Chorlito, Humor Gráfico, Número 64, Opinión, Óscar González
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La náusea

Por Óscar González / Viñeta: De Chorlito. Viernes, 17 de noviembre de 2016

Óscar González

Óscar González

La Náusea no es la novela de Sartre, La Náusea es lo que me ataca cuando pienso que alguien muere quemado por no poder pagar una puta factura en un país gobernado por una caterva de indeseables, culpables de ladrones, pero más todavía de sumisos.

La Náusea, así con mayúscula, porque no afecta a lo físico sino a lo existencial, a lo que cimienta las certezas que han sido programadas en nosotros desde bien pequeñitos para hacernos creer que este tipo de cosas no pueden pasar en el siglo XXI, que en una sociedad moderna nadie será dejado atrás, porque si así fuera sería la prueba última de nuestro fracaso colectivo.

La Náusea que me asalta cuando caminando por Oporto veo que la neumonía mata a 23 personas al día solo en los hospitales del país vecino; el doble que en España, pero con un cuarto de la población. Cuando veo las estadísticas de la OMS y veo que las muertes se concentran en mayores de 72 años. Al repasar la lista de recortes y tributos (al estilo Los Juegos del Hambre) aplicados en nombre de esa estabilidad tan cacareada y que no acaba de llegar, los impuestos especiales a los carburantes, la congelación y posterior bajada de pensiones. Cuando pongo los tres datos en relación, noto como se me sale el alma del cuerpo y se va al lavabo flotando con sus etéreas tripas revueltas.

No es un malestar nuevo ni reciente. Creo que siempre ha estado ahí, como un amigo invisible que no ayuda a aparcar pero sí a ver con algo más de claridad en medio del caos de eso que llamamos la vida moderna. El mismo que ya nos asaltaba cuando la gentuza empezó a echar familias a la calle en nombre del único dios verdadero. Ese dolor que nos pega una hostia en la boca del estómago al ver a personas morir debajo de puentes o saber que otras se han dado por vencidas y han saltado por la ventana cuando ya no podían aguantar más el reproche silencioso de esa sociedad hipócrita que se solidariza con ellos pero sigue viéndolos como fracasados, porque el peor pecado que se puede cometer en este nuevo mundo de la prisa y el todo al instante no es matar sino ser pobre; “desperdiciar las oportunidades”, como dicen algunos.

Y algunos, cansados ya de ese malestar general e indeterminado, pensamos que quizá la política pueda ser la solución, que hay que disputar el poder a los que se encuentran demasiado cómodos ejerciéndolo sobre códigos númericos tras los que no se ven las vidas que se cobran. Pero llegamos a la política y encontramos que es un nuevo lodazal en el que el contador de soluciones avanza mucho más despacio que el de muertos, porque les hemos regalado el control total durante demasiados años a los que creíamos que estaban ahí para velar por nuestros intereses.

Y al darnos cuenta que su mera existencia lo infecta todo, como un cáncer que no supimos tratar a tiempo y que ahora presenta metástasis en todos los órganos, se ven los hilos de la tramoya y se revela la farsa de la libertad, la justicia y la igualdad, la jaula invisible para mantenernos dóciles pensando en lo que no queremos perder en lugar de en aquello que tenemos que recuperar.

Quizá es la hora de preguntar a Losantos si aún conserva la Lupara aquella de la que hablaba.

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2 Kommentare

  1. Oscar Glez. dicen

    Estimada María:

    Muchas gracias por leernos y comentar. Yo sería muy partidario de recuperar el galope, porque estoy bastante seguro que la cosa no se acabará aquí.

    Tampoco quiero engañarla, no soy optimista: creo que estamos saliendo de una etapa de fuerte movilización social y de la calle que, pese a todo, apenas ha alcanzado para hacer cuatro arañazos a un sistema que es consciente de su desmorone.

    Como decía Labordeta, tocará “seguir empujando para que (lo nuevo) pueda ser”.

    Un abrazo y, de nuevo, gracias por su tiempo.

  2. María Josefa García dicen

    Impresionada de tantas verdades que he leído, y que son las que se nos acumulan en la boca o los dedos, como los niños a la salida del colegio, apelotonados en la puerta y que a la hora de la verdad, no conseguimos exponerlas sobre el papel-teclado-Internet. Y ahora, después de leer, me pregunto, si todo lo aguantamos conforme nos las vienen dando ¿que mas nos espera? si la sociedad no movemos ficha y fecha, para unirnos contra tanta miseria y disparate. ¿Que perderemos? ¿Nuestro lugar en la cola del paro o de la de cualquier comedor social, a la que nos están abocando? O volveremos albertianamente, “…a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar ….”

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