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Más de cien mil niños conviven con las bombas en la ciudad siria de Alepo

Por Julia Castro. Foto: Reuters. Lunes, 31 de octubre de 2016

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Decenas de miles de personas conviven cada día con las bombas en el infierno de Alepo. La guerra en Siria parece no tener un final por el momento y la única esperanza que le queda a la población civil, que está siendo cruelmente masacrada, es que la comunidad internacional ordene el establecimiento de una zona de exclusión aérea para proteger a los habitantes de esta localidad devastada por los bombardeos. Alepo es hoy una ciudad fantasma. Edificios en ruinas, montañas de escombros. Niños huérfanos abandonados a su suerte –en las últimas semanas más de cien menores han perdido la vida  a causa de las bombas–. Las oenegés han hecho un llamamiento desesperado al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y al líder ruso, Vladimir Putin, para que acuerden el cese inmediato de las hostilidades y puedan entrar en la zona los convoyes con ayuda humanitaria. Pero de momento todos los esfuerzos por lograr el alto el fuego han quedado en papel mojado y nada se respeta ya en Alepo, ni la vida de los civiles, ni los pocos hospitales que quedan en pie, ni las infraestructuras más básicas (encontrar agua potable en la zona se ha convertido en una tarea poco menos que imposible). Ni siquiera las sedes de las organizaciones humanitarias que trabajan en Alepo se respetan ya.

La guerra civil en Siria estalló a principios de 2011 entre el Ejército fiel al presidente sirio, Bashar al-Asad, y grupos armados de diversa índole y procedencia, conocidos en Occidente como la “oposición” o los “rebeldes sirios”. Para empeorar la situación, al conflicto se han sumado también los yihadistas del Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS o Daesh), que pretenden instaurar un Califato o régimen totalitario de corte islamista. De manera que en Siria hay varios ejércitos y facciones en contienda enloquecida, una guerra que está pagando la población civil. Además, el conflicto se ha internacionalizado: Rusia apoya a Bashar al-Asad mientras que Estados Unidos toma partido por los rebeldes. Los yihadistas hacen la guerra por su cuenta tratando de sacar tajada del caos en que ha quedado sumido el país.

Pero el infierno de este conflicto que corre el riesgo de enquistarse está siendo especialmente crudo para la población más vulnerable: los niños. El reciente llanto de Rawan Alowsh, la niña de 5 años rescatada con vida de los escombros en la ciudad de Alepo, le recordó al mundo, una vez más, que en medio de la guerra civil de Siria hay millones de niños indefensos. Las agencias de cooperación internacional calculan que bajo las explosiones provocadas por los ataques aéreos hay alrededor de 100.000 niños atrapados, según informa la BBC. Hace unos días, la organización humanitaria Save the Children advirtió que aproximadamente la mitad de los heridos en Alepo eran menores de edad. El informe añade que los niños “están muriendo en lo que queda de los hospitales” debido a la escasez de equipos médicos y medicinas. “Las cosas nunca han estado peor para los niños sirios”, señaló la portavoz de la organización, Caroline Anning. La pequeña Rawan ha perdido a toda su familia, incluyendo a sus cuatro hermanos. Ahora, ingresada en un centro médico, no se sabe qué va a ser de ella y lucha por salvar la vida.

La población de Siria, como la de otros muchos otros países de Medio Oriente, es relativamente joven, con una edad media que se calcula en los 24 años. Aproximadamente la mitad de los casi cinco millones de refugiados que han huido de Siria son niños. Sin embargo, según Unicef, quedan otros ocho millones de menores en ese país devastado por la guerra. En el este de Alepo, zona de bombardeos, Save the Children calcula que alrededor del 40% de la población sitiada son menores de edad. Las cifras son preocupantes, según explica Caroline Anning, pues en una guerra la gran mayoría de heridos deberían ser hombres adultos que están en la línea de combate. Pero en Alepo la mitad de las víctimas son niños. “Lo que hemos visto en Alepo en el último par de días son bombardeos totalmente indiscriminados desde el aire”, señala la portavoz de Save the Children. “Los niños se ven afectados igual o más que los adultos bajo estas condiciones”, concluye. Los ataques indiscriminados sumados al asedio continuo que impide a la gente abandonar la ciudad produjeron una de las peores situaciones humanitarias en los más de cinco años que lleva la guerra civil siria. Cuando las bombas llueven sobre áreas urbanas densamente pobladas, como en el este de Alepo, no hay ningún lugar seguro para refugiarse. Y los niños que viven prácticamente en las calles, a la intemperie, son los más vulnerables. “A menudo están jugando fuera de las casas y son presas fáciles de las bombas. Ellos, por instinto, no saben huir del peligro”, explica la directora de cooperación de la organización benéfica War Child, Hannah Stoddard.

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La situación se ve agravada por el hecho de que escuelas y hospitales, lugares donde los niños tienen más probabilidades de ser alojados, están en el punto de mira del Gobierno sirio. De un tiempo a esta parte, las tropas gubernamentales han intensificado su campaña de terror contra los centros humanitarios. Se puede decir que en Alepo nadie respeta la Convención de Ginebra.

