Germán Gorraiz, Internacional
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Cuba y Venezuela, en el punto de mira de Estados Unidos

Base soviética en Cuba, cincuenta años después de la crisis de los misiles.

Por Germán Gorraiz. Lunes, 28 de noviembre de 2016

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Internacional

El cese del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, exigido por vigésimo quinto año consecutivo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y aprobado de forma abrumadora por 191 votos a favor y 2 abstenciones (EE.UU e Israel), reafirma la libertad de comercio y navegación ante un bloqueo anacrónico instaurado por Kennedy en 1962 y que habría supuesto para la isla unas pérdidas directas e indirectas estimadas en 110.000 millones de dólares, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y más de un billón, según el Gobierno cubano. Así, según Prensa Latina, entre mayo de 2012 y abril de 2013, las pérdidas causadas por el bloqueo a la salud pública cubana serían de 39 millones de dólares debido a la imperiosa necesidad de adquirir medicamentos e instrumental en mercados lejanos.

Sin embargo, las medidas cosméticas tomadas por la Administración Obama en su primer mandato presidencial, siguiendo la estela de la Administración Clinton (relajación de las comunicaciones y aumento del envío de remesas a la isla, así como el inicio de una ronda de conversaciones sobre temas de inmigración), dejaban intacto el bloqueo y no cambiaban sustancialmente la política de Washington, aunque reflejaban el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de rumbo en relación a la isla tras la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia. No obstante, la renovación automática por parte de EE.UU, por un año más, del embargo comercial a la isla, atentarían contra el vigente sistema financiero y político internacional y podrían suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de dólares, abocando al régimen de Raúl Castro a la asfixia económica.

Tras la intervención del Papa Francisco en la secreta negociación llevada a cabo entre Cuba y EE.UU para romper el deshielo entre ambos países mediante el intercambio de Alan Gross y un oficial estadounidense por tres miembros de Los 5, seguido de la desaparición de Cuba de la lista estadounidense de países terroristas y de la posterior apertura de embajadas, en la agenda Obama, estaría apuntado como “perentorio” el finiquito de un bloqueo que dura ya 53 años y que corre el riesgo de convertirse en endémico, con los perniciosos efectos colaterales que ello podría conllevar para la población cubana.

Venezuela y el Petrocaribe

En Venezuela, por su parte, asistimos a una imposible cohabitación política y a una división casi simétrica de la sociedad venezolana que será aprovechado por EE.UU para implantar “el caos constructivo de Brzezinski” (el que fuera consejero de Seguridad Nacional del Gobierno del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter) mediante una sistemática e intensa campaña desestabilizadora que incluirá el desabastecimiento selectivo de artículos de primera necesidad, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana, el intento de revocación del mandato presidencial de Maduro y la posterior petición al Ejército para que se erija en “salvador de la patria”, un plan diseñado por la CIA y que contando con la inestimable ayuda logística de Colombia (convertida en el portaaviones continental de EE.UU), podría llegar a finiquitar el régimen post-chavista. Así, el acuerdo chino-venezolano, por el que la empresa petroquímica estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo de 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EE.UU, cuyo objetivo inequívoco sería secar las fuentes energéticas de China. De esta manera, en el año 2017 podríamos asistir a un intento de golpe de mano de la CIA contra Maduro para finiquitar el legado chavista, logrando de paso EE.UU la desaparición del cordón umbilical energético que mantenía la llama bolivariana en los países de América Central y el Caribe.

Petrocaribe fue creado en 2005 por iniciativa de Venezuela con el objetivo de suministrar combustibles a los países miembros en condiciones ventajosas de pago, como créditos blandos y bajas tasas de interés, y estaría integrado por 18 países (incluidos Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Belice y una decena de islas del Caribe). Según las autoridades venezolanas, el país exportaba 100.000 barriles diarios a los países del bloque que generaban una factura de 4.000 millones de dólares, de la cual una parte se paga en “efectivo” y el resto estaría subsidiado. Sin embargo, la nueva estrategia de EE.UU sería estrechar lazos comerciales y militares con estos países que forman Petrocaribe ante el peligro que corren de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas, ya que dependen casi en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético. La estrategia de Washington empezaría por un acercamiento al presidente dominicano Danilo Medina.

