Marjo Garel, Número 66, Opinión
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Cara y cruz (y qué cruz de xenofobia)

Por Marjo Garel

Marjo Garel

Una amiga, casi de la familia, me llama y me cuenta que está dolida y frustrada por no poder “estirar su paga” para ayudar más aún de lo que ya lo hace a los necesitados. Además, está hastiada por el aumento de la xenofobia en nuestro país, que solo es un esbozo de lo que sucede en el resto del mundo. Me cuenta que el viernes pasado sonó su teléfono. Era la teleoperadora de una oenegé solicitando ayuda para los refugiados de Siria. Mi amiga le comenta que ya está afiliada a la misma y le contesta la interlocutora: “Voy a comprobar sus datos, espere por favor”. Transcurren unos minutos y suena el móvil otra vez, era la misma persona, que le aclara que se le ha cortado la conexión al teléfono fijo. Comprueba que mi amiga es la misma persona a la que ha llamado antes y le suelta, así, de sopetón, que la oenegé ha calculado que, con la reducción del IRPF, ella se va a poder “beneficiar” de una bajada en el impuesto, así que tendrá más dinero para fines solidarios. “¿Podemos subir la cuota en 20 euros mensuales?”, le propone la operadora a mi amiga. Ante la negativa, la comercial sigue en las mismas y le vuelve a proponer: “¿Y no puede hacer un esfuerzo y subimos 5 euros más al mes?”. Ya me gustaría poder contribuir con más, dice mi amiga, pero ¿por qué he de contarle yo a usted mis miserias para que entienda de una vez por todas que no puedo hacer frente a esa serie de gastos? ¿No les vale que le diga que NO?, insiste ella. Nunca he regateado con nadie, ni siquiera en el mercado, ¿porque he de hacerlo con usted?, se pregunta indignada. Al final, decide comunicarles que si persisten en lo mismo, tomará nota y se dará de baja de la oenegé. “No se enfade, señora, estamos obligados a insistirle, pero también estamos agradecidos con usted”, dice la operadora. Mi amiga cuelga el teléfono pero su ánimo está de capa caída: bien que le gustaría aumentar la ayuda solidaria, porque esta matanza silenciosa que se está llevando a cabo es peor que la de los alemanes en la II Guerra Mundial. Pero no puede rascarse más el bolsillo. “Siempre me queda la sensación de que, si recortara más en mis exiguos gastos… pero el problema es que estos están calculados al límite, y sin colchón de riesgo, para el caso de una eventualidad que se presente, y a no ser que la situación cambiara…”, se lamenta mi pobre amiga.

La segunda parte de esta columna, la que deja peor sabor de boca y sensación de puñetazo en el estómago, la provoca el mensaje que recibió esa misma amiga de una supuesta farmacéutica de Majadahonda de un tinte harto altivo. Valientes como estas señoras se escudan en la amistad de Facebook y otras redes sociales para hacer llegar sus lamentables misivas. El punto de indignación y cabrero de mi amiga sobrepasa cualquier medida al comprobar cómo esta pseudo-persona, hablando de la Sanidad pública española, se refiere a “los moros y sudamericanos”. Transcribo literalmente: “Bueno, pues ya sabéis por qué a los españoles nos va tan mal en la Sanidad, porque todo se lo dan a estos ‘Unter Menschen’, ya lo veis. Y eso por no hablar de los pisos de protección oficial, los comedores escolares, las guarderías… O sea que a mí, que soy española de toda la vida, si tengo un hijo no me da nadie ni una ayuda y me puedo morir esperando. Para triunfar en España hay que ser moro o sudamericano, no saber hacer la o con un canuto y ser un desecho. Un saludo, Ari”.

“Ari”. Claro, es tan “valiente” que no se atreve a firmar como debiera: “Aria” , que es de lo que presumen los que se sienten por encima del resto de las razas. Lo inmediato, me dice mi amiga, fue tirar el mensaje a la papelera, y bloquearla, ya que además “rogaba encarecidamente” enviase ese mensaje a todas la demás personas que pudiera, “pues todos los españoles debíamos estar enterados”. Y añado yo: enterados pero de la xenofobia que corroe a estas gentes y que ya me gustaría alguna vez se erradicara para que triunfara el sentido común sobre el odio. Y solidaria que es una, suscribo TODO lo dicho por mi amiga.

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