Germán Gorraiz, Internacional
Deje un comentario

¿Se está gestando una trama para acabar con Donald Trump?

Por Germán Gorraiz. Miércoles, 28 de septiembre de 2016

Deportes

Internacional

Donald Trump está a un paso de ser presidente de los Estados Unidos. ¿Pero cómo ha podido llegar buena parte de la sociedad estadounidense a confiar en un sujeto que promete levantar un muro de hormigón entre México y los Estados Unidos para que no puedan entrar inmigrantes en suelo norteamericano? En las filas del partido republicano hay muchos a los que el discurso xenófobo de Trump les repele y aún confían en que pase algo para que la carrera de este magnate de los negocios metido a político populista descarrile para siempre.

Algunos autores nos aportan claves sobre lo que está pasando en el hasta hace bien poco conocido como país de la libertad. Wright Millsen, en su libro The Power Elite (1956), indica que la clave para entender la inquietud que vive la sociedad norteamericana en los últimos tiempos se encontraría precisamente en el grado de sobreorganización de esa sociedad. Lo fundamental para entender el fenómeno Trump nos lo da el concepto mismo de establishment, entendido como “el grupo de élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media de EE.UU”, lobbys de presión que estarían interconectados mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”. Este establishment habría transformado la economía de los Estados Unidos en una guerra económica permanente cuyo paradigma serían los Rockefeller, al participar en los lobbies financiero, industrial, militar y judío, y uno de cuyos miembros, el banquero David Rockefeller, sería el impulsor de la Trilateral Comission o simplemente Trilateral, una organización internacional privada fundada en 1973 y establecida para fomentar una mayor cooperación entre los Estados Unidos, Europa y Japón. Así, el actual sistema dominante o establishment estadounidense utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas, teniendo como pilar de su sistema político la sucesiva alternancia en el poder del Partido Demócrata y del Republicano, ambos fagocitados por el lobby judío.

Trump y el cambio cualitativo

Y en ese contexto de sociedad manipulada por el actual establishment es donde irrumpe Donald Tump como una irregularidad en medio de un sistema que hasta ahora se creía perfectamente ordenado. El concepto de estabilidad o equilibrio se refiere a un sistema que permanece estable aunque registre un cambio, principio que trasladado a la esfera política de EE.UU y a las próximas elecciones presidenciales norteamericanas se traduciría en la presencia de candidatos auspiciados por la dirección de los partidos hegemónicos en EE.UU (Demócrata y Republicano) para perpetuar el estatus quo dominante, cuyas figuras visibles serían Hillary Clinton y Ted Cruz. Sin embargo, en la orilla opuesta encontramos el concepto de cambio cualitativo o discontinuidad, que se produce cuando simples cambios cuantitativos pasan a ser otra cosa diferente y el sistema se transforma internamente, de modo radical, en una nueva realidad que modifica su situación de equilibro interno, creando una situación nueva, tesis representada por los iconoclastas Donald Trump y Bernie Sanders.

La sorpresiva irrupción en el campo republicano de un candidato independiente y refractario a la disciplina de partido como Donald Trump ha desatado todas las alarmas en el seno de las cúpulas dirigentes, por lo que el controvertido magnate es asociado directamente por el aparato mediático del sistema dominante (mass media) con el advenimiento del caos (khaos o “vacío que ocupa un hueco en la nada”). Desde esta perspectiva, para explicar el efecto Trump y la vertiginosa conjunción de fuerzas centrípetas y centrífugas que terminarán por configurar el puzle inconexo del caos ordenado que se estaría gestando en EE.UU y que por efecto mimético se extenderá al resto del mundo, debemos recurrir al conocido “efecto mariposa”. El citado efecto, trasladado a sistemas complejos como la demoscopia, tendría como efecto colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato, ya que la inclusión de una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de los modelos explicativos se amplifique en cada unidad de tiempo simulada, hasta exceder incluso el límite estratosférico del cien por cien. Ejemplo perfecto de este fenómeno de amplificación sería la próxima nominación de Trump como candidato oficial del Partido Republicano y su posible elección como presidente de EE.UU en las elecciones de noviembre. Es decir, Trump sería la variable incorrecta o imprevista que está provocando errores infinitos en el sistema.

Las clases medias y el retorno del White Power

¿Pero a qué se ha debido el metórico ascenso de Donald Trump en la vida política de EE.UU? Según el Pew Research Center, la clase media norteamericana (con unos ingresos anuales de 73.400 dólares) ya no sería el segmento poblacional dominante en la sociedad estadounidense actual al sufrir una lenta pero progresiva caída en las últimas cuatro décadas. Así, según el Pew, en 1971 la clase media representaba el 61 por ciento de la población (unos 80 millones de habitantes) mientras que en la actualidad no alcanzaría el listón del 50 por ciento (49,9%) debido a la crisis de las hipotecas subprime, estallido de la burbuja inmobiliaria y posterior crash bursátil del 2008.

Conviene resaltar que entre los “perdedores de la crisis”, además de afroamericanos y latinos, aparecen por primera vez jóvenes universitarios endeudados y adultos blancos de más de 45 años sin estudios universitarios y con empleos de bajo valor añadido, que tras quedar enrolados en las filas del paro, habrían terminado sumidos en un círculo explosivo de depresión, alcoholismo, drogadición y suicidio al ver esfumarse el mirlo del “sueño americano”, lo que habría tenido como efecto colateral la desafección de dichos segmentos de población blanca respecto del establishment tradicional demócrata y republicano. Así, según una reciente encuesta de la NBC, el 54% de la población blanca estaría “enfadada con el sistema”, frente al 43% de los latinos y el 33% de los afroamericanos que siguen confiando en el sueño americano, lo que habría llevado a los votantes blancos a apoyar posiciones políticamente incorrectas y refractarias a los dictados del estabishment tradicional demócrata y republicano y que se habrían canalizado en el apoyo masivo de los jóvenes universitarios lastrados por una deuda media de 50.000 dólares al demócrata Sanders y de los indignados blancos mayores de 45 años a Trump.

Por otra parte, la nominación de Hillary Clinton como candidata oficial del Partido Demócrata a las presidenciales de noviembre diluirá la apuesta social propugnada por el candidato demócrata Sanders, por lo que Trump aprovechará la ocasión para absorber buena parte del voto de los jóvenes universitarios seguidores de Sanders, lo que sumado al voto seguro de los indignados blancos de mediana edad y al voto forzado de las clases altas de raza blanca, podría instaurar el White Power en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en el escenario del 2043. Así, según la Oficina del Censo de EE.UU, hacia ese año los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana, que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060. La afroamericana, por su parte, que pasaría los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones.

¿Complot contra Trump?

En una reciente entrevista a la cadena estadounidense ABC, el futurible candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, expresó sin ambages la idea de que la “OTAN está obsoleta, no sirve para combatir el terrorismo y cuesta demasiado a EE.UU”, por lo que exigió a los países europeos integrantes de la OTAN “pasar por caja”, pues la aportación económica de dichos países europeos sería de un exiguo 2% del PIB nacional, quedando el grueso de la financiación en manos de EE.UU (el 70% de cerca del billón de dólares del total del presupuesto). Asimismo, en una reciente conferencia pronunciada por Trump en la sede de la influyente revista política The National Interest, el candidato republicano expuso las líneas maestras de su política exterior, que podrían sintetizarse en su lema “Estados Unidos lo primero”, lo que de facto supondría un retorno a la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) la vuelta al proteccionismo económico tras cancelar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLCAN) y la intervención de EE.UU en el llamado “patio trasero” (América Latina).

Asimismo, Trump denunció la “excesiva cantidad de armamento que circula actualmente en el mundo”, lo que supondría la asunción de la doctrina del aislacionismo de EE.UU en el plano militar y la entronización del G-3 (EE.UU, Rusia y China) como “primus inter pares” en la gobernanza mundial. Ello supondría un misil en la línea de flotación del complejo militar-industrial que ya está perfilado para la etapa post-Obama, la recuperación del papel de EE.UU como gendarme mundial mediante un incremento extraordinario de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior (léase Nueva Guerra en Oriente Medio). Para llevar a cabo estos planes no sería descartable la gestación de una trama endógena de los poderes en la sombra y de los diferentes lobbies para, mediante métodos expeditivos, truncar la carrera política de Trump.  Liquidado Trump, los republicanos nombrarían a un nuevo candidato sorpresa propuesto por el complejo militar-industrial para lograr que EE.UU vuelva a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero poder en la sombra en el país: la Cuarta Rama del Gobierno. Esta teoría, lanzada por el escritor y editor Tom Engelhardt, asegura que en EE.UU el poder se concentra en las agencias de inteligencia, una auténtica Comunidad de Inteligencia de EEUU, agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo y verdadero poder en la sombra. Esta cuarta rama haría realidad las proféticas palabras del considerado padre de la Constitución norteamericana, James Madison, quien llega a asegurar: “la acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo, y judicial, en las mismas manos, y si es hereditaria, autonombrada, o electiva, se puede equiparar a la misma definición de la tiranía”.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

GERMAN GORRAIZ LOPEZ

Germán Gorraiz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *