los destinos de esa clase baja. Sorprendentemente, un buen número de pertenecientes a esos estratos más bajos, arponea a un populismo que trata de defenderlos, con argumentos arrojadizos que acopian precisamente en esos medios domesticados para denostar al término y lo que intentan que signifique. En su creencia de que esas élites defenderán mejor sus intereses que aquellos advenedizos “populistas” que plantean una mayor dignidad para ellas, son a menudo esas clases bajas quienes con más ahínco denuestan a los que entienden como sus enemigos ideológicos. Pero aun así, desde esa manipulación emocional, en ocasiones subliminal y en otras no tanto, creen seguir siendo libres en sus razonamientos y en sus pedradas herradas con las siglas de las élites.

Rita Barberá versus Iñaki Azkuna (alcalde de Bilbao). Hace dos años largos murió Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao. El duelo fue unánime, incluido el mío. No hubo ni un sólo meme jocoso, ni discrepancias en el dolor. No en vano fue considerado el mejor alcalde del mundo. Por si alguien me considera frío de entrañas, apuntar que me conmovió su muerte porque no afectándome su gestión, le admiraba por su naturalidad. Sí, le admiraba siendo político y no astrofísico. Pero que me quieran inocular el dolor colectivo protocolario e hipócrita sobre la muerte de Rita por aquello de respetar en la muerte a quien no lo hizo en vida con tanto y con tantos, por ahí no paso. Reitero, ni celebro su adiós por bulerías, ni fuerzo a mis lagrimales por su ausencia.

Rita, ya eres ida. Ni siquiera todos los adjetivos laudatorios a Rita conseguirán modificar la opinión desfavorable que sobre ella se había forjado el pueblo como consecuencia de sus actos. Ella fue despiadada con demasiados en sus tiempos de esplendor, que no se nos pidan ahora condolencias ni duelos. Sin aplausos, sin lágrimas, con indiferencia emocional hacia su muerte. Eso es lo que consiguen demasiados políticos con sus hechos, que ni siquiera la muerte los salve de nuestra ausencia de lástima.

Sólo el cinismo puede ser utilizado como contrapeso ante el pesimismo que me generan actitudes mayoritarias de una población a la que las élites intentan mantener sometida. Una epidemia de neoanalfabetismo contemporáneo se extiende sin fronteras. Su principal síntoma se evidencia en que los individuos confían a Google y a la televisión sus debilidades en el conocimiento. ¿Diferente de otras épocas?

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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