Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 60, Opinión
Deje un comentario

A veces los poetas se equivocan

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

@lidia_sanchis

Hay lemas que marcan la vida, frases que se quedan enganchadas en algún lugar de nuestro cerebro y van trazando el camino por el que tenemos que avanzar incluso sin que lo sepamos. Es el caso de esa mujer, de mediana edad, cuya trayectoria vital –la mujer está en la cincuentena y ya le importa una higa expresarse como una cursi– está trazada a partir de un verbo en futuro –pasará– y de una sentencia de las que uno podría tatuarse en un brazo: vivir es resistir. Y aunque parezca lo contrario, esas dos máximas la han llevado a la acción.

Para ella, la resistencia es una forma de lucha, un desafío al desánimo que impregna cada minuto de este momento de la Historia. No sólo porque en este pedazo de tierra en el que nos ha tocado vivir estemos sin Gobierno (para ciertas cosas, apenas se nota, la verdad),  rodeados de corrupción y de mangantes, sino porque esa situación, en la que creo que no es necesario abundar, tiene un coste económico y anímico en la vida de las personas.

El coste económico de la corrupción se calcula en más de 7.500 millones de euros. Y eso sólo desde que llegó la democracia en 1978. Así lo han reflejado los periodistas Eva Díaz (redactora de investigación de elEconomista) y Joaquín Vidal (director de Estrella Digital), y el escritor y experto en Comunicación Francisco J. Castañón, en su Diccionario de la corrupción, publicado en la editorial Nostrum. No hay ayuntamiento, por pequeño que sea, diputación, gobierno autonómico o central que no esté señalado por la lacra de la corrupción, un fenómeno que algunos de nuestros representantes políticos consideran consustancial a su oficio. Menuda desfachatez.

¿Cómo no va a calar el desánimo en los administrados si a pesar de que el Gobierno está en funciones, o precisamente por ello, aprueba el real decreto que regula las reválidas de la Educación Secundaria Obligatoria, por poner un ejemplo? Y no es una cuestión baladí: si hay un futuro, si existe tal cosa como sinónimo de esperanza, vendrá de la mano de los jóvenes. Pero si esos jóvenes que han de liderar los próximos desafíos son los de siempre o los hijos de los de siempre porque la escuela sigue organizada para mantener las mismas estructuras de poder, no es extraño que cunda el desaliento.

El pesimismo, ese rasgo tan español, es la consecuencia lógica de políticas como la LOMCE, de la que les hablo en el párrafo de arriba, obra y gracia de José Ignacio Wert, aquel ministro controvertido y displicente cuya criticadísima trayectoria (y herencia, no lo olvidemos) ha sido recompensada con un puestecito en la OCDE, en París. 775.655 euros brutos dice la prensa que paga el Ministerio de Exteriores en funciones para el mantenimiento de los locales y jardines tanto de la Embajada de España en París como de la Delegación Permanente de España de la OCDE (es otro ejemplo).

El abatimiento cala en nosotros como la lluvia fina.

Jorge Luis Borges decía en uno de sus más conocidos poemas: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”. La mujer de mediana edad lucha cada día: contra la precariedad laboral o el paro; contra los precios de la guardería de sus hijos o de la ternera en el mercado, que no puede pagar; contra gobiernos que deciden el futuro de esos mismos hijos, en funciones y en agosto. Cada mañana se dice en voz baja “pasará” y “vivir es resistir”.  Se siente en la obligación de tirar para adelante, como le enseñaron sus padres. Pero piensa en Wert y en tantos como él, y no puede. Quiere, pero no puede. Porque está llegando al convencimiento de que, a veces, los poetas también se equivocan.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

L'Avi

@AviNinotaire

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *