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Eva Hache: “No me hace gracia ningún político, son poco profesionales y casi todos delincuentes sin escrúpulos”

Por José Antequera / Foto: David Ruano. Viernes, 21 de octubre de 2016

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  Entrevista

Pese a que se ha convertido en nuestra primera showoman y en el rostro más popular de la televisión (algunos la comparan con la mismísima Ellen DeGeneres) por momentos Eva Hache (Segovia, 1971) sigue siendo como esa amiga del barrio simpática y enrollada con la que todos pasaríamos una noche de copas. Durante cuatro años ha presentado El Club de la Comedia, el programa de humor más visto de la pequeña pantalla y el que le ha dado el éxito y la fama profesional. Sus ojazos expresivos que lo dicen todo, su mímica gestual electrizante, su humor arriesgado e inteligente y su rompedor corte de pelo a lo garçon futurista han moldeado la fuerte personalidad de una actriz singular que, tal como le ocurriera a otras grandes damas de la escena como Lina Morgan o Rosa María Sardá, siempre acaba conectando con el público en corriente de alto voltaje. Ahora está de gira por España con la obra Los vecinos de arriba (Paterna 11 de noviembre, Alicante 18 y 19 y Castellón 2 de diciembre) una comedia dirigida por Cesc Gay que habla sobre los desamores y las insatisfacciones sexuales de dos parejas que conviven en un mismo edificio y que se plantean sus relaciones monótonas y aburridas. “Los personajes de la obra se ven envueltos en un tsunami de emociones y se debaten entre la envidia corrosiva y una lucecita de esperanza. ¿Hay solución? ¿Se darán al gel de placer? No sabemos”, asegura. En el último año, sus fans han notado su ausencia en El Club de la Comedia después de que Eva Hache haya tenido que salir del programa por desavenencias con la dirección (“acepté un trabajo en la competencia y eso no les gustó”) y quizá sea por eso que los índices de audiencia andan un tanto alicaídos desde entonces. A fin de cuentas Eva se escribe con hache mayúscula. Y no es tan fácil comerse una hache y reemplazarla por otra letra.

Los vecinos de arriba está funcionando muy bien. Y con lo mal que está el teatro eso es un éxito todavía mayor…

El teatro es un milagro. Los vecinos es una comedia exquisita en la que el público se ríe a gogó de una situación muy reconocible y que, a la vez, trata un tema bastante trágico. Es fácil invitar a la gente a ver una función divertida e interesante. Por eso funciona.

A las parejas de la obra les ha llegado la monotonía, la rutina sexual. Quizá por esa insatisfacción conyugal triunfan los anuncios de geles de placer. La tele está llena de esos spots, sobre todo a la hora de comer…

El principal enemigo del amor es el desamor, sí. Muchas veces es fácil instalarse en el desgaste pero cuando se presentan las comparaciones, que son siempre odiosas, surge el conflicto. La incomodidad que sienten los vecinos de abajo al ver lo bien que les va a los de arriba hace que se planteen muchas cosas y se vean envueltos en un tsunami de emociones y se debatan entre la envidia corrosiva y una lucecita de esperanza. ¿Hay solución? ¿Se darán al gel de placer? No sabemos.

Además, no conocemos a nuestros vecinos de arriba, la incomunicación en los edificios llega a ser terrible…

Sí, hay incomunicación pero también tabiques de papel… Muchas veces no conocemos a nuestros vecinos pero sabemos absolutamente todo lo que hacen, de día y de noche. Se producen situaciones bien delicadas, no hay confianza pero se comparten momentos de, digamos, intimidad un tanto vergonzantes.

¿Cómo es trabajar con Cesc Gay?

Es fácil. Cesc es muy generoso. Ya había montado esta obra otras dos veces y se ha entregado de nuevo con dedicación, paciencia y muchas ganas de divertirse. Ya en sus películas tiene el don de tratar temas espinosos con una dosis de comedia brutal. Es capaz de hacer pensar sin sufrimiento, es muy fino. Yo estoy muy muy agradecida de que haya querido contar conmigo, no todos los directores se atreven con una comicastra como yo (sonríe). Y a mí me hacía falta hacer un trabajo como Los vecinos… Estoy disfrutando muchísimo y lo querré siempre.

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Con el actor Xavi Mira, uno de los intérpretes de Los vecinos de arriba.

Así que vienes de filología inglesa, que parece algo muy serio, desde luego no tiene mucho que ver con el humor…

Fue una tapadera. Enseguida empecé a tomar clases de teatro en la universidad. Si lo pienso, acabar una carrera de cinco años para dejarla a un lado es bastante cómico. Debe de ser mi carácter.

Y luego tengo entendido que pasaste del teatro clásico al cabaret. Así, de sopetón. Te gustan los retos difíciles…

Bueno, desde aquí parece que sucedió de sopetón, pero no. Fue muy gradual y entremedias hice otros muchos trabajos que no tenían que ver con actuar, pero que me han ayudado a ver lo poco de glamour que tiene ser actriz, presentadora, monologuista, que no son más que curros un poco más lucidos que los digamos normales, pero en los que hay que dar el callo igual.

Hasta que llega El Club de la Comedia, que te ha dado mucho…

Mucho. El Club me ha dado, y me sigue dando, mucha satisfacción. Ha sido una ocupación en la que he ido creciendo y que, yo creo, he conseguido dominar con mucho placer.

Tus fans te piden que vuelvas, ¿qué pasó realmente? ¿por qué la dirección del programa decidió cambiar de presentadora?

Volver no está en mi mano, como no lo estuvo marcharme. Hubo una conmoción en la fuerza y, como llevaba tiempo sin trabajar, acepté un trabajo en la competencia. No les gustó. Hasta luego. Pero, ¿sabes qué? Aunque me dio mucha pena que fuera una ruptura fea estoy más que encantada de lo que hago ahora: Vecinos, Got Talent, Web Therapy no hubieran sido compatibles. ¿Se nota que estoy encantada? Sí, tienes razón, me gustan los retos difíciles.

Ahora van probando caras nuevas, eso es que la cosa de la audiencia no debe irles demasiado bien…

Ni idea. A ver, no es fácil hacer bien lo de la audiencia… Pero eso sería cotillear (sonríe).

La gente a menudo se pregunta si los monólogos son vuestros o de los guionistas. Es un buen momento para aclararlo.

Los monologuistas de profesión hacen sus propios textos; los actores y yo: material del equipo de guionistas del programa. El secreto para que funcione un monólogo es que parezca que es verdad y que se cuenta por primera vez. Los guionistas de El Club de la Comedia y yo nos conocemos desde hace años y son tan profesionales y tan desprendidos y han confiado tanto en mí en las cuatro temporadas que yo presenté que me dejaban maltratar su trabajo y que pareciera que me lo inventaba yo.

Hay un boom del monólogo, salen monologuistas hasta en la última verbena del último pueblo. ¿Por qué crees que gusta tanto este género?

Es una joya. Es variado:  hay tantos monólogos como monologuistas, multitud de temas. Es barato, cómodo, funcional y, sobre todo, es comedia.

O sea que el monólogo ha ocupado el lugar del karaoke…

Aún quedan karaokes ¿no? Claro, los karaokes no dan risa. Bueno… no todo el rato.

¿Se te ocurre algún buen político con madera de monologuista?

No me hace ni puta gracia ninguno. Me dan escalofríos y ganas de matar ver que los políticos son tan poco profesionales y, casi todos, unos delincuentes sin escrúpulos.

Yo a Rajoy lo veo un gran humorista. La retranca gallega, sus trabalenguas en plan Ozores y todo eso… ¿Qué te parece a ti?

Pues quédatelo tú.

Sin embargo, con tanta bromilla al final nos toma el pelo el presidente…

Y lo que no es el pelo.

Este país por momentos parece que no tiene arreglo. ¿Ya solo nos queda sentarnos y reírnos?

Pues lo que tú dices: esperpento. Nos reímos porque somos así y preferimos la catarsis de lo ridículo a sufrir de más. A veces pienso que se nos va la fuerza por la risa, pero no entiendo cómo no salimos en masa a la calle para dejarlos en evidencia. A lo mejor porque está prohibido…

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Pero hacer humor se está poniendo muy caro. La ley mordaza prohíbe muchas cosas, como meterse con la Casa Real. ¿Te han censurado alguna vez un chiste monárquico, por ejemplo?

No hace falta la censura, ya nos censuramos nosotros a priori. Sabemos de lo que no se puede hablar, pero también sabemos cómo hablar de temas peliagudos sin que se note. Es lo que ha hecho el bufón desde que el mundo es mundo.

Y luego están los yihadistas. Ni se te ocurra meterte con Mahoma o eres hombre muerto. ¿Hay que ser valiente para hacer sátira en estos tiempos?

Es paradójico que las religiones, que están hechas para dar paz, se supone, sean el detonante de la más injusta de las violencias. Inadmisible.

O sea que vuelve una especie de censura previa…

Hay que ser más ladino.

Vivimos un boom del humor. En las redes sociales todos compiten por ser el más ingenioso. Os ha salido mucha competencia a los humoristas…

Sí. Hasta tú estás haciendo preguntas con bastante sorna… No lo veo como competencia, está bien retratar el drama de la vida con humor, es necesario. Y en las redes hay gente con un ingenio maravilloso.

Hasta hace bien poco, el humor era cosa de hombres: Tip y Coll, Martes y Trece, Eugenio, Gila y tantos otros. Pero de un tiempo a esta parte se ha generado una cantera de grandes mujeres solistas del humor. Ya era hora ¿no? ¿Por qué habéis tardado tanto en llegar?

No estoy de acuerdo. Siempre ha habido mujeres cómicas. Lo que pasa es que, como en cualquier ámbito, el recuerdo, la trascendencia, es patriarcal. ¿Hemos tardado en llegar? Más bien en ser reconocidas o recordadas pero ya estábamos ahí.

¿Quién fue tu musa o muso, tu fuente de inspiración en la interpretación de la comedia?

Yo de pequeña quería ser Gracita Morales, Lina Morgan, Florinda Chico, Mary Santpere, la Sardá, las Hurtado, las Virtudes, Carmen Maura, Verónica Forqué, Chus Lampreave, la Machi… ¡Todas mujeres, fíjate! Y Gila y Tip y Coll y Pedro Reyes y Faemino y Cansado…

¿Hay un sentido del humor masculino y otro femenino, o nos reímos de lo mismo?

No hago ninguna diferencia a la hora de reírme ni a la de hacer reír.

¿Eres muy de Twitter o más bien poco? ¿Ya das por superado aquel episodio de las amenazas que sufriste?

Me gusta muchísimo. Es mi fuente de información diariamente. He conocido a gente en Twitter que jamás me hubiera encontrado de otra manera. Me inspira. Aquello de las amenazas fue una experiencia más, no pasé miedo ninguno.

¿Cómo es la experiencia de presentar una gala de los Goya? ¿repetirías?

Es la trabajera de la vida. Muchos días, muchas horas, muchas preocupaciones, mucha exposición… Repetiría, sí, en unos años.

¿Existe el chiste perfecto? ¿Cuál es el tuyo?

El que hace reír y tiene sustancia.

¿Con qué no se debe bromear nunca?

Es la manera, no el contenido. No sólo se puede sino que se debe bromear sobre todo.

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José Antequera

@jantequera8

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