Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 62, Opinión
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De ilusiones e ilusos

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

@lidia_sanchis

Un estudio concluye que más del 50% de las mentiras no se descubre y aunque Disraeli (o Mark Twain, o Aaron Sorkin en El ala oeste de la Casa Blanca, vaya usted a saber a quién hay que creer) decía que hay tres clases de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas, ese 50% es un porcentaje ciertamente preocupante. Porque en la ficción podemos tolerar el engaño, incluso forma parte de su misma naturaleza (todos aceptamos que hay un pacto entre el autor y el lector y nos fiamos de que los términos del acuerdo se cumplan a rajatabla porque de no ser así estaríamos ante una mala novela), pero en la vida real la falsedad acaba por ser intolerable.

De apariencias y engaños trata la última novela del periodista José Sanclemente,  Ilusionarium, un thriller de investigación en el cual nada es lo que parece y cuyos protagonistas pertenecen a unos gremios que se deslizan continuamente por esos territorios de la verdad y la mentira: el de los ilusionistas y el de los periodistas. En ese libro hay una frase que recorre toda la trama y le da sentido: “el mundo quiere ser engañado”. Y acabaré por estar de acuerdo porque la discrepancia ante esa sentencia me provoca demasiada angustia. Y cuando me angustio me hago preguntas. Un sinvivir.

Si no quisiéramos ser engañados en la vida real no se comprende por qué el PSOE, su secretario general, sus barones y la cabra de la Legión no salieron a pecho descubierto y, desde el primer momento, reconocieron que iban a abstenerse y, por tanto, a propiciar, no entorpecer, favorecer, ayudar, hacer un favor, o apoyar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Incluso no se entiende por qué no reconocieron que esta situación (la del gallego otra vez dirigiendo los designios de España) puede que fuera lo mejor para los intereses del PSOE. Si no opinan como yo, mírenlos ahora.

La ficción habita y reina en el territorio de la narración. Como es sabido, una narración es una sucesión de acciones en el tiempo de manera tal que se produce un cambio o transformación desde una situación de partida a un estado final nuevo. Y en todo ese proceso hay un elemento esencial: la intriga.

Fue Todorov quien en 1969 teorizó sobre la secuencia narrativa y determinó que una secuencia prototípica está constituida por cinco proposiciones de base, de manera que, de una situación inicial que presenta un espacio y un tiempo determinados, se pase a otra final en la que se muestra el nuevo estado que resulta de las acciones sucedidas.

Pero hete aquí que nosotros, el PSOE, sus barones y la cabra de la Legión partíamos de Rajoy presidente de la XII legislatura y vamos derechitos al abismo de la XIII legislatura con Rajoy presidente. Nada ha cambiado y, además, ¿dónde quedó la intriga? Los unos han roto el pacto de la narración; los otros han hecho de la mendacidad su política.

Quizá todo el mundo necesite ser engañado, sí. Pero ¿a qué precio? No de este modo. No por los mismos. No todo el tiempo. No en la vida real. Y, en cualquier caso, ¿por qué somos tolerantes e incluso auspiciamos unas ficciones y no otras? ¿Será por amor? ¿Y a quién amaba Pdro Snchz? Total, para qué.

Ya les digo. Un sinvivir.

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L'Avi

@AviNinotaire

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