Aitana Castaño, Número 65, Opinión
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La Copa del cielo

Hinchas del Chapecoense rinden tributo a sus jugadores fallecidos. Foto: AFP

Por Aitana Castaño

AITANA CASTAÑO

@Sairutsa

El estadio Atanasio Girardot lleva el nombre de un prócer de la patria colombiana que luchó en la guerra de independencia de Colombia y Venezuela. Y encima está en Medellín, una ciudad que el mundo –porque solemos quedarnos en los viejos prejuicios– encuadra entre narcotraficantes y cárteles pero que también tiene, entre otras cosas, el Museo de Antioquía. Allí los artistas cuelgan los cuadros donde les venga en gana. Ellos deciden. A las 6.45 (hora colombiana) el Atletico Nacional de Medellín iba a disputar un partido de la Copa América en el estadio Atanasio Girardot contra los brasileiros del Chapecoense. Pero, ya sabéis, un accidente aéreo acabó con la vida de 71 personas (entre ellas casi todo el equipo del Chape) y el fútbol pasó a segundo plano, a tercero, a quinto… A las 6.45, en ese partido en el que ya nunca se podrá jugar ese partido de fútbol, se jugaron otras cosas. Porque para los que nos gusta el fútbol no es solo fútbol, es también todas las pasiones que os podáis imaginar juntas en 90 minutos, en una liga, en una vida. Es rabia, ira y alegría desbordada y tristeza que ni sabes explicar por qué con todas las cosas que hay en el mundo para entristecerse.

El fútbol volvió al Atanasio Girardot en forma de fraternidad. Y miles de aficionados del Atlético Nacional llenaron el campo para gritar Forza Chape, para rendirse y decir: ¡Esta copa se va al cielo! Porque no podemos ni imaginarnos lo que debe ser perder en un segundo al equipo de tus pasiones.

Minutos de silencio. En mi humilde opinión, el problema, problema, problema gordo de la democracia española no son los políticos que se levantan de la bancada del Congreso cuando se guarda un minuto de silencio. Son los que no se sientan en el banquillo de los acusados agarrándose a los aforamientos de sus cargos públicos. Lo demás es espectáculo.

Parió a las 8.30 de la mañana, le pusieron cuatro puntos en la vagina, sangrando y sin poder mover ni las piernas se tuvo que examinar de una oposición a las diez de la mañana. ¿Por qué? Porque de no hacerlo tendría que esperar seis años para optar a la plaza de anestesista. Pero fundamentalmente porque vivimos en un mundo machista. Aunque a veces se nos olvide y digamos que no, que no… Que la igualdad y tal y tal…

Que no cuenten milongas. Es mentira que los periodistas podamos matar a los políticos. Yo llevo años mirando mal a uno y nada, sigue tan pichi. Quería comentároslo…

No copiamos el Día de Acción de Gracias a los yanquis porque como mucho, como mucho, nos saldrían diez minutos de agradecimientos. Que somos muy nuestros. Les coses como son, como dicen por aquí por Asturias.

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