Artsenal, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 62, Opinión
Deje un comentario

¿Qué fue del futuro?

Por Francisco Cisterna  / Viñeta: Artsenal

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

¿Se acuerdan ustedes del futuro, de esa entelequia inalcanzable que sólo podemos abrazar cuando ya es pasado? O, tal vez, tienen ustedes la sensación de que el futuro es un chicle que se estira y encoge –como las tripas de Jorge– a merced de las estadísticas económicas. El futuro, desde una dimensión emocional, es una especie de eterno salón de loterías y apuestas del Estado. Una trampa sublime de esperanzas monótonas que masticamos mecánicamente hasta que lo escupimos y se nos pega en la suela del zapato. Desprenderse de esta sustancia gomosa, que nos acompañará a lo largo del camino “como un perro fiel, pero importuno”, no es empresa fácil. Conozco a muchos ancianos a los que el futuro se las ha pegado en la culera de los pantalones de tanto frecuentar los dorados bancos de la jubilación, bancos de parques y jardines donde otros, antes que ellos, depositaron ese material viscoso que al secarse adquiere la solidez de una lápida. También conozco a muchas madres que se afanan en despegar de las zapatillas de sus hijos el resbaladizo futuro, pues adivinan que el porvenir, más que una esperanza, representa una losa. Y conozco –¡cómo no!– a numerosos desempleados con las suelas tapizadas de futuro de tanto frecuentar las pegajosas oficinas de empleo. Oficinas llenas de un futuro esplendoroso, primo hermano de la nada y de la media suela.

Desengañémonos, el futuro no tiene zapatos ni, quizás, pensiones (escribiré jubilaciones por si alguien las confunde con un establecimiento hotelero) ni jubilaciones. Y los Poetas Pastoriles, grupo neorromántico liberal  –que por sus iniciales parecen del PP–, avisan con sus coplillas amables y montaraces (de Montoro) que descalzos vinimos al mundo y descalzos, seguramente, moriremos. A no ser, claro está, que seamos accionistas de alguna Sicav o amiguetes del zapatero de nuestro barrio. Serlo del otro zapatero, me figuro que también ayudará –hay que tener amigos hasta en el infierno… del PSOE–. Con zapatos o sin ellos, en el futuro llueve sobre mojado. Así me lo han contado algunos intrépidos viajeros que han visitado ese territorio ignoto y salvaje en una acampada boy scout de fin de semana. Los testigos del futuro me han dicho que en el futuro sigue habiendo políticos, pero con nuevas habilidades. Por ejemplo, además de ser  políticos, poseen por añadidura el extraño don de la bilocación, y ocupan dos tiempos verbales en el mismo espacio-tiempo sin sufrir problemas de dislexia. Muy al contrario, se expresan meridianamente y cuando dicen no, queda clarísimo que en el futuro quieren decir sí. Es decir, son gramaticalmente ambidiestros, y manejan las extremidades izquierdas con igual habilidad que las derechas. Hablo en plural de plurales porque, al parecer, los políticos del futuro presentan biológicamente cuatro apéndices locomotores y cuatro prensores para poder chutar a diestro y siniestro, como Messi, o trincar a cuatro manos como quien todos sabemos.  En fin, los viajeros boy scout, que regresaron del futuro calados hasta los huesitos y con los toblerones empapados, me dijeron que allí llueve a cantaros por culpa de un fenómeno climático llamado “El Niño Pedro”. Los estudiosos del clima -que no tienen por qué ser meteorólogos, según los expertos en cabañuelas- andan indagando en el pasado para comprender la magnitud del fenómeno y analizar los mecanismos naturales que produjeron el fatal cataclismo meteorológico que padecen en el futuro que habitan. Es más, han designado a un tonto ilustre con una campana que la hace sonar al menor atisbo de nubes grises en señal de alarma y en recuerdo de aquel otro famoso campanero de Wall Street, que badajo en mano, anunció la bonanza que precedió a la tempestad.

A poco que prestemos atención al relato de los viajeros boy scout, apreciaremos que el futuro no es ninguna bicoca. La conclusión es sencilla, el futuro, llana y simplemente, no es otra cosa que las promesas del presente. El futuro reacciona con nuestra saliva, se ablanda y goza por unos momentos de una textura engañosa que nos engolosina, que se adhiere a las piezas dentales, haciéndonos creer que gobernamos a nuestro antojo la materia del  zapotero (árbol del que se obtenía la goma de mascar). Pero este sabor que nos estimula, no tarda en desaparecer. El compuesto gomoso, antes moldeable, se torna seco en proporción al número de  dentelladas, se endurece y pierde todo su sabor añadido. Lo cual nos obliga a masticar un nuevo chicle para seguir disfrutando del futuro. Por eso la goma de mascar se vende en paquetitos de varias unidades.

Muchos políticos llevan, perenne, un chicle pegado en la boca. El futuro es su negocio. Cuando no existe, prometen crearlo; cuando existe, es muy probable que lo destruyan.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Artsenal

@ARTSENALJH

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *