Ben, Humor Gráfico, Número 65, Opinión, Óscar González
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Mamá, mamá, en el colegio me llaman burgués

Por Óscar González / Viñeta: Ben. Viernes, 2 de diciembre de 2016

Óscar González

Óscar González

Cuenta una famosa leyenda atribuida a Esopo cómo una rana amable se ofreció a cargar con un escorpión sobre su lomo para ayudarlo a cruzar un río. Cuando estaban a mitad de camino, el escorpión picó a la rana que, sorprendida, preguntó al artrópodo si estaba loco o algo así, ya que acababa de matarlos a ambos. El alacrán, resignado, contestó que no había podido evitarlo, que estaba en su naturaleza. Después, ambos se hundieron como DiCaprio al final de Titanic.

En los últimos días andan agitadas las redes por las declaraciones de Pablo Casado, el vicesecretario de comunicación del Partido Popular, en las que comparaba la limpieza de 400 habitaciones para ganar 800 euros con lo que hace su hermano, médico de profesión, al atender pacientes. A Casado se le olvidó (o quizá no sea “olvidar” el verbo adecuado) mencionar que posiblemente su hermano tendrá un salario más que digno, unas condiciones laborales entre buenas y cojonudas, así como un estatus social que en poco o nada se parezca al que padece el común de los mortales que tienen que arrendar su fuerza de trabajo para ganar un salario de mierda, aguantando lo indecible para no verse puestos en la puta calle por esos bancos que algún día sentarán a este ejemplar de escorpión genovés en uno de sus consejos de administración. Casado es un patricio y él no se mezcla con la chusma, salvo cuando “la chica” le sirve el desayuno en su chalecito de la Moraleja, con el vestidito negro y la cofia blanca de las que tienen que servir.

Por desgracia, Casado no es el único ejemplo de esta nueva burguesía que cree que se ha modernizado porque ya no manda a sus sirvientes a recoger con la boca las perdices que ellos cazan. Fátima Báñez es también un buen ejemplo. La ministra que encomendaba la recuperación económica a la intercesión de la virgen de nosédónde nos ha regalado también en estos días una reflexión que sería hilarante si no la pronunciase la responsable de la cartera de empleo: que en España nadie gana menos del salario mínimo, porque eso iría contra la ley.

Causa una mezcla incómoda de estupefacción y mosqueo ver cómo el destino de un país está regido por aquellos que no se parecen en nada a las personas a las que dicen representar. Indigna pensar que las decisiones sobre cómo ha de ser el mercado laboral las tomen precisamente aquellas personas que nunca han pegado un palo al agua en su vida, porque tuvieron la suerte de apellidarse de cierta manera y lamer los escrotos adecuados.

Son los mismos que se permiten el lujo de llamar rancios y tristes a la gente que busca a sus familiares represaliados para darles una sepultura digna, y después acuden los domingos a misa de doce con el cilicio puesto y la espaldita en carne viva por las mortificaciones corporales, todo ello sin perder ni un solo segundo la sonrisa cínica del que se cree imprescindible cuando, en el fondo, sabe que es tan solo un pesado lastre para el pueblo. Pero, como el escorpión de la fábula, no se avergüenza de ser y actuar del modo que lo hace, porque ser un miserable es, en el fondo, su propia naturaleza.

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BEN

@BenBrutalplanet

 

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