Así, según la agencia Efe, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, en una conferencia sobre energía y cambio climático en el centro de estudios Atlantic Council de Washington, afirmó que “si Petrocaribe llegara a caer debido a los acontecimientos en Venezuela, podríamos acabar con una grave crisis humanitaria en nuestra región”. El pasado mes de enero, el Gobierno estadounidense celebró una Cumbre de Seguridad Energética en el Caribe en la que instó a los países de la región a diversificar sus fuentes de energía, confiar más en las inversiones privadas y reducir así su dependencia de Petrocaribe.

Todo ello serían esbozos del nuevo boceto que que se estaría ya perfilando para América Latina en el nuevo escenario post-Obama y en el que EE.UU procederá a implementar la política del Big Stick o “Gran Garrote”, sistema que desde principios del siglo XX ha regido la política hegemónica de Estados Unidos sobre América Latina, siguiendo la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Donald Trump estaría dispuesto a llevar este plan adelante hasta sus últimas consecuencias. Estaríamos pues en vísperas de la irrupción en el escenario geopolítico de América Latina de una nueva ola desestabilizadora cuyos primeros bocetos ya están perfilados y que terminará de dibujarse en esta década. El nuevo escenario tendrá a Honduras, Paraguay y Brasil como paradigmas de los llamados “golpes virtuales o postmodernos”, que protagonizará EE.UU en esta década en el nuevo escenario panamericano y que podría tener su continuidad con la inhabilitación de Maduro en el 2017.

Nueva estrategia de Putin en el Caribe

Moscú es actualmente el noveno socio comercial de la Habana con intercambios valorados en 224 millones de dólares en 2011. Como prólogo a su visita, la Duma rusa habría ratificado la condonación de la deuda de Cuba con la URSS estimada en 35.200 millones de dólares y el resto (3.520 millones) será abonado por Cuba en diez años y reinvertido por Rusia en la economía cubana. Putin se reunió con Raúl y Fidel Castro para abordar temas concernientes a la cooperación técnico-militar entre Moscú y La Habana y tratar asimismo temas como la cooperación energética, transporte, aviación, espacio y salud, además de firmar varios acuerdos comerciales y de todo tipo. Según algunos medios rusos, Rusia estaría negociando instalar sus bases militares con Cuba, Venezuela y Nicaragua con el objetivo inequívoco de ampliar el radio militar ruso, pues según el analista Lajos Szaszdi, “la apertura de las bases en el exterior es necesaria para la disuasión estratégica de Rusia, la inteligencia, así como para verificar los acuerdos del desarme y también determinar qué planes hay por parte del Pentágono en caso de operaciones o intervenciones en el extranjero”.

Tras el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría con EE.UU, Putin ha empezado a mover las piezas para desestabilizar el llamado “patio trasero” de EE.UU. Así, la renovación automática por parte de Norteamérica, por un año más, del embargo comercial a Cuba atentaría contra el vigente sistema financiero y político internacional y podría suponer para la isla pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de dólares, abocando al régimen de Raúl Castro a la asfixia económica, por lo que podría surgir el desapego afectivo del régimen cubano respecto a las políticas impulsadas por Obama en los últimos años. Caso de producirse la desafección de Cuba respecto a EE.UU, dicho vacío será aprovechado por Putin para firmar un nuevo tratado de colaboración militar ruso-cubana (rememorando el Pacto Secreto firmado en 1960 en Moscú entre Raúl Castro y Nikita Jruschov) que incluiría la instalación de una base de radares en la abandonada instalación militar de Lourdes para escuchar cómodamente los “susurros” de Washington y la implantación de otras bases dotadas con misiles Iskander, pudiendo revivirse la crisis de los misiles de octubre de 1962 que estuvo a punto de desembocar en la Tercera Guerra Mundial.

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GERMAN GORRAIZ LOPEZ

Germán Gorraiz

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