Los niños, además, corren más riesgos cuando resultan heridos. La pérdida de sangre es más contundente para ellos y las fracturas se producen con mucha mayor facilidad. Las imágenes de Aylan Kurdi, Omran Daqneesh y ahora la niña Rawan Alowsh pueden haber atraído la atención mundial de forma momentánea, pero de ningún modo son casos excepcionales. Los equipos de rescate encuentran menores todos los días enterrados bajo montones de escombros. “Lo que las imágenes no muestran son las cicatrices mentales que estos niños llevarán con ellos”, añade Hannah Stoddard. “En la mayoría de los casos, estos pequeños perdieron a uno o más miembros de sus familias o incluso pueden ser los únicos supervivientes”, explicó la funcionaria de War Child.

El alto el fuego inmediato es una necesidad urgente para poner fin al sufrimiento de la población civil y en especial de los niños de Alepo, según los grupos de ayuda. Tras la reciente ruptura del alto el fuego pactado por Estados Unidos y Rusia, y el aumento en las tensiones entre las dos superpotencias, las perspectivas de paz parecen escasas. Sin embargo, Save The Children cree que si un alto el fuego llegara a suceder, apoyo humanitario sostenido podría llegar a todas las áreas afectadas por la guerra y los bombardeos. Los grupos de ayuda necesitan ser capaces de moverse libremente para prestar las atenciones requeridas y evacuar de inmediato a los heridos. Mientras ello no ocurra, Alepo seguirá convertido en un “infierno” que se ensaña especialmente con los niños.

Durante años se han estado produciendo ataques químicos y lanzamientos de bombas de barril, armas totalmente prohibidas por la Convención de Ginebra, sobre el núcleo urbano de Alepo. La destrucción total a la que se está sometiendo a la ciudad pocas veces se ha visto en un conflicto armado. No se respeta ningún acuerdo ni ninguna norma. Más de 250.000 personas permanecen atrapadas en la zona este de la ciudad sin apenas acceso a comida, agua potable o medicinas. De ellas, se cree que al menos 100.000 son menores de edad. El pasado mes de septiembre, un convoy con ayuda humanitaria fue bombardeado horas después de que el ejército de la nación árabe diera por terminado un alto al fuego que llevaba en vigor una semana, causando varios muertos y abriendo un nuevo foco de conflicto entre EE.UU y Rusia. Un portavoz de la Organización de Naciones Unidas (ONU) dijo que al menos 18 camiones de un convoy de 31 vehículos de la organización de ayuda Media Luna Roja de Siria fueron alcanzados por las bombas cerca de Alepo cuando repartían ayuda en poblaciones bajo control de los rebeldes sirios. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el ataque dejó al menos 12 víctimas mortales.

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Ninguna opción es buena para acabar con la guerra de Siria, pero la pasividad que demuestra Occidente solo empeora la situación. Una zona de exclusión aérea implicaría que una coalición internacional pudiera disuadir a los aviones que intenten bombardear el norte de Siria e incluso derribarlos si desbodecen la orden. Pero la ONU sigue remisa a adoptar esta decisión. A estas alturas de la guerra, solo el alto el fuego a largo plazo y una solución política negociada entre las partes en conflicto, permitiría llevar ayuda humanitaria a las miles de personas que siguen aisladas entre montones de escombros. Pero todos los esfuerzos en este sentido han fracasado hasta la fecha. La medida de crear una zona de exclusión aérea sería eficaz, no solo porque no costaría una sola vida a los ejércitos de la coalición internacional, sino porque impulsaría una nueva negociación de paz si Bashar al Asad y su aliado Rusia se percataran de que el mundo va en serio para detener el conflicto.

Organizaciones no gubernamentales como Avaaz han apostado por la creación de una zona de exclusión aérea como mal menor. “Nuestro movimiento se ha opuesto a las intervenciones militares en numerosas ocasiones. Nuestra petición fundacional se oponía a la guerra de Irak y hemos hecho campaña contra la, a menudo, cínica participación de EE.UU en Oriente Medio. Pero ya han muerto 400.000 personas en Siria. Es una mancha en la conciencia de la humanidad entera. Una zona de exclusión aérea es lo único decente que se puede hacer dada esta horrible situación. Y no va a hacerse sin los EE.UU. Vamos a unirnos para exigir a Obama, a Rajoy, y a otros que salven a las familias y a los niños y niñas de Alepo”.

Hace solo unos días, barriles de dinamita, munición de dispersión –prohibida por las leyes internacionales–, bombas incendiarias y bombas de vacío destrozaron el mayor centro médico rebelde de Alepo. El ataque, atribuido a las fuerzas leales al presidente Bashar al Asad, inutilizó casi por completo la que hasta entonces había sido la instalación más capacitada para atender a los 250.000 civiles atrapados en la ciudad sitiada. Tras los ataques, Estados Unidos amenazó a Rusia con suspender la cooperación bilateral en lo relativo a Siria a no ser que Moscú actúe “de inmediato” para acabar con la cruenta ofensiva en la segunda ciudad del país y restaurar el cese de hostilidades. “Llevamos meses bajo asedio. Hay escasez de alimentos en los mercados, y no hay gas para cocinar ni combustible, así que tenemos que usar leña para cocinar y nuestra alimentación es básicamente arroz, lentejas, bulgur (trigo) y algunos vegetales que podemos cultivar”, lamenta un vecino de Alepo. “Ya da igual quién sea el vencedor y los vencidos… sólo queremos vivir en paz”, implora. En la última semana, los distritos orientales controlados por los rebeldes, donde sobreviven cerca de 300.000 personas, han sido golpeados por 1.900 bombardeos aéreos, que han causado la muerte de al menos 338 civiles, entre ellos cien menores, y 846 heridos. El infierno de Alepo sigue ardiendo mientras la comunidad internacional mira para otro lado.

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