Alaminos, Germán Gorraiz, Humor Gráfico, Número 64, Opinión
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¿Hacia un régimen autocrático en EE.UU?

Por Germán Gorraiz / Ilustración: Jorge Alaminos. Viernes, 18 de noviembre de 2016

GERMAN GORRAIZ LOPEZ

Germán Gorraiz

El actual sistema dominante o “establishment” estadounidense utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas. Este sistema político-económico tiene como pilar básico la sucesiva alternancia en el poder de los partidos Demócrata y Republicano, ambos fagocitados por el lobby judío. Para intentar explicar la sorpresiva victoria de Donald Trump, inevitablemente tenemos que recurrir al término “efecto mariposa” como “una vertiginosa conjunción de fuerzas centrípetas y centrífugas que terminarán por configurar el puzzle inconexo del caos ordenado que se estaría gestando en EE.UU y que terminará por provocar un cambio cualitativo en el status quo actualmente imperante”. El concepto de cambio cualitativo o discontinuidad se produce cuando simples cambios cuantitativos pasan a ser otra cosa diferente y el sistema se transforma internamente de modo radical en una nueva realidad que modifica su situación de equilibro interno y se crea una situación nueva.

Clases medias

Según el Pew Research Center, la clase media (con unos ingresos anuales de 73.400 dólares) ya no sería el segmento poblacional dominante en la sociedad estadounidense actual al sufrir una lenta pero progresiva caída en las últimas cuatro décadas. Así, según el Pew, en 1971, la clase media representaba el 61% de la población norteramericana (unos 80 millones de habitantes) mientras que en la actualidad no alcanzaría el listón del 50% (49,9%) debido a la crisis de las subprime, el estallido de la burbuja inmobiliaria y el posterior crash bursátil de 2008. Conviene resaltar que entre los “perdedores de la crisis”, además de afroamericanos y latinos, aparecen por primera vez jóvenes universitarios endeudados y adultos blancos de más de 45 años sin estudios universitarios y con empleos de bajo valor añadido que tras quedar enrolados en las filas del paro, habrían terminado sumido en un círculo explosivo de depresión, alcoholismo, drogadición y suicidio. Son ellos quienes ven esfumarse el mirlo del “sueño americano”, lo que habría tenido como efecto colateral la desafección de dichos segmentos de población blanca respecto del establishment tradicional demócrata y republicano. Así, según una reciente encuesta de la NBC, el 54% de la población blanca estaría “enfadada con el sistema”, frente al 43% de los latinos y el 33% de los afroamericanos que siguen confiando en el sueño americano, lo que habría llevado a los votantes blancos a apoyar posiciones políticamente incorrectas y refractarias a los dictados del establishment tradicional.

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La sorpresiva victoria electoral de Donald Trump en las presidenciales de EE.UU tendrá como efecto colateral el retorno del White Power en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en el escenario del 2043. Así, según la Oficina del Censo de EE.UU, hacia el 2043 los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana, que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060 y la afroamericana, que pasaría de los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones.

¿Hacia un régimen autocrático?

Tras su llegada a la Casa Blanca el próximo 20 de enero del 2017, Trump procederá a implementar un régimen presidencialista con claros tintes autocráticos. La autocracia, del griego autos (por sí mismo) y kratos (poder o gobierno), sería la forma de Gobierno ejercida por una sola persona con un poder absoluto e ilimitado, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal), que partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres, y llegado al poder, se metamorfosea en líder presidencialista con claros tintes autocráticos (inflexible, xenófobo y paternalista).

Los sistemas autocráticos (gobiernos de facto), serían una especie de dictaduras invisibles sustentados en sólidas estrategias de cohesión (manipulación de masas) y represión social (promulgación de leyes que rozarán la constitucionalidad pero que quedarán revestidos por el barniz democratizador del Tribunal Supremo de turno) y que en la práctica supondrán una severa constricción de los derechos y libertades civiles de la sociedad estadounidense, con lo que se cumplirían las proféticas palabras del considerado padre de la Constitución norteamericana, James Madison, quien llega a asegurar: “la acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo, y judicial, en las mismas manos, y si es hereditaria, autonombrada, o electiva, se puede equiparar a la misma definición de la tiranía”.

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Jorge Alaminos

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