Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 61, Opinión
Deje un comentario

El culebrón

Por Francisco Cisterna  / Viñeta: Iñaki y Frenchy

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

La situación política española se ha convertido en un culebrón venezolano, una serie diaria de episodios que el electorado sufre y disfruta entre la admiración y el desprecio. Admiración por comprobar hasta qué punto los partidos son capaces de resistir sin dar su brazo a torcer aunque se lo quiebren; y desprecio porque la historia interminable, que comenzó hace ya un añito, ha dejado al descubierto más miserias que grandezas. Un folletín, digno del propio Balzac, que se ha prodigado más allá de los informativos carismáticos como el avance político de la nada. Esta especie de Gran Hermano Presidente, seguido por politólogos, apostadores gubernativos y morbosos displicentes, levanta su telón a diario para sorprendernos con una vuelta más de tuerca en un tornillo que parece no tener fin. Mientras tanto, la III Edad Electoral presagia torbellinos de fuerza centrípeta (donde la tendencia es hacia el centro) que amenazan con centrifugar (expulsar hacia las paredes) algún que otro partido demasiado apegado al eje. Y es aquí donde la banda sonora del culebrón revive el viejo éxito de Los Mismos: “Voy a pintar las paredes con tu nombre, Susan, para que sepas que te odio de verdad”. Sé que al nombre propio le falta una vocal, pero así es más culebrero –de culebrón–, y, además, rima mucho mejor con la canción. Un digno final para un folletín que promete continuidad, tragedia, morbo y un montón de actores secundarios.

Pero el susodicho capítulo –titulado La señora S., la anaconda andaluza–,  con ser uno de los más importantes de la serie, no ha sido el único, y en la memoria de todos los espectadores prevalecerán para siempre escenas consideradas ya míticas en la filmografía patria. Por ejemplo, las del famoso episodio de los discos duros que se perdieron en un guateque juvenil organizado por Bárcenas antes de que Cospedal le diera calabazas en diferido. ¡Pobre enamorado desdeñado! Cómo lloramos a moco tendido con ese episodio. O aquel otro en el que Don Mariano se solidarizaba con su amigo Luis en un “sé fuerte”. Uno de los capítulos más descargados en Internet, con el que finalizaba la primera temporada. Todo un ejemplo de amistad y camaradería, más allá de los intereses personales, del que deberían tomar nota tanto Putin como Obama.

Y qué me dicen de aquel otro episodio en el que Granados se encuentra atrapado entre los hilos de la Gurtel –sin comérselo ni bebérselo–, y que por más tijeras de podar que le envían sus amigos no consigue liberarse de las corruptas redes que lo atrapan. Menuda angustia me produjo ver al pobre muchacho luchando a tijera partida en los juzgados, podando aquí y allá, recortando, perfilando, para acabar siendo engullido por las pegajosas y profundas raíces de la Gurtel. Y es que esa tal Gurtel no parece ser una buena mujer, porque, al final, casi todos los pretendientes acaban atrapados en sus redes. Es más, siendo un personaje tan importante en la serie, resulta curioso que no tenga rostro. Solo la conocemos por sus víctimas. En fin, me figuro que será un recurso de los guionistas que, al parecer, afirman que merece una serie aparte, con entidad propia e identidades por descubrir. Y creo que no les falta razón. Sería una digna secuela que podría permanecer varias temporadas en pantalla. Al menos, descubriríamos su verdadero rostro.

Pero debo confesarles que entre mis episodios favoritos se encuentra la espectacular persecución policial, en pleno corazón de Madrid, por un quítame allí esas multas. Ver a esa pobre ancianita perseguida por moteros uniformados me llegó al alma –incluso solté alguna lagrimilla sin que se diera cuenta mi mujer–. Pobre ancianita desvalida, que había sido presidenta de la Comunidad de Madrid igual que lo hubiera sido de un club de cupcakes americanos, o camarera de María Auxiliadora. Como es natural, una señora tan respetable, acosada por el talonario de multas cuando sacaba calderilla de un cajero, no tuvo más remedio que huir presa del pánico motero y de la indigna situación a la que estaba siendo sometida en plena vía pública. Un episodio espectacular y al mismo tiempo preñado de sensibilidad, que se pudo rodar gracias a la inestimable colaboración del ayuntamiento de Carmena. Para que luego digan que el cine español no sabe filmar escenas con efectos especiales.

En fin, qué les voy a contar que ustedes no sepan ya. Simplemente me he dejado llevar por la nostalgia seriefila. Y en mi ánimo no hubo otra que la sana intención de compartir con ustedes esos momentos de diversión y entretenimiento que nos han proporcionado los guionistas del culebrón durante estos inolvidables años. Risas y llantos, vírgenes condecoradas, corrupción, indignación, evasión fiscal, prevaricaciones, romances, odios, arrepentidos, cesados, juzgados, encarcelados, desahuciados, parados, emigrados, inmigrados, aforados, defenestrados, traicionados, enriquecidos, empobrecidos… Las diferentes situaciones se suceden con tal celeridad y tragedia que nos figuramos subidos en una montaña rusa, más que sentados plácidamente en el saloncito de nuestra casa. Aunque a veces noto que el mando se bloquea y no puedo cambiar de canal. O será que, tal vez, emiten la misma serie a la misma hora en todos los canales.

Pero antes de terminar quiero avanzarles que habrá una segunda temporada a la que no podremos renunciar. Quizá será más reposada, pero no menos interesante. Los guionistas gozan de motivos y referentes suficientes para seguir embrollando la trama. Además, sé de buena tinta que los productores de la serie duermen tranquilos porque el éxito está garantizado y el culebrón promete arrasar en los premios de La Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión. Y, si me apuran, hasta con el país entero, independentistas incluidos.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *