Luis Sánchez, Número 62, Opinión
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Brazos abiertos

Luis Sánchez

Luis Sánchez

Posar la mejilla
sobre un lecho
de espuma y arena
y dejar que el abandono
me cubra la piel
con su luz tostada
de café a media tarde.
Acariciar el velo de la dicha
con una sonrisa colgada
del abanico de las nubes,
y nadar en la inocencia
del olvido y de la pereza;
hundirme en ese silencio abismal
que huele a limpio,
entre cuatro paredes
de brazos abiertos,
y ganar, después, la confianza
de la noche, que me alarga
las pestañas para encontrar
suave y tranquilo
el camino del sueño.

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