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Ángeles Caso: “Al PP no le interesan los escritores, somos moscas cojoneras que hay que espantar”

Ángeles Caso con su último libro, Ellas mismas. Autorretratos de pintoras.

Por Carmen Fernández. Viernes, 9 de septiembre de 2016

Deportes

  Entrevista

Durante años fue la presentadora del telediario que nos daba las noticias con su voz serena y sus ojos grandes y expresivos. Pero con el tiempo cayó en la cuenta de que el relumbrón del plató, la popularidad y el vértigo de las noticias no lo eran todo en la vida, de modo que decidió hacer lo que más le gustaba: escribir. Línea a línea, libro a libro, Ángeles Caso (Gijón, 1959) ha ido construyendo una obra personal que se ha hecho un hueco en el panorama de las letras españolas. En Un largo silencio, Premio Fernando Lara del año 2000, recreó con maestría la saga de una generación de mujeres perseguidas y silenciadas durante la posguerra. Más tarde, en 2009, llegó el Planeta con Contra el viento, la historia de una joven inmigrante que lucha por sobrevivir en España. Fue su consagración como escritora pero, paradójicamente, con el éxito llegaron también los problemas. La sanción de Hacienda por algo que ella sigue considerando injusto, la lucha por mantenerse en el cruento y a veces ingrato mercado editorial. “Que iba a dejar la literatura no recuerdo haberlo dicho, ni pensado. Lo que dije es que tendría que buscarme otros trabajos, porque de la literatura ya no se puede vivir en este país”. Ahora acaba de publicar su último trabajo: Ellas mismas. Autorretratos de pintoras, que ha sacado adelante con gran dedicación, esfuerzo y recurriendo al crowdfunding. “Entiendo que las editoriales a las que me dirigí con mi libro no se atreviesen a arriesgarse a algo así, aunque creo que se han equivocado. Pero al final para mí ha sido bueno. He sido mi propia editora, y he podido hacer el libro que realmente quería”. Feminista y luchadora, en los últimos tiempos ha dado el paso a la política con Podemos, desde donde trabaja para cambiar las cosas. “En cinco años de Gobierno del PP hemos vuelto a la situación de hace cuarenta o cincuenta años”, asegura. “Creo que hay una crisis de la que no nos libramos desde hace siglos: la sociedad española se interesa poco por la cultura”.

Sale a la venta tu último trabajo, Ellas mismas. Autorretratos de pintoras. Es una apuesta muy personal y has recurrido al crowdfunding para su publicación. Resulta asombroso que una ganadora del Premio Planeta tenga que recurrir al micromecenazgo. ¿Tan mal está la industria editorial?

Yo diría que más que mal, la situación general está rara. Las editoriales están tratando de adaptarse a un tiempo nuevo, marcado no solo por la crisis sino también por la irrupción de la lectura en pantalla, y adaptarse a lo nuevo no siempre es fácil. En cualquier caso, en España nunca ha habido tradición de edición de libros de Arte. Este tipo de libros son costosísimos y, además, gestionar todo el asunto de los derechos de imagen con los museos exige un enorme trabajo. Entiendo que las editoriales a las que me dirigí con mi libro no se atreviesen a arriesgarse a algo así, aunque creo que se han equivocado. Pero al final para mí ha sido bueno. He sido mi propia editora y he podido hacer el libro que realmente quería.

¿De cuál de tus novelas te sientes más satisfecha?

No lo sé, la verdad. Va por épocas. A veces me parece mejor una, a veces otra. En cualquier caso, son solo recuerdos y sensaciones, porque una vez que los libros están publicados, nunca me releo.

Háblame de Un largo silencio, que fue Premio Fernando Lara en el año 2000. Se ha convertido en un clásico en las novelas para la recuperación de la memoria histórica. En ella hablas de tres generaciones de mujeres supervivientes de la guerra civil española. ¿Qué te empujó a escribirla?

Tenía ganas de devolver la voz a todas esas mujeres que perdieron la guerra, que lucharon con uñas y dientes por sacar adelante a sus familias en la postguerra y se mantuvieron calladas durante buena parte de sus vidas, por miedo a marcar a sus hijos y nietos. Mi propia abuela y mis tías abuelas, a las que quise mucho, vivieron así. A medida que iban muriendo, comencé a pensar en lo importante que sería permitirles hablar y contar lo que nunca habían contado. Creo que era un asunto de justicia.

Das un tratamiento preferente a la mujer en toda tu obra. ¿Es eso lo que has intentado todos estos años, darle la voz a las mujeres?

No siempre escribo sobre mujeres, pero como mujer, y como feminista, me interesan de manera fundamental. Creo que el trabajo de reconstrucción de la imagen de lo femenino está todavía a medio hacer, después de siglos de vivir en una sociedad patriarcal y a menudo misógina. Espero, y deseo, aportar algo a ese esfuerzo colectivo.

Porque España sigue siendo machista, solo hay que escuchar ciertas declaraciones de algunos políticos…

Mucho más de lo que parecemos creer. Nuestra vida está llena de gestos, actitudes y palabras machistas. Hay cosas que están tan incrustadas en nuestro cerebro que no nos damos ni cuenta. Y hay que seguir combatiendo todo eso día a día, aunque a veces resulta terriblemente pesado.

La revolución de la mujer es algo que aún está pendiente en España, se ha avanzado pero seguimos siendo un país atrasado también en este aspecto…

Se ha avanzado mucho, pero es evidente que todavía queda muchísimo camino por recorrer. A veces me da miedo pensar que las nuevas generaciones vuelvan atrás. Como todas las actitudes sociales perversas, el machismo aguarda su momento agazapado y, en cuanto puede, nos salta otra vez encima.

Ganaste el Planeta en 2009 con Contra el viento, la historia de una joven inmigrante que lucha por sobrevivir en España. Hace ya siete años pero parece que la cosa ha ido a peor desde entonces…

Es terrible. Estamos viviendo años desoladores, y no solo para España. La crisis está siendo una buena excusa para justificar políticas indignas. La reacción de Europa frente al problema de los refugiados y los inmigrantes me parece un asco. Como europea convencida, que lo he sido siempre, me siento avergonzada de este continente del que antes me sentía orgullosa. Jamás creí que veríamos cosas como las que estamos viendo.

Durante dos años fuiste el rostro más famoso del telediario pero decidiste dejarlo, ¿escuchaste la llamada de la literatura?

La llamada de la literatura, entre comillas, la escuché desde niña. Siempre quise ser escritora. La televisión la dejé simplemente porque no me gustaba. Me fui a trabajar a la radio, que me interesaba mucho más. Pero todavía tardé mucho tiempo en publicar después de eso.

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Foto: Alberto Montero.

Todo iba bien, escribías, publicabas, hasta que ganas 600.000 euros con el Planeta, ¿qué fue lo que hiciste mal para que Hacienda fuera a por ti?

No hice nada mal. El problema es que las leyes tributarias que se aplican a los autónomos son muy poco concretas, y todo queda a expensas de la interpretación de los responsables de turno. Un problema muy español, por cierto. Lo que me ha pasado a mí les ha pasado a miles de autónomos en estos últimos años, y a muchísimos escritores. No es nada excepcional.

Una situación así puede arruinar la vida de una persona, llegaste a decir que ibas a dejar la literatura…

Que iba a dejar la literatura no recuerdo haberlo dicho, ni pensado. Lo que dije es que tendría que buscarme otros trabajos, porque de la literatura ya no se puede vivir. En cinco años de Gobierno del PP hemos vuelto a la situación de hace cuarenta o cincuenta años. En esto como en tantas otras cosas.

¿Se puede vivir de la literatura en España?

Tal como están las cosas ahora mismo es muy difícil. Pero no solo porque se vendan pocos libros, también por ciertas perversiones de la industria editorial. Se ha establecido la costumbre de que los autores seamos los que menos ganancias tenemos en todo el proceso, solo entre el cinco y el diez por ciento de cada libro, mientras que el resto se lo reparten el editor, el distribuidor y el librero. Es un sistema radicalmente injusto, al que todos nos hemos plegado obedientemente, sin cuestionarlo, como si tuviera que ser así por instrucciones divinas. A eso hay que añadir que muchas editoriales nos engañan, y nos liquidan cifras de venta muy inferiores a la verdad. Pero no tenemos manera de controlarlo. Creo que los escritores tenemos que empezar a espabilar un poco si queremos defender nuestro derecho a dedicar todo nuestro tiempo a esa actividad. No se trata de vivir de la literatura, sino para la literatura: si una tiene que dedicar ocho o diez horas diarias a otro trabajo, es evidente que la creación literaria se ve perjudicada.

Es como si los intelectuales estuvierais perseguidos o al menos no reconocidos en este país.

Siempre ha sido así. La historia de este país está llena de escritores y pensadores perseguidos, desde Cervantes hasta Lorca. A la España más recalcitrante nunca le ha gustado el pensamiento libre ni las voces discordantes. El PP de Rajoy ha aprovechado la excusa de la crisis para volver a las andadas y tratar de machacarnos y mantenernos calladitos. Viejos modos. Lo más triste es que siempre triunfan ante la indiferencia de la sociedad española. No acabamos de aprender.

Para Hacienda un escritor es como un fontanero o un artesano.

Sí, mientras que en el resto de los países europeos el trabajo intelectual y creativo está regulado de una manera especial y protegido hasta cierto punto, aquí se trata como otra actividad autónoma cualquiera, cuando no lo es. Por poner un ejemplo: para cobrar 100 euros brutos por un artículo (que es lo que se está pagando ahora) tienes que pagar 275 a la Seguridad Social. Hay muchos escritores en esa situación, muchos que solo hacen uno o dos artículos al mes, con suerte, y se ven obligados a pagar a autónomos más de lo que cobran o a no publicar. Es una vergüenza, y creo que hay que contarlo. Los escritores nunca hablamos de estas cosas, y no sé por qué. Si no las ponemos en negro sobre blanco, nunca van a cambiar.

Porque tu caso no es precisamente como el de Leo Messi… ¿Qué piensas de ese apoyo popular que fomenta desde su club?

Todo lo que rodea al mundo del fútbol me parece un escándalo. Entiendo que el fútbol pueda llegar a ser apasionante para alguna gente, pero nos hemos vuelto locos. A los futbolistas se les trata como a los antiguos héroes, los guerreros que salvaban a los países de las conquistas y los saqueos, cuando lo único que hacen es entreternos.

Es como si al Gobierno no le interesara que haya cultura, artistas, escritores, y los persigue como a delincuentes económicos…

Por supuesto que no le interesa. Somos incómodos. Protestamos, no aguantamos nada, defendemos a los que no tienen voz propia… Somos como moscas cojoneras, y a las moscas se las espanta o se las mata. Obviamente, no nos pueden matar, pero tratan de dificultarnos la vida.

Has llegado a decir que te abrieron las inspecciones fiscales después de que escribieras un artículo sobre los impuestos en La Vanguardia. ¿Te consideras una víctima del sistema?

Me considero perseguida por un Gobierno que, como vemos una y otra vez, utiliza las instituciones del Estado para sus propios fines. Pero no dramaticemos: lo que me ha pasado a mí le ha pasado a mucha gente. Y, a fin de cuentas, sigo viva, animada y dispuesta a seguir dando la lata todo lo que pueda. No me ha ocurrido ninguna tragedia, solo un problema puntual.

¿En algún momento se te ha pasado por la cabeza marcharte de España?

Sí, como a casi todo el mundo. ¿Quién con dos dedos de frente no piensa en irse de aquí?

Pero has conseguido salir adelante. ¿Quizá esta mala experiencia te ha servido para fichar por Somos Oviedo?

No tiene nada que ver. Mi compromiso político y social siempre ha estado en el mismo sitio, en los buenos y en los malos tiempos.

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Pero la política es el más despiadado de los mundos, ¿no te dio miedo afrontar este reto después de lo que te había pasado?

Al revés. Si quiero participar en política, es porque entiendo que hay que hacerla de una manera diferente. De todas formas, mi participación es desde lejos. He estado en las listas de Somos Oviedo a las municipales y en las de Podemos al Congreso en las dos últimas elecciones, pero siempre en un puesto en el que estaba claro que no iba a salir. Apoyo y participo en el debate político, pero no quiero dedicarme a la política de una manera activa.

Finalmente quedaste fuera de los escaños del Ayuntamiento. ¿Piensas volver a presentarte en las próximas municipales?

Mientras siga sintiéndome cerca de la gente que está en Equo, en Podemos o en Somos Oviedo, seguiré estando ahí.

Vivimos un momento de bloqueo institucional, ¿qué crees que va a suceder? ¿será presidente Rajoy, iremos a unas terceras elecciones?

La verdad es que no tengo ni idea, aunque todo apunta a que finalmente haya Gobierno.

¿Cuál es la peor crisis por la que atraviesa España?

Creo que hay una crisis de la que no nos libramos desde hace siglos. Ya lo he dicho antes: la sociedad española se interesa poco por la cultura, por la reflexión profunda, que siempre conlleva una manera incómoda de estar en el mundo. Somos demasiado conformistas.

¿Qué ha fallado en Podemos para perder un millón de votos?

No lo sé. No soy politóloga, pero supongo que a mucha gente no le gustaron ciertas actitudes durante la legislatura fallida que se pudieron interpretar como soberbias. En parte porque lo eran, pero también porque los medios de comunicación engrandecen siempre lo más negativo de Podemos.

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Carmen Fernández

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