Artsenal, Francisco Saura, Humor Gráfico, Número 59, Opinión
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¡Ja, ja, ja!

Por Francisco Saura / Ilustración: Artsenal

Francisco Saura

Francisco Saura

Terrible como la mañana fue tu mirada al anochecer. Si temprano un viento terrible arrancaba de cuajo las azucenas, las primeras penumbras habitaron los paisajes de la locura. Allí estabas tú y detrás de ti el abismo; y donde ya no había mirada, Rajoy leyendo el Marca; y en el Inframundo, Soria lamentando que la amistad fuera unos de los atributos que se les supone a los Hombres, al menos a los de buena voluntad.

En realidad, el mundo había enloquecido o lo parecía. De las lejanías de Finisterre llegaba el bramido de las olas; de la profundidad del bosque, el latido enfermo de los robles; de las tierras húmedas, el aliento del desierto. Sequedad, fuego, agonía…

Y tú estabas allí, en todas partes. En las plateadas olas de un mar muerto, en el arrastre de los nitratos de la rambla de Albujón, en la destrucción terriblemente humana de La Manga del Mar Menor, en el beso que me obsequiaste mientras contemplábamos la isla del Barón recortándose sobre el sereno amanecer.

Y Rajoy leía el Marca donde ya no había mirada,

Y el presidente de la Región de Murcia pedía las trasferencias de la gestión de las costas regionales para impulsar el turismo y crear empleo.

Y Francisco Bernabé, diputado nacional de la XII legislatura clamaba: “no queremos que las decisiones sobre nuestro litoral se tomen a quinientos kilómetros”.

–¡Ja, ja, Ja! –imitó John R. Dos Passos pater, el graznido de los cuervos.

Alguna vez fuimos pájaros, amor. No esos gorriones tontos de los claustros de Pasolini. No, fuimos águilas que surcaban los valles levantando la admiración, petreles suspendidos en el viento de los océanos. Abajo, luchando con el oleaje, los petroleros se alejaban de la costa dejando una estela de plastilina, nada que no pudieran comer los peces junto a los sargazos de plástico.

Y Rajoy leía las páginas centrales del Marca.

¡Qué trágico es el olvido! Una tragedia en mil actos tropezando con la misma piedra. Blancas máscaras en la luz mediterránea, rostros de dolor, golpes en el pecho: agua para todos.

Sí, alguna vez sobrevolamos las altas montañas y vimos valles verdes, casas de campo en el bocage, riachuelos cristalinos, bosques oscuros, lobos descendiendo a los pastos. Éramos águilas de plumas sedosas y en nuestros picos las ramitas de los sarmientos olían a vida. Y más allá de las nubes y de las estrellas, la puerta de Tannhaüser permanecía abierta para cuando quisiéramos regresar al mundo arrebatado por la codicia.

Y ahora que vivimos en el aburrimiento eterno rodeados de un inmenso cementerio, todavía tu mano es cálida y tu boca miles de luciérnagas en la oscuridad. Alrededor, la muerte, la devastación, el perenne anhelo de destruir con una palabra toda la mediocridad sobre la que se edifica una realidad de mentira. El mar muere, amor. Y los ríos, y los bosques, y todos nuestros recuerdos, mientras el gran Hombre lee el Marca y abraza a un Soria camino del calvario.

¡Ja, ja, ja!

El graznido de los cuervos.

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Artsenal

@ARTSENALJH

 

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