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La Politécnica de Cartagena contra la RAE: un asunto de igualdad de género

El escritor Arturo Pérez Reverte, durante un acto en la Universidad de Sevilla.

Por Francisco Saura. Viernes, 8 de septiembre de 2016

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Pérez Reverte ha creado una polémica en el microcosmos universitario de la ciudad departamental a cuenta de una resolución de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) publicada en el Boletín Oficial de la Región de Murcia mediante la que se convocaba concurso de acceso al Cuerpo de Catedráticos y Catedráticas de dicha Universidad (artículo completo aquí). La polémica enraíza con la peculiar cruzada que mantiene el escritor  contra la utilización del lenguaje no sexista en la que se mezclan ideas, percepciones, malentendidos, teorías de la conspiración y experiencias personales de los polemistas.

Digamos en primer lugar que esta polémica no se produciría nunca en, por ejemplo, la Universidad Católica de Murcia (UCAM). No imaginamos a esta institución utilizando el lenguaje no sexista en cualesquiera anuncio que publicara en prensa o en el mismo BORM. Y resulta edificante que tal polémica se dé en el ámbito de lo público y de las políticas públicas de igualdad impulsadas, no lo olvidemos, por la Unión Europea. Las leyes de igualdad, la estatal y la regional, son transposiciones de normativa comunitaria por mucho que le moleste o duela a gente que no cree en la igualdad de género, comenzando por los gobiernos central (en funciones) y regional. En un entorno laboral que discrimina salarialmente a las mujeres, que toma medidas inconstitucionales como despedir mujeres por estar embarazadas o por no manifestar su intención de no querer estarlas, que la UPCT intente tomar medidas de igualdad, por ejemplo en el lenguaje, la hace digna de ser un templo del pensamiento y la investigación. Otra cosa sería debatir sobre si el lenguaje no sexista nos puede parecer o no risible. A Pérez Reverte le parece risible y lo manifiesta por activa y por pasiva. Pero el académico cartagenero es un alma libre que dice lo que piensa y, se compartan o no sus declaraciones, se le tolera todo lo que escribe, tuitea o dice en la barra del bar.

En segundo lugar, tampoco parece que las transgresiones a las normas de la RAE del lenguaje administrativo sean campo de discusión. No he leído nunca crítica a este lenguaje especial y parece que nunca lo leeré. Y se podría escribir mucho sobre las mismas, que no quepa duda.

Pero a mí lo que realmente me interesa es la reacción de la comunidad universitaria cartagenera ante las opiniones de Pérez Reverte. En este lugar de la ciencia y la libertad que es la universidad pública, las polémicas son imprescindibles, al menos eso creo yo, plenas de matices y fundamentalmente alejadas de prejuicios y opciones o vivencias personales. Otra cosa es que navegáramos por las muchas ilegalidades, no solo urbanísticas, y credos excluyentes de la universidad católica murciana. Pero hablamos de la UPCT y esto nos hace mantener una altura de miras acorde a lo que ha supuesto para la sociedad cartagenera su universidad.

Se presupone que una polémica desarrollada en el ámbito universitario no puede ser igual que la desarrollada en la totalidad social. Por ejemplo, deberíamos dar por supuestos que los tópicos sociales siempre deben analizarse con la luz de la razón. Y el primer tópico social es que existe igualdad material, la formal la damos por supuesto, entre mujeres y hombres y que no es necesario adoptar medidas para alcanzarla. Una de ellas sería la visibilización de las mujeres en el lenguaje. Ya se sabe que los nómadas se trasladaban con mujeres y niños con la llegada de la nueva estación. En el lenguaje histórico no existen las mujeres. El mismo Rousseau ya se encargó de enclaustrarlas en el ámbito doméstico dejando lo público para «sus iguales». La Historia de la Humanidad es la historia de la sujeción de las mujeres a los hombres y el lenguaje fue, y sigue siéndolo, una de las estrategias para seguir perpetuando tal situación. ¿No es plausible que una universidad pública obligada a desarrollar políticas de igualdad de género intente pergeñar un lenguaje administrativo no sexista? Lo es. También lo es que un alma libre como Pérez Reverte se ría y lo escriba para deleite de los que no creen en la igualdad de género. Pero no lo es tanto que una pléyade coral afile los cuchillos para llamar a degüello contra el intento de construir un lenguaje no sexista todavía imperfecto. La UPCT está haciendo lo que debe, promocionar un entorno laboral, cultural y científico de igualdad. Y ese es su camino.

Para cierta gente ser políticamente incorrecto, y Pérez Reverte lo es, otorga la razón al que lo es. Por desgracia no es así. No hay nada más incorrecto en lo político que las barbaridades que manifiesta la jerarquía católica sobre la llamada ideología de género, pero si nos dejáramos llevar por esas opiniones viviríamos en la Edad Media si no más atrás. Las mujeres con epilepsia serían quemadas como brujas y los hombres podrían volver a la degollina impune de «sus» mujeres por cualquier capricho del entrecejo. A un alma libre como Pérez Reverte puede traerle al pairo estas realidades cuando escribe. Es él quién es «y allá los muertos entierren a sus muertos como Dios manda». Incluso es respetable que cuando el académico cartagenero se lance a la piscina llena de condescendencia y admiración por su libertad de espíritu, haya gente incluso razonable que lo aplauda, que hable de «presunto lenguaje machista», de ridiculez feminista, de «femeninazis», de leyes discriminatorias contra los hombres, del cabildo feminista e incluso de una conspiración illuminati asociado al mismo. En este mundo hay de todo, pero afortunadamente son una inmensa minoría y es bueno saberlo. En caso contrario, viviríamos en un mundo muy monótono y aburrido. Gente como Pérez Reverte y su corifeo particular nos indica el camino a seguir, aunque sea en el sentido contrario al manifestado por su incorrección política.

Eulàlia Lledó escribió en algún lugar que era mucho más fácil feminizar las profesiones sin prestigio social que otras con el mismo.  Tal vez por eso, la dificultad de llamar juezas a las juezas, médicas a las médicas, y académicas a las académicas. Hay gente, incluso mujeres, que piensa que el prestigio es masculino. También en las universidades públicas, pero esta constatación no debería encoger la decisión de las autoridades universitarias cartageneras por hacer de sus campus un entorno de igualdad de género y de libertad.

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