Humor Gráfico, Juan Ramón Carneros, Número 62, Opinión, Óscar González
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Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

Por Óscar González / Ilustración: Juan Ramón Carneros

Óscar González

Óscar González

La noche del martes al miércoles veía rota su somnolencia por la noticia del motín de un grupo de inmigrantes retenidos de manera ilegal en una de esas jaulas para seres humanos que se esconden detrás de unas siglas con demasiadas reminiscencias a la neolengua de Orwell, los CIE. Fueron pocos los periódicos que llevaron el tema a sus portadas y los que lo hicieron, optaron por titulares tibios o directamente surrealistas.

Ayer, Felipe González, ese señor que cree que este país aún está obligado a considerarlo un referente, fue “escracheado” por un grupo de estudiantes cuando se disponía a impartir una charla en una conocida universidad madrileña. Multitud de rotativos han dedicado hoy su primera página a criticar la protesta de los estudiantes por atreverse a ofender a la vaca sagrada de nuestra democracia, aunque el sacrosanto bovino esté hoy bastante escuálido y Felipe ‘Isidoro’ González haya engordado su tripa, su cuenta corriente y su falta de escrúpulos. Felipe ha sufrido tanto por el escrache que hasta el tipejo que le pedía a Bárcenas que fuera fuerte se ha solidarizado con él.

Entre ambas noticias es prácticamente imposible trazar un nexo de unión, más allá de que ambas se refieren a protestas y ni siquiera coincide el objeto de las mismas, pero ello no ha sido impedimento para que los grandes medios de nuestro país hayan iniciado su enésima campaña contra los populistas bolivarianos que vienen a destruir el país pidiendo que no se eche a la gente de sus casas ni se les corten los suministros básicos a quien no pueda pagarlos.

Aunque cada vez somos más los que nos creemos cada vez menos las noticias tal como nos las cuentan los mass media, existe todavía una parte importante de la población española que sigue construyendo su visión de la realidad sobre las informaciones sesgadas, cuando no directamente falsarias, que la prensa nos ofrece cada día. Es ese porcentaje de la población que no accede a internet de manera habitual, pero también esa parte de ciudadanía acomodada a la que no le interesa la realidad más allá de su utilidad como tema de conversación de cafetería o en las comidas familiares. Que, irónicamente, no lee prensa alternativa porque solo cuentan mentiras y no te puedes fiar de nadie, salvo de los que ya tienen una reputación y un prestigio.

Es un poco lo que le ocurre a Felipe González. Para muchas personas, él todavía es la imagen de la izquierda española, aunque sus fotografías en yates de lujo y sus amistades peligrosas con personajes oscuros como Carlos Andrés Pérez (el que mandaba en Venezuela antes que Chávez y que ordenó al ejército disparar contra su propio pueblo), parezcan sugerir que hace tiempo que escora hacia el otro lado.

Esta reputación de progresista es la misma que le permite, con la inestimable ayuda de ese lamedor de gónadas en que se ha convertido el diario El País, encabezar una cacería contra Pdr Snchz que acaba justificándose en “me siento engañado por él, que me dijo que se abstendría” y abocando al PSOE a una casi segura edad oscura de irrelevancia social y política y a España a nueve años de gobierno del señor de los hilitos de plastilina, el “Luís, sé fuerte” y demás hitos que nos avergonzarán cuando en el futuro recordemos.

O quizá no, porque la opinión pública seguirá siendo manipulada por esos medios de masas que no son otra cosa que la voz de sus amos y que siguen y seguirán teniendo  la capacidad de crear y enmarcar los imaginarios políticos y sociales que conforman el “sentido común” propio de cada época histórica. Los mismos que pueden convertir un golpe de estado en una “guerra entre hermanos” y vendernos al hoy olvidado Gallardón como un ejemplo de progresía conservadora.

Los mismos que pintan sus páginas y logotipos de rosa el Día Internacional Contra el Cáncer de Mama mientras en sus páginas llaman a la abstención para que gobiernen los que han perpetrado los mayores atentados contra la salud pública y el I+D+i en la historia. ¡Viva la esquizofrenia!

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JUAN RAMON CARNEROS

Juan Ramón Carneros

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