Ben, Cipriano Torres, Humor Gráfico, Número 64, Opinión
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Pobre, 81 años, quemada

Por Cipriano Torres / Viñeta: Ben. Viernes, 18 de noviembre de 2016

Cipriano Torres

@CiprianoTorres

Lo digo ya y me lo quito de encima. O lo digo ahora y luego puedo decirlo otra vez. Hijos de puta. Perros. Cabrones. Alguien tiene la culpa de su muerte. Menos ella. Me la imagino a oscuras en mitad de la noche, con frío, torpe, desorientada, con ganas de ir al servicio, o a por un vaso de agua a la cocina porque nota la boca seca, y me la imagino echando un pie fuera de la cama, palpando las tinieblas hasta tocar algo reconocible, quizá la mesita de noche con la mano, quizá con la punta del pie la zapatilla de paño, tal vez la alfombrilla para no pisar el suelo helado, y luego, lenta, pesada, incorporarse y tratar de encender la luz, un movimiento reflejo que no ha conseguido olvidar en los dos meses que hace que se la cortaron por no pagar los recibos, y ella, con la dignidad de quien ha ido tirando sin excesos pero sin tener que pedir nada a nadie, empezó a comprar velas para moverse por la casa desde el anochecer. Mientras la gente de su edificio en el número 18 de la calle Santa Ana de Reus dormía despreocupada, la anciana encendió al fin la vela y se dirigió a la cocina, tal vez al cuarto de baño, pero con tan mala suerte que los pies se le enredaron y cayó al suelo, notando que la vela volaba de sus manos al colchón, y a pesar de ver cómo empezó a arder al instante no pudo reaccionar porque el sofocante humo la iba asfixiando, aturdiéndola, notando que le faltaba el aire y la vida se le escapaba tirada en el suelo, sola, quizá confiando en que su nieta, que a veces la visitaba, llegara en aquel preciso momento y la salvara del humo que la iba matando. Pero no llegó. Y murió.

Nadie sabe cómo fue en realidad la historia de la muerte de esta mujer de Reus que moría en el 2º B del número 18 de la calle Santa Ana. Lo que sí sabemos es que su muerte ha saltado a la televisión, a la radio, a los periódicos, a las webs, y lo ha hecho como víctima de la, atención, pobreza energética. ¿Pobreza energética? Me quedo con el término de toda la vida. Pobre. Esta mujer, como tantas miles de personas, como tantos millones de personas, son pobres, y por eso tienen sus neveras tiritando, y por eso no pueden encender la calefacción, ni siquiera un puto brasero eléctrico, ni una estufa, y se apañan liándose con mantas, y por eso mal comen, y mal visten, y no pueden pagar sus alquileres o sus hipotecas, y son un por culo para el Gobierno porque esta banda de menesterosos afean hasta la ruina la bonita foto de un país que ya no tiene ojos para mirar atrás y recoger de la cuneta a los que se quedaron en el camino de una crisis que sigue su curso alfombrando las calles con ciudadanos que trabajan por sueldos de miseria, que reciben ayudas de pordiosero, o que no reciben nada. Que a una mujer de Reus, pobre, sola, de 81, o a una familia con críos o sin ellos, le corten la luz es una cuestión política porque impedirlo es posible si se legisla en esa dirección. Las grandes compañías eléctricas ganan al año miles y miles de millones, son insaciables, y están protegidas por una red de caballeros de la política llegados a sus despachos, y a veces sin sentarse en ellos, que trabajan a su servicio. Oh, sí, claro que soy demagogo, y simple, y quizá por eso vuelvo al mantra del principio. Hijos de puta. Perros. Cabrones. Alguien tiene la culpa si una mujer pobre, sola, de 81 años, muere quemada por la puta vela con la que se ilumina por no poder pagar el recibo de la luz, cortada hace meses. Alguien tiene la culpa. Y no es ella.

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BEN

@BenBrutalplanet

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