El Petardo, Humor Gráfico, Número 61, Óscar González
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El PSOE es mío y me lo tiro cuando quiero

Por Óscar González / Viñeta: El Petardo

Óscar González

Óscar González

A Pedro Sánchez se lo creían tan poco en el PSOE que empezaron quitándole las vocales y acabaron por borrar también las consonantes y la tilde, antes de ponerle un vergonzante punto y final a su andadura como teórico mandamás del partido.

No es la primera vez en la política española que una cacicada da al traste con la apariencia de normalidad democrática de una formación. Los militantes gallegos de Podemos, sin ir más lejos, todavía tenemos fresco en la memoria el “golpe de timón” que decidió perpetrar una parte de la ejecutiva autonómica contra el anterior secretario general, Breogán Riobóo, que se materializó en la forma de una dimisión en bloque no demasiado distinta a la que acabó invitando a Pdr Snchz a irse a su puñetera casa, dejando un partido quebrado, una herida abierta con pinta de que podría ser mortal y una militancia que no acaba de entender del todo bien de qué va la película, pero que asiste con una mezcla extraña de curiosidad y bochorno a como la democracia es sagrada mientras no conviene a los intereses de algunas pasársela por entre las cachas.

Lo que saben perfectamente en el PSOE es que en la mente de los españoles que se consideran de izquierdas no cabe un escenario político en el que el partido de Pablo Iglesias no sea una de las fuerzas hegemónicas en las cámaras. Ello es consecuencia del tremendo capital simbólico que la formación atesora desde que Isidoro se reconvirtiera en Felipe González y apareciese en escena con aquella americana de pana obrera que ha sido devorada por la polilla y manchada de sangre por el GAL y la cal viva.

También  saben que el ser humano es mucho más dado a recordar las cosas buenas que las malas, y que este efecto se agrava notablemente cuando los llamados a recordar son un grupo grande y heterogéneo, como pudiera ser la sociedad española en su conjunto, un fenómeno que hace que Felipe siga siendo escuchado por muchos, cuando un análisis detenido de su vida y su trayectoria nos debería llevar más hacia un profundo desprecio al que ha sido un auténtico traidor de clase y de todos aquellos que una vez depositaron en él esperanzas de renovación para el país. Personalmente, creo que también es un asesino, y quizá ese inquietante “nunca tuvimos tan mal resultado en Euskadi, ni siquiera con lo que hicimos”, sea el lapso freudiano más inoportuno de la historia e implique un reconocimiento tácito de su calidad de autor intelectual de los GAL. De ser así, sería grave.

Pero lo sería mucho más el pensar que el mismo tipo que dio órdenes de secuestrar y asesinar a personas, pervirtiendo así las mínimas convenciones sobre la democracia y la separación de poderes (por no mencionar la honorabilidad), es el que ha descabalgado al secretario general del partido a nivel estatal, porque a la gravedad de que fuera un asesino el referente mítico de uno de los dos partidos que se han turnado en el gobierno del país, hay que añadir la tremenda crisis de legitimidad que la verificación de dicho lapso generaría.

Ese es precisamente el gran drama a la hora de enfrentarse a Felipe González, que su leyenda le da crédito más que suficiente para saberse intocable, porque él no es uno de los actores de la democracia, sino que para muchas personas, por desgastada que esté hoy su figura (que tampoco tanto), Felipe ES la democracia, la personificación de la misma, el triunfo de lo nuevo sobre lo viejo, un discurso que unos cuantos perroflautas habían conseguido disputarle. No importan sus sombras, porque sus luces (míticas, insisto) brillan con la intensidad de mil soles.

Por eso no le ha temblado el pulso a la hora de señalarle la puerta al chico sin vocales, porque cuando la marioneta empieza a creerse que es un niño de verdad, papá Isidoro no tiene inconveniente en llamar a su perra guardiana y montar una asonada bochornosa que pone al PSOE a los pies de un Mariano Rajoy y un Partido Popular que, en un país de verdad, estarían ya procesado y disuelto respectivamente. En algunos, incluso al revés.

Todo vale si se tamiza con las palabras adecuadas. Escalofriante lección la que nos ha dejado el funeral de un PSOE que primero dejó de ser socialista, después dejó de ser obrero y el pasado fin de semana dejó también, simplemente, de ser. Lo que siga, de aquí en adelante, será muchas cosas, pero nada tendrá ya que ver con aquellos zurditos guays y sus chaquetas de pana.

¿Saben? Yo me imagino a González discutiendo la estrategia con sus asesores y, ante la incredulidad de estos por la rendición del partido planteada, haciendo como el protagonista de aquel chiste malo, cuando decía “el gato es mío y me lo follo cuando quiero”.

Requiescat in pace, PSOE.

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El Petardo

@petardohuelva

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