Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 63, Opinión, Xavier Latorre
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Terapia colectiva

Por Xavier Latorre / Ilustración: Iñaki y Frenchy

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Xavier Latorre

Hay una mujer en mi pueblo que trabajaba en una inmobiliaria y que ahora limpia las casas que antes vendía. Ayer comentó que una señora le había hecho contrato y la cotizaba a la seguridad social. Aún no se lo cree. Hay gente en el punto de mira de los gobiernos del PP. Demasiados cervatillos, toneladas ingentes de carne de cañón, bolsas enormes de mano de obra poco cualificada, contenedores varados en una vía muerta repletos de cincuentones que suspiran por cumplir años a toda prisa y llegar al paraíso de la jubilación a cualquier precio.

Hay un emigrante colombiano en mi pueblo que se tiene que reiniciar en Costa Rica. Sus hijos de 23 y 25 años y su nieto se quedan aquí. El abuelo lo va intentar de nuevo; es su cuarta aventura fuera de su país; es mayor para intentarlo otra vez, pero no hay más remedio: aquí no le queda ninguna puerta a la que llamar. Rajoy y sus secuaces solo obedecen a los señores de la guerra económica que tienen de todo. Unos pocos, cada día más ricos, que ven cómo el mercado laboral es una gran charca llena de peces a punto de ahogarse y donde pescar es tan sencillo como cebar un anzuelo con un salario indigno y vergonzoso.

Hay un joven en mi pueblo que sus vacaciones de verano las invierte viajando por Francia y Bélgica, buscando un trabajo de lo suyo. El que tiene aquí no le alcanza para costearse la vida real. Vuelve cabizbajo del viaje, pero ya está diseñando una nueva ruta en internet para el año próximo. Su mujer le reprocha que durmieran en el coche más de una noche y que ella lo pasara mal y que eso no le gustara nada. El camping era muy caro, cariño, replica él. Al menos su francés ha mejorado, se consuela. El presidente Rajoy, reelegido para un nuevo mandato, manda sobre gente que no es de su incumbencia. Hay personas que de verdad no le quitan el sueño, ni el hambre, ni el buen humor. Sabe que no existen en su mundo. No aportan casi nada al PIB y son un verdadero estorbo para mejorar algunas cifras macroeconómicas y poderlas exhibir en el telediario.

Estos ciudadanos anónimos deben sacrificarse por encima de sus posibilidades para que algunos políticos malos se fundan sus impuestos en triquiñuelas ilegales. Estos hombres y mujeres de a pie son inmolados en una pira sobre fardos de papeles oficiales en llamas que les penalizan. Esta gente va a pagar los platos rotos del último año en el que el Gobierno en funciones ha debido disimular de lo lindo. El esfuerzo ha sido ingente, que diría un político pedante, también en funciones. Ahora, con la excusa de Bruselas, toca mancharse las manos de sangre de nuevo. ¿Luego querrán que Europa, o lo que sea, nos caiga bien?

Algún poder oculto y alguna abstención aviesa han entronizado a Rajoy, pasando de los de mi pueblo, obviando a mis vecinos, marginando a la gente que solo son una cita en sus discursos en los debates de investidura (Rivera los suele enumerar con mucha gracia). Algunos socialistas acaban de aupar a Rajoy a la jefatura de Gobierno; esos dirigentes del PSOE no deben estar muy bien de la cabeza; andan confundidos. Igual nos contagian su enajenación temporal. Deberían acudir a la consulta de un buen sicólogo y someterse a una buena terapia antes de convocar un nuevo congreso y de refundar nada. Lo primero es la salud… ¡mental! Isabel, Tomás o Guillermo y unos cuantos más os lo agradecerían de verdad. ¡Ánimo, compañeros!

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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