El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, L'Avi, Número 65
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Editorial: La soledad del Gobierno

Ilustración: L’Avi/El Koko Parrilla/El Petardo. Viernes, 2 de diciembre de 2016

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   Editorial

El PP ha empezado a sentir la soledad parlamentaria. Atrás quedan los años del famoso rodillo popular, cuando las leyes entraban y salían del Congreso de los Diputados como una máquina perfectamente engrasada, machacando cualquier iniciativa de la oposición. Hoy hemos pasado de la parálisis institucional tras casi un año sin Gobierno a un Gobierno maniatado, sin apenas margen de actuación, como se ha demostrado esta misma semana. El Pleno acordaba este martes la toma en consideración de una proposición de ley del PSOE para frenar el calendario de implantación de la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza, también llamada Ley Wert). La iniciativa contó con los votos de todos los grupos parlamentarios salvo el PP, escenificándose así un drama desolador para un Gobierno débil que aún parece anclado en los tiempos gloriosos de las mayorías absolutísimas. Por mucho que los medios de comunicación afines al PP (véase La Razón de Paco Marhuenda) jaleen las políticas de Rajoy, eso no va a sacar al Gobierno de la situación de soledad y aislamiento en la que ahora mismo se encuentra.

Lo peor de todo para el PP es que la LOMCE es solo la primera de una serie de leyes que a partir de ahora pueden ir cayendo como piezas de dominó por la situación de inestabilidad en la que se encuentra el gabinete Rajoy. Ley Mordaza, ley de presupuestos y otros textos legales corren serio riesgo de quedar en papel mojado, para frustración de los populares, que ya están recurriendo a estrategias de juego sucio como el veto, una especie de patada en la espinilla como la que daría un mal defensa central a un delantero fino y estilista que se le escapa por piernas. Es lo que ha hecho el Gobierno después de que la oposición haya tratado de imponerle una subida de las pensiones en contra del criterio de los ministros de Economía y Hacienda. El veto es una forma de evitar que se tramiten iniciativas parlamentarias de los demás grupos que afectan a sus políticas, especialmente la económica, una herramienta legal que otorga la Constitución al Gobierno para que pueda obstaculizar proposiciones de ley que supongan un aumento de gasto o disminución de ingresos. La medida es a todas luces legal pero sin duda recurrir a ella como medida de emergencia supone una forma grosera de entender el juego parlamentario, una postura más propia de gobiernos autoritarios que de gobiernos auténticamente democráticos.

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Ante esta situación de cierto acorralamiento parlamentario que atenaza al Ejecutivo, a Rajoy solo le quedan dos opciones: tratar de llegar a acuerdos con las demás fuerzas políticas (lo que sin duda le obligaría a ser más flexible y a abandonar postulados maximalistas conservadores, admitiendo que en las leyes se introduzcan propuestas correctoras desde la izquierda), o convocar nuevas elecciones en el corto plazo. Esta segunda opción parece por el momento la menos probable, ya que si bien es cierto que en unos nuevos comicios el PP volvería a lograr una esperada victoria, estaría aún lejos de conseguir la mayoría absoluta, de tal forma que la situación volvería a ser muy similar a la de ahora. Eso sin contar con la desafección y el enfado que una cita electoral provocaría en buena parte de la población, harta ya de acudir a las urnas mientras ve cómo no se resuelven los problemas reales del país. Por tanto, descartada la convocatoria de elecciones por el momento, la vía del pacto y la negociación es, a estas alturas, la única salida que le queda al PP para poder llevar a cabo una mínima tarea de Gobierno. Quizá por eso el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, respondía hace solo unos días anunciando la convocatoria de una conferencia sectorial “para llegar a un acuerdo” con el fin de suspender los efectos académicos de la LOMCE –entre ellos la famosa reválida– mientras no “haya un pacto nacional por la educación”, tal como se comprometió Rajoy. Parece más que claro que el PP optará por llegar a acuerdos con el PSOE y Ciudadanos, intentando dejar fuera de juego a Podemos, lo que el portavoz de la formación morada, Íñigo Errejón, ha criticado como “un chollo de oposición” y la imposición de facto de la “triple alianza” o gran coalición.

Con todo, es más que evidente que corren nuevos tiempos donde se impone la política, el parlamentarismo con mayúsculas, como se ha demostrado en los recientes acuerdos plasmados en una proposición no de ley sobre violencia de género, aprobada por unanimidad entre todas las fuerzas políticas, y que incluye la exigencia de un gran pacto de Estado, dotación presupuestaria y una subcomisión que estudie medidas contra los crímenes machistas. Más complicado parece llegar a un pacto por la Educación, gran asignatura pendiente de la democracia española. Lo que resulta claro a todas luces es que ha llegado el momento de que tanto la derecha como la izquierda aparquen sus diferencias y se sienten en una misma mesa para abordar una reforma que debe ser consensuada entre todos. No puede ser que desde 1978 cada Gobierno haya tratado de imponer su propio enfoque sobre la educación de los niños españoles. LODE (1985), LOGSE (1990), LOCE (2002), LOE (2006) y ahora LOMCE (2013) son demasiadas leyes fallidas, sobre todo si se tiene en cuenta que España presenta uno de los mayores índices de fracaso escolar de toda la Unión Europea. Se ha demostrado por tanto que PP y PSOE han errado en este asunto, de forma que ha llegado la hora de que la reforma educativa se aborde por todas las fuerzas políticas para llegar a un gran pacto de Estado.

En la misma línea se deben entender otras leyes fundamentales para el funcionamiento del país, como la ley de Sanidad pública que debe garantizar unos mínimos para todos los ciudadanos tras los graves recortes impuestos en los últimos cuatro años por Mariano Rajoy. Educación y Sanidad son dos pilares básicos del Estado de Derecho que han quedado seriamente dañados por las políticas de austeridad impuestas por Bruselas desde que estalló la crisis económica. Es el momento de recomponer ambos servicios básicos y ahí tendrán mucho que aportar los nuevos partidos emergentes como Podemos o Ciudadanos. La debilidad del Gobierno, sin duda, volverá a quedar patente en las próximas semanas y meses, cuando se empiecen a cuestionar y a tramitar otras leyes tanto o más importantes, como el pacto por las pensiones, la ley mordaza o la ley de presupuestos. Poco a poco, el PP, que ha vivido en el limbo de sus victorias electorales durante años, va aterrizando en la cruda realidad española. Si no aprende a dialogar y a negociar, a ceder y a llegar a acuerdos, su posición será cada vez más difícil y hasta corre el riesgo de convertirse en un Gobierno títere a expensas de lo que acuerden las demás fuerzas parlamentarias. El único problema es que, tras muchos años de gobernar desde la prepotencia y el autoritarismo, tras una legislatura imponiendo una filosofía conservadora que no responde a la realidad de un país en el que al menos la mitad de su población con derecho a voto apuesta por opciones progresistas, no sabemos si este Gobierno está entrenado para el diálogo. Va contra su estilo y contra sus propios genes.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

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