Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 65, Opinión
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El jardín del beso

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi. Viernes, 2 de diciembre de 2016

LIDIA SANCHIS buena

@lidia_sanchis

Hay un jardín inquietante en la ciudad de la infancia recordada que en lugar de flores tiene ojos que escrutan desde las ventanas cubiertas con visillos, como un juego del escondite entre las brujas que habitan las casas húmedas y las tiernas niñas que están a punto de ser transformadas por un beso.

La abuela de este cuento era aquella que hablaba con refranes. Uno de sus preferidos era “de besos y abrazos no nacen muchachos pero tocan a vísperas”. Y las “vísperas” esperaban, acechantes, en ese jardín en apariencia apacible pero del cual se decía que incluso los árboles cobraban vida al anochecer y atrapaban entre sus ramas a las muchachas impúberes que osaban adentrarse en ese espacio turbador.

La vieja siempre advirtió a la nieta sobre esa manzana de casas con el corazón tapizado de verde por la cual no debían transitar las chiquillas inocentes: cualquier lobo agazapado en un portal podría robarles un beso. Por ese motivo, la muchacha creció con el miedo a los espacios en penumbra y a los batracios, aunque esa rana pudiera acabar encarnándose en un príncipe azul que tuviera los ojos de Rubén Cortada. Pero eso ocurría en una época en la que el miedo y el amor desprendían el olor perturbador de lo que no se debe hacer, y el terror tenía la apariencia subyugante de un joven moreno que fumaba tabaco rubio detenido en la sombra de una esquina.

Ahora hasta los cadáveres han dejado de heder. Rita y Fidel no son más que algoritmos del Facebook y retweets de presidentes de plasma, como Rajoy, un hombre que sabemos que está vivo porque cuca su ojo izquierdo cuando miente: toda la emoción que es capaz de expresar se concentra en ese guiño.

Cualquier nativo tecnológico puede llegar  a dudar incluso de la existencia real de esos políticos que han marcado el siglo XX ya que sus rostros han acabado convertidos en memes que repiten hasta el infinito el gesto de sacar la lengua a usted, que les está mirando, y al mundo. Y quizá, como eslogan en la pechera de una camiseta.

Hoy llovió y el chaparrón arrastró las telas que las arañas tejieron durante todo el verano en el Jardín del Beso. Hace años ya que gobiernos locales, a los que parece que no les gustaban los cuentos, podaron el misterio del parque y lo dejaron desnudo a las miradas de las brujas y a los ojos de los pervertidos. Pero aun así niñas solitarias y desobedientes todavía se sientan las tardes de los sábados en un banco del jardín prohibido y, temblorosas, esperan a que un lobo 3.0 les declare su amor aséptico con un emoticono: el de un corazón rojo que palpita y de cuya existencia no están enteradas las abuelas.

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L'Avi

@AviNinotaire

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