Ben, Francisco Saura, Humor Gráfico, Número 60, Opinión
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El apego nacional

Por Francisco Saura / Ilustración: Ben

Francisco Saura

@pacosaura2

Es terrible ya solo pensarlo, imagínense decirlo: nos equivocamos al nacer. No de madre, padre o clase social. Por favor, todavía queda cierto orgullo de pertenencia. Me refiero al país en el que hemos visto por primera vez la luz tan extraña que brilla fuera del útero y la belleza terrible de un quirófano. Otra cosa será nacer en una piscina aclimatada, digo yo, pero esas cosas no ocurren por estos lares y será más fácil que el médico practique una cesárea a que la parturienta se sumerja en las cálidas aguas y el recién nacido haga ya sus primeras posiciones de cola de pez lateral.

Al parecer el primer apego nacional de los padres españoles es el extranjero. Sobre todo después de que la Gran Depresión de los albores del siglo XXI nos descabalgara de la montura de oro y diéramos con el polvo y la amargura de la realidad. Entonces pudimos comprobar que el lecho de nuestra patria no estaba sembrado de pétalos de rosas, que la explotación no lo era menos por vivir en una tierra hermosa, de mares turquesas, palmerales, soles esplendorosos y fiesta, mucha fiesta, en las cálidas noches de casi todo el año y que de sinvergüenzas y vividores no andábamos sobrados. Pero todo eso lo supimos demasiado tarde, cuando Rajoy habló y mandó parar la música. Antes también hablaron PSOE y PP y nos obsequiaron con la modificación del artículo 135 de la Constitución Española y con, entre otras medidas del mismo signo, la reforma de la jurisdicción contencioso-administrativo que afiló el sable para cuando se llamara a degüello de los funcionarios, es decir de las personas encargadas de que la sanidad, la educación, los servicios sociales, las pensiones y demás prestaciones de un imperfecto estado del bienestar fueran efectivas y de calidad. Todo ello entre el aplauso cerrado de especuladores y depredadores medioambientales y sus economistas de cabecera, todos ellos neoliberales y con sueldos que desmienten que los ineptos deben ocupar la base de la escala salarial. Lo que ocurre en este caso es que existe una simbiosis entre ineptitud, sinvergonzonería y bon vivant que renta mucho en nuestro país.

Como decimos, el primer apego nacional de los padres españoles es el extranjero. De ahí la proliferación, como setas en un otoño húmedo, de las academias de inglés y de la invitación a que los hijos abandonen la patria y se hospeden en pisos donde no haya españoles (por eso de aprender rápido el idioma de la tierra de acogida). Eso al menos en una parte de la patria vigente. Porque en la siempre desconcertante, y por lo mismo cautivadora, homenajeada Cataluña postorwelliana hay gente, no sabemos ni su número a la espera de la contabilidad oficial, que quiere irse del país pero quedándose en el mismo sitio. Es una versión de desapego similar a la escocesa o a la quebequesa con notable popularidad en el territorio que viene a decir que “seremos mejores estando solos”. No apostaría yo mucho por esa opción. Soy de los que piensan que los Comunes no tenemos patria solo patrones y que estos no son muy diferentes, salvo tal vez en los apellidos, en, pongamos el caso,  Estados Unidos, Rusia o Burkina Faso, y que donde hay corruptos hay corruptores, oficios ambos seguramente más antiguos que la prostitución por mucho que se predique lo contrario.

Terminamos para no aburrir. Vivimos una época en la que el futuro se otea fuera de la patria. Si el Gobierno central tuviera más recursos, seguro que fletaba a su cuenta flotas de aviones para facilitar el nuevo anhelo de huir, menos a los catalanes, claro, que estos últimos huyen quedándose. Sería bueno para la EPA y para el voto. Y para los sinvergüenzas, porque estos conocen perfectamente el biotopo que les interesa. Y por supuesto para los partidos tradicionales y para la monarquía, para la iglesia y para la emprendeduría. Otra opción sería echar a los vividores y corruptos del país, izar nuevas banderas y crear por fin un país de todos y para todos. ¿Pero qué otra nación en su sano juicio los acogería como refugiados? Bueno, hay países que acogen cualquier cosa, pero también es cierto que con el tiempo terminan por arrepentirse.

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BEN

@BenBrutalplanet

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