Becs, Humor Gráfico, Número 60, Opinión, Rosa Regàs
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Rajoy

Por Rosa Regàs / Ilustración: Becs

ROSA REGAS

Rosa Regàs

Viendo todos estos días un Rajoy tan ausente y tan poco interesado en lo que ocurría a su alrededor, y al mismo tiempo tan seguro como si la situación no le exigiera más vitalidad y esfuerzo si quería conseguir esos pocos votos que le hacían falta para lograr ser investido, me preguntaba si él, que ha presumido de hacerlo todo tan bien que el país no tiene más remedio que rendirse a su voluntad porque es la única solución que le queda a la pobre España, me preguntaba, digo, si alguna vez a lo largo de esos ajetreados días, en la soledad de su hogar o en la de un largo vuelo a China, se había preguntado él qué he hecho yo para que me hayan negado su confianza una y otra vez todos los partidos, excepto esos imitadores que me han salido y que tanto presumen de trabajar por el bien de España.

Pero creo sinceramente que Rajoy no piensa en esto ni en muchas otras cosas que siempre creemos que ocupan la mente de los líderes. Su voluntad no va más allá de conseguir mandar, gobernar, ser el presidente del país, claro, pero no solo esto sino serlo de verdad, sin cortapisas ni acuerdos con otros a cambio de apoyos, que al fin y al cabo no dejan de ser acuerdos humillantes para él. Lo que quiere es recuperar su mayoría absoluta, hacer lo que le venga en gana, u obedecer a Europa que siempre da menos trabajo, contarlo como le plazca, manipularlo a cuenta de lo que le convenga, olvidando víctimas colaterales y viviendo en paz sin dar cuentas a nadie.

De ahí que de momento no tenga el menor interés en ser investido. Que vengan otras elecciones ya que, visto como somos los españoles, le darán más votos, y si aún le faltan, irá a otras elecciones jugando a la tortuga en el intento de conseguir apoyos para su cuarto intento de investidura, al que si hace falta seguirán el quinto, y el sexto… En esto sueña el candidato olvidando esa vergüenza que carga en la cuenta de los demás, mientras quieto y tranquilo espera que sea de nuevo su hora.

Quizá me equivoque pero no logro explicarme de otro modo su indiferencia ante lo que ocurre en este pobre país, ni su apatía a la hora de hablar, intentar convencer, trabajar si hace falta para lograr ser investido. Tal vez en su imaginación solo la mayoría absoluta permite gobernar. Discutir, acordar, pactar, escuchar a los otros, rendirles cuentas y no poder enviar a sus mentirosos al Banco Mundial, es cosa de débiles y de subversivos.

¿Y tú crees que se sentirá avergonzado en esta Cumbre de Hangzhou entre los jefes de Estado y de Gobierno de los países del G20?, me pregunta un periodista. Pues no, respondo, ¿cómo iba a sentirse avergonzado cuando allí se encuentra la famosa Madame Lagarde, del FMI, imputada o a punto de serlo? Él por lo menos no lo está, y a los votantes españoles que lo esté su partido les parece un delito menor.

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BECS

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