Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Igepzio, Número 65, Opinión
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La hamburguesa cubana

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Igepzio. Viernes, 2 de diciembre de 2016     

Francisco Cisterna

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Es una verdadera lástima que Fidel Castro, cual balsero arrepentido, haya decidido emigrar de un paraíso comunista a otro menos prosaico. La muerte del exmandatario cubano, despedido como la última reliquia del comunismo agostado, nos ha privado de un enfrentamiento dialéctico memorable. No puedo sustraerme a imaginar las presumibles diatribas que el hombre de la barba eterna y el puro interminable hubiera mantenido con el empresario del eterno tupé y la corbata roja. La muerte, una vez más, nos ha privado de un entretenimiento impagable: asistir al espectáculo oral del enfrentamiento antitético de los extremos. La dialéctica barroca y caribeña de un David mesiánico y absolutista contra el positivismo empresarial de un Goliat xenófobo y bravucón.

En un mundo que pinta en bastos, que se polariza hacia el sectarismo ultraliberal disfrazado de populismo, se va a echar de menos la figura de un peso pesado como Fidel Castro que aporte salsa al asado. No tanto por sus luces y sus sombras sino por su apasionada defensa de la independencia cubana frente al imperio yanqui que, desde hace más de 50 años, mantiene un durísimo embargo comercial, económico y financiero sobre la isla caribeña. Estas severas medidas, ampliadas por los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca, obedecen a su desacuerdo con la entrada en vigor de la Ley de Reforma Agraria de Cuba (1959), que contemplaba la expropiación de grandes extensiones agrícolas, muchas de ellas propiedad de importantes empresas estadounidenses. El mecanismo de compensación económica que articuló el Gobierno de Castro no satisfizo a su todopoderoso vecino. Y, desde entonces, el Gobierno estadounidense ha castigado a Cuba, y a los cubanos, con el embargo comercial más prolongado que se conoce en la historia moderna. Condenado en 23 ocasiones por las Naciones Unidas.

La Perla del Caribe, que España perdió, siempre estuvo en el punto de mira de los EE.UU. A lo largo de la historia, cuatro presidentes estadounidenses realizaron ofertas para comprar la isla. Ofertas que fueron rechazadas por el Gobierno español al tratarse de uno de los territorios más ricos de la Corona. Pero en 1898, tras la Guerra de Cuba, el Gobierno americano rechazó la oferta española de quedarse la isla junto con su deuda de 400 millones de dólares. Los americanos, conocedores de su fuerza y para no pagar tan elevada deuda, acordaron que Cuba estaría a su cargo durante cuatro años, finalizados los cuales, pasarían la administración de la isla a los propios cubanos. La carga de la deuda recaería íntegramente sobre España. Esta estrategia yanqui ha sido interpretada por algunas fuentes como un intento encubierto de convertir a Cuba en una colonia autogobernada.

Con la muerte del líder cubano se aproxima un poco más la inexorable picadora yanqui que convierta a Cuba en una hamburguesa canónica, con barras y estrellas, que los balseros liberales de Miami se encargarán de sazonar a su gusto.

Esperemos, aunque sea ilusorio, que Cuba no vuelva a convertirse en el patio de recreo de ningún Batista colocado por los estadounidenses. Confiemos en que los cubanos sepan o puedan conjugar, con permiso de los americanos, lo mejor de los dos mundos. Cincuenta años de revolución son muchos años para volver a caer en lo mismo.

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Igepzio

@Igepzio